Mariscos Meriton. Su cangrejo al mejor precio

Tienen la habilidad de subir el precio del pan cada vez que hablan. Peor que eso es que siguen haciéndolo, hablar, como si acabaran de llegar. El mismo discurso, recauchutado, del último lustro. Poca gente se ha conocido por estos lares con tanto rostro. Además, acudiendo a su última creación, esa autoentrevista tan risible que publicaron el lunes, lo hacen desmintiéndose a ellos mismos, y confirmando muchas cosas de las que se les acusaba recientemente.

Son de una torpeza descomunal. Poner el asunto en manos de cualquier soldadito tuitero de los que tienen hubiera dado un texto con menos fisuras. Que para empezar, aluden a una economía que se desmonta simplemente acudiendo a las cuentas que presentan en junta de accionistas cada año. Tal es el descaro.

Pero en fin, era lo esperado. Un verano sin explicaciones, y ya ni eso, ni siquiera filtraciones, para ‘defenderse’, daba a entender que no había explicación más allá de celos, envidias, o virajes típicos de un caprichoso. Lo que sí esperaba era más altura. Al menos un esfuerzo en aparentar.

No aludiré a la parte en la que el mismo Valencia se pregunta si está en venta. Pero sí a otra desfachatez típica de Meriton. Un conglomerado que repite cual loro cuatro frases carentes ya, con el paso de los años, de sentido alguno. Porque volver una y otra vez a lo del proyecto, cuando te has cargado los dos proyectos, los únicos dos proyectos, que te han dado resultado, y ambos ajenos a tu filosofía, da hasta rabia. Un proyecto no es pasarse la vida dando más volantazos que un car. Como la estabilidad, otra cosa en la que persisten, tampoco es haber utilizado más entrenadores que en los cinco años anteriores a su llegada. O más directores deportivos que nunca. Ni romper la unión existente. Sumando más de cincuenta despidos de personal. Qué decir de haber externalizado medio club. Hace años que suenan a hueco.

Pero el colmo es hablar de crecer y a renglón seguido afear que Marcelino y Alemany hayan subido la media de edad de la plantilla en tres años. No tengo claro si es pura estupidez, o que están confesando algo. Los jugadores cumplen años, irremediablemente la media de edad va a tener que aumentar si quieres crecer basándote en cantera y “4 fichajes estratégicos”, pero si alegas intolerancia a una media superior a 23 primaveras, ¿estás afirmando que tu propósito es criar jugadores y venderlos al cumplir los 25?

Podríamos extendernos en la dificultad de aspirar a nada con una media de edad inferior a 26, o recordar sus mismas palabras de recién llegados prometiendo en cinco temporadas estar al nivel de los top europeos para reafirmar el cambio en el discurso, o incidir en el caos organizativo que montan cada vez que tocan algo. Pero para qué.

Tal vez ahí esté el meollo de todo esto. Y el porqué de esa otra frase que reza que Marcelino y Alemany no encajan en el ‘nuevo proyecto’. Porque estos dos no sólo venían a ganar; a ganar de verdad. Y a crecer; a crecer de verdad. Sino que acompañaban su hoja de ruta con una mentalidad, combativa, y una exigencia. Reflejo de su carácter. Respetando la filosofía histórica de la entidad. Acortar distancias con las armas de las que dispones. Lejos de esa obsesión por la marca blanca, la despersonalización, y el pasar desapercibido, sin molestar, made in Meriton. Quizá esa querencia por entrenadores de experiencia cero también explique muchas cosas.

Han entendido tan poco de tantos asuntos que no se dan cuenta que la afinidad por la M&M no tiene que ver con su simpatía, ni su sexapeal, ni en hacerlo todo bien (que no lo hicieron), sino en haber dado una coherencia a todo esto, trazar un camino reconocible, dotado de personalidad. Que en definitiva es darle al club lo que llevamos años y años reclamando, dando un pasito tras otro, siempre hacia adelante. No avanzar uno y retroceder tres, como sólo sabe hacer el cangrejo singapurés. Cuya única herencia es destrozar proyectos de esa índole. Y cuyo meriton de verdad es ir camino de hacer buenos a sus antecesores.

Lo dije hace semanas, y lo vuelvo a repetir: Os habéis equivocado de lugar. Para lo que queréis debisteis comprar el Basilea. Aquí no se viene a eso. Esto no se os vendió para eso. Jamás encontraréis complicidad ni aprobación del aficionado por esa vía, porque esto es el VCF, y aquí se viene a molestar, a pelear, y a ganar. Sí, ganar, ganar títulos como la Copa, porque mira si sois miopes que ni siquiera comprendéis la importancia social de conquistar trofeos como ese, la revitalización que comporta, la moral que insufla, y todo lo que puede aportar a largo plazo a la economía. El significado que tiene hacerlo tras tanto tiempo de padecer una fuga generacional, y lograrlo en pleno centenario.

Al menos hay que reconocerles una cosa: la insistencia en imponer su modelo. Lo hicieron al principio y lo quieren volver a hacer ahora. Lo otro, Rufete, Alemany…etc siempre sonó a excusa, un atajo para alcanzar la Champions y poco más. Aderezado con su torpeza e ignorancia del fútbol, que les lleva a pensar que una vez llegas mantenerse es pan comido. Cuando en realidad necesitas mucho para conseguirlo, concretamente todo de lo que te desprendes.

A estas alturas resulta evidente que reflejan los síntomas de una incipiente decadencia. Hasta han quemado el comodín de la ‘campaña orquestada’. Los tics habituales que estamos acostumbrados a ver cada vez que una dirigencia entra en barrena están sobre el tapete. Igualmente ocurre con sus defensores. Los argumentos esgrimidos, esa complacencia que ralla el vasallaje, es la misma de toda la vida. La culpable de que hayamos acabado así. Si no hubiéramos consentido la mitad de cosas que consentimos en el pasado, otro gallo hubiera cantado.

Lo único destacable de la autoentrevista es el anuncio de que al equipo del 25 de mayo le quedan tres ventanas de fichajes. Eso, y ese tufo a fin de ciclo que empieza a desprender todo.

Esperemos que sepan irse sin hacernos daño.

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Mariscos Meriton. Su cangrejo al mejor precio

Homenaje a Cúper

No sé muy bien cómo articular esta idea. Como siempre, en los parones, guardo este espacio para asuntos del alma por romper un poco con la vorágine de la actualidad. Pero mientras trazan estas líneas no paran de rebotar nuevas imágenes con las indignidades del pasado sábado. Personajes miserables ocupando el palco, decididos a hacer historia de la peor clase.

Hay que ser muy crack para finiquitar de esta manera la paz, la unión, y la felicidad que se labraron el pasado curso. De conseguir, cuando ya nadie recordaba la existencia de Meriton, estando aquí hablando de si Maxi aaaah, o si Maxi oooooh, que todo virara de esta manera. Así son ellos, no ya una colla de incompetentes sin paragón, que también, pues esta semana además de eso demostraron ser mala gente. Tipos que sólo se mueven por envidias y odios.

La suerte que tenemos, al menos los que abominamos de esa estupidez de la new era, que no pretende otra cosa más que borrar todo lo anterior a 2014, es contar con un pasado, y una memoria, que ejerce de refugio para estas tormentas de guano que asolan Mestalla desde la llegada de Singapur.

Ayuda a reconocer las buenas personas que poblaron Mestalla. A aquellos que honraban el cargo que ocupaban. Y los momentos de felicidad que tejieron a su paso. A entender que no hay que resignarse a esto, porque esto, no es el VCF.

Entre esas gentes, por la efeméride que nos ocupa, emerge una de las figuras más olvidadas de ese periplo. La de Héctor Cúper. El padre del mejor inicio de siglo que se podía imaginar. Un hombre al que sólo le gusta entrenar. Tanto, que le da igual el caché, el prestigio o las tonterías de los egos. Va donde le quieren, sea donde sea. Alguien de su pedigrí, con una capacidad de elección más elitista, hubiera dibujado una carrera europea por grandes banquillos. Pero él, como Ranieri, es de otra especie. Si le llama Uzbekistán, va. Si le llama Egipto, va. Si le llama el Aris de Salónica, va. Si le quiere el Inter o el Betis, va.

Y ahora que el próximo mes de mayo se cumplirán 20 años de París, como se cumplieron en junio de Sevilla, no estaría de más rescatarle del olvido. Quitarle el polvo a una figura a la que se arrinconó de manera incomprensible siendo el único que te llevó a cotas tan altas, al punto, que en el imaginario colectivo aquellas finales perdidas de Champions se contabilizan casi como un título real.

Es el señor con el que hemos visto, de enero a mayo de 2000, jugar mejor que nunca al VCF. Con una brillantez incomparable. Una plasticidad inigualable. Un torrente de fútbol sin competencia en la memoria del murciélago. Evocando en Mendieta-Farinós-Gerard a la media gloriosa. Siendo aquel equipo que tomba gegants, i ens ha fet volar alt.

Pero un día marchó, y hasta hoy… Ni siquiera un aplauso en las escasas ocasiones en las que regresó enrolado en el banquillo visitante.

En los rescoldos del centenario, es un buen momento para, aprovechando las dos décadas de París, volver a juntar a todos aquellos, con Cúper a la cabeza, y hacerle el homenaje que siempre mereció y que nunca le dimos. De reconocerle su extraordinario trabajo, ya que entre otras cosas, fue pionero en muchos conceptos de los que hoy se entienden como modernos, o avanzados. Y sin el cual las ligas de Benítez no se explicarían.

Pero para ello haría falta tener un club, uno que sintiera orgullo por su pasado, y respeto por sus héroes. No una entidad dirigida por tipos que repudian de ello.

Homenaje a Cúper

Corre, Albert. ¡Corre!

Alerta mundial: Existimos personas que siempre estaremos agradecidos a Marcelino (por motivos mil, entre otros hacernos recuperar la fe tras tanta ignominia; por ganar un título cuando ya estábamos convencidos de que jamás volveríamos a ver tal cosa; por devolvernos un VCF competitivo capaz de ganarle a cualquiera; por el año más apasionante, el pasado, en quince temporadas…) y que no tenemos ningunas ganas de que Celades fracase. Entre otras cosas porque no tenemos aguante para volver a tragar tanta mierda, ni interés en que al VCF le vaya mal y acabe el que hace doce otra vez. Y que además, pensamos que Lim es un Juan Soler asiático que empieza a sobrar.

Y como aquí no llegamos todavía a ese nivel de deficiencia mental como para decir que Celades es bueno simplemente porque no es Marcelino, o que es malo simplemente porque no es Marcelino, ni nos pasamos el día escribiendo estupideces como si el asturiano te hubiera bajado a segunda división, va y hasta nos está gustando muchas cosas de las que vemos con el andorrano.

Para empezar, ese perfil bajo suyo. Vale, en ocasiones se echa de menos que salga a la banda a pegar un grito, pero eso no tiene nada que ver con liderazgos. Liderar no es pasarse el día con la vena hinchada y enfadado. Su personalidad calmada la veo incluso una ventaja en esta situación. Hasta es un maestro en las ruedas de prensa, ese no decir nada nunca, quitándole hierro a ciertos asuntos o rebajando la tensión, y todo lo anterior, le alejan de los titulares dándole el protagonismo al equipo. Algo que incluso pueden necesitar tras el shock. También está demostrando con alguna decisión, como cargarse a Guedes, que tras esa cara de susto hay alguien con personalidad.

No es un temerario. Está intentando introducir variantes sin forzar la máquina. El día del Getafe se le fue la mano con tanta rotación, e introduciendo un 4-3-3 un poco a lo loco, con una lectura del partido bastante deficiente, pero visto el resultado, en Bilbao, volvió a la política de pequeños pasos. Matices, pinceladas, aprovechando lo heredado para mejorarlo. Porque a pesar de las muestras de desprecio hacia Celades que siguen viéndose en el ambiente, no se ha limitado a imitar, o seguir, el camino de Marcelino. Aquí hay trabajo propio. Ha introducido a los jugadores en el universo que dominan, y en el cual se sienten más cómodos y seguros, pero dándole su propio sello. Es un VCF más versátil en ataque, y más fluido. Incluso ese 4-4-2 mutante funciona bastante bien. Su éxito estará en mantener esa línea. Porque el problema de Celades es haber aterrizado como un paracaidista en este mejunje. Sin tiempo para entrenar (con tres partidos a la semana, más parones de selecciones donde se pierde el 60% de la plantilla) es complicado hacer mucho más sin padecer las consecuencias. Adaptarse a lo que tiene es un claro síntoma de inteligencia.

Cuenta con varios factores a favor para triunfar. A pesar de la dificultad tiene la ventaja de encontrar un muy buen equipo, con dos años a las espaldas de experiencias que le han preparado para los altos vuelos, sumando un vestuario sano y bastante comprometido. Es cierto, su afinidad con el anterior inquilino puede resultar un muro, y esa confianza está por conquistar, pero con unos jugadores implicados todo le resultará más sencillo. Influye también el factor entrenador nuevo, donde todos parten de cero. Contar con futbolistas que ya parecían descartados, o arrancar titularidades que parecían seguras, es un elemento motivador importante. Además, salta a la vista, él sí es el entrenador de Meriton. Con lo cual la paciencia y las oportunidades para sacar esto adelante, mercado de enero incluido, van a ser mayores. También parte con las expectativas reducidas, el advenimiento de un desastre evitará convertir en un drama quedar octavos o sextos. Toda la responsabilidad y presión ambiental recae sobre la propiedad.

¿Los riesgos? Los riesgos son muchos, aquí contados ya, y circulando por la calle desde el primer día. El principal, por si vienen malas, es que al igual que Nuno, y todo entrenador traído por Lim, está sólo en el día a día. No tiene nada, ni a nadie, detrás. Celades y nada más. Y para ganar, en el largo plazo, es necesaria una estructura apoyándote. Esa ausencia, en clave interna, resulta una tentación demasiado peligrosa si los resultados no empiezan a llegar. Las dudas son el principio del fin en la confianza en un entrenador, y si un vestuario mira, y ve, que no hay nadie tras el míster el final se escribe sólo. Por eso regresar en Bilbao a lo conocido, y sacar con ello un triunfo, es un espaldarazo importante en tan decisivas horas.

Ahora queda por ver cómo se desenvuelve en los retos mayúsculos que esperan tras el parón, ahí entramos en la zona roja de todo entrenador. Octubre y Noviembre son meses clave. Donde los pulgares van para arriba o para abajo. En estos cinco partidos Celades ha mostrado cosas interesantes, pero falta consolidarlas con regularidad. En esos escenarios veremos si vale.

Corre, Albert. ¡Corre!

Sociedades y fútbol

Te hacen jugar a las 13:30, una franja anticlimax, antifutbolera, para abrirte, según dicen, al mercado televisivo chino. La respuesta de los aficionados del Lyon, además de dejar vacías las gradas, fue elaborar un tifo con la bandera del Tíbet pidiendo su libertad. Acompañándolo durante todo el encuentro con cánticos en favor de la causa tibetana.

Las aficiones del fútbol hablan mucho de las sociedades que acogen. Aunque a veces se les trate como marcianitos que bajan en naves y luego desaparecen de la faz de la tierra. Pertenecen a ellas. Surgen de ellas. Son ellas. Y por eso reflejan muy bien lo más crudo y bondadoso de las mismas.

Ahí entra el contraste con lo local. Una sociedad acrítica, muelle, ignorante, pasota, pérfida, inculta, anticuada y atrofiada en el silencio y aislada del mundo nunca mostrará un ápice de simpatía por ninguna causa. Son abundantes los incendios en las gradas e instituciones balompédicas, en la calle y en los papeles, cuando algún club centroeuropeo hace un amago de asociarse con Arabia, Qatar o enclaves similares. Al punto de renunciar a suculentos contratos, o renegar, por presión popular, a patrocinios como casas de apuestas o tinglados legales de reventa de entradas.

Una sociedad ultraneoliberal a la que han convencido en el desprecio al servicio público permanece callada ante el problema de la ludopatía entre los más jóvenes y vulnerables, contribuyendo con su jaleo al blanqueo que el balón ejerce con su altavoz al ligarse a sus equipos. Una sociedad educada en el clasismo alertará sobre la llegada de la mano de obra pobre, pero aplaudirá el dinero manchado de sangre de los Saudíes. Los amigos del jefe del Estado. Sin importarles que sus equipos se presten a descarados ejercicios de propaganda de un régimen que decapita a niños de 18 años por pedir en un blog mínimas reformas que profundicen en libertades, como permitir a las mujeres poder asistir a los campos de fútbol, o conducir.

La cultura del ‘no te metas en política’ (y permanece ignorante a los problemas que te afectan) instaurada al sur de los Pirineos es la madre de la falta de conciencia social que hará que en un campo de fútbol jamás se proteste contra el gigante chino, las atrocidades de la que emana el dinero saudí, o los abusos que perpetran las casas de apuestas, todo a cambio de unos pocos euros en la camiseta de tu equipo. Porque en el fútbol, el hincha, el periodista, ya habla más de dinero, finanzas, y bonos, que la prensa económica. Convirtieron al socio en accionista, al accionista en cliente, y al cliente en decorado.

Sociedades y fútbol

Go home i amunt

De las cosas más divertidas que tiene el VCF es ver como los argumentos utilizados para hatear en el pasado sirven de escudos en el presente. Ahí tenemos, por ejemplo, a los antillorentistas justificando al propietario enarbolando los discursos del llorentismo. Están a tres tuits de resucitar la metáfora de los cangrejos.

También ocurre con los ‘preocupados por el equipo’. Los que gozaban con las pañoladas al XI de Nuno, ganando 3-0 en Mestalla, o con los pitos a los jugadores cuando salían a calentar, utilizándolo de cabeza de turco en una campaña ignominiosa porque no se atrevían a señalar al que manda, ahora les turba que un ‘Peter vete ya’ en la pausa de hidratación traiga empates ante el colista. No, mire, señor. Si algo rompió la atención del vestuario fue todo lo ocurrido durante este verano. Que no sé si es consciente de que ha sido mucho, y nada bueno. Y planeado, al cierre del mercado para evitar posibles fugas, con la campaña de abonados finalizada. Que le han estafado, señor. Ese vestuario todavía tiene que merendarse sainetes como el de Camarasa, o convivir con un Alemany que tiene meras funciones decorativas. Mientras un presidente del que no se fían va a Paterna todos los días a ejercer de Policía.

Tranquilícese, lo que ha convertido la temporada en una ruleta rusa no ha sido cantar un Lim go home. No intenten convencernos de que aquí no ha pasado nada.

Efectivamente, a todos nos convendría que en el verde la cosa funcionase. Aunque para ello hagan falta cosas que han saltado por los aires. Como la confianza, que está rota. La incertidumbre con la que trabajan los futbolistas es demasiado palpable… Pero incluso así, deberíamos procurar darle espacio a Celades para imponer su sistema (uno que exige mucho, y requiere de especialistas que no creo que tenga) y le coja el pulso al equipo. Ir contra el que manda y ganar en el campo no es incompatible. De hecho, es justamente lo que llevamos haciendo desde 1993. Como se jugaron las finales de Champions o ganaron las ligas. Son asuntos distintos que no hay que mezclar. Su obligación, y la de todos nosotros, es que este año acabe mejor que el pasado. Al igual que obtener resultados no hicieron bueno al gestor de Bankia, tampoco lo harán al señor de Singapur. Esa relación ya está lo suficientemente erosionada como para que haya marcha atrás.

Llegados a este punto los resultados sólo modularán los decibelios del descontento. Ya sólo les sujeta la conveniencia, o el miedo a lo desconocido. Que en el fondo es lo que todavía mantiene en el redil a gran parte de sus defensores. Pero eso, como nos dicta la experiencia, tampoco durará para siempre.

Menos con personas con esa nula capacidad de autocrítica, que han pasado de la alfombra roja a lo del domingo sin hacerse una sola pregunta. Ese desapego y desprecio ha sido/es su tumba. Es lo peligroso de esta propiedad, que además no sabe lo que tiene en sus manos. Llama mucho la atención que gente que no habla de otra cosa que de estabilidad y proyecto en menos de cinco temporadas haya utilizado tal cantidad de entrenadores (casi todos con menos experiencia en los banquillos que yo), directores deportivos, secretarios técnicos, responsables de la escuela y demás cargos intermedios (no olvidemos la ruleta de responsables del marketing).

Una clara muestra de la ausencia de rumbo y criterio. Sujetos al capricho de un señor que pretende dirigir una entidad como la nuestra desde 11 mil kilómetros de distancia y por sms, jugándose a los dados la 19/20 sin inmutarse.

Es cuestión de tiempo que la fruta caiga del árbol. No hay necesidad de ir a arrancarla.

Go home i amunt

Game over, Peter

Desde tiempos de Gil y Lopera no había visto a un dueño con ese empeño en reducir su club a un meme perpetuo. Ni con ese caudal industrial de decisiones absurdas y sin sentido. Con esa soberbia de tintes cómicos (trágicos si eres afectado directo) y tantas barrabasadas con las que nos tiene acostumbrado Peter Lim.

Tampoco puede sorprender. Este lustro ha sido una constante repetición en bucle. La última sigue tan a rajatabla el timing y las motivaciones de aquella que puso en la calle a Rufete y Ayala (y Pizzi) que te sale un calco. Es divertido ver al señor que estaba dispuesto a pagar 15 millones, más variables, por Rodrigo Caio alzarse ahora en dudas ante un refuerzo sin la gravedad de aquel. O quien intercambia a Alcácer por Munir, buscándole destino a Gayà con desespero durante los últimos meses, convertido en guardián de una academia de la que desconoce todo. Su historia, sus valores, sus lemas y su tradición. El zorro cuidando de las gallinas.

Pero lo peor no sólo es eso, sino ver cómo se le defiende y justifica. Se nos mea en la cara y tuitean que llueve.

Incluso la de Alemany es la misma jugada de LayHoon. Apartada primero, despachada después. Si le hizo aquello a alguien que nos vendía como de su familia – tras protestar enérgicamente y con gran enfado por el rídiculo que le habían hecho pasar con lo de Alcácer, vendiendo al jugador sin avisar a nadie y a espaldas de todos – qué no queréis que le haga a los demás.

Atendiendo a los hechos, se puede afirmar que a este hombre le importa bastante poco todo lo que en el mundo del fútbol se considera lógico y coherente. Burla sus tiempos y códigos. Parece sufrir un interminable ataque de celos, o de vanidad. Siempre que triunfó un modelo de club que puso en la senda correcta al VCF, apareció para dinamitarlo y volver a su mecánica soñada. A ser él el hacedor de los fichajes y designar al primer hombre de paja que tolere sus delirios.

Basta con poner la oreja para escuchar a todo el que ha pasado por aquí, nos gustaran menos o nos gustaran más, tragaran más o tragaran menos, quejarse de lo mismo y apuntar siempre el mismo diagnóstico.

La construcción de un club para alcanzar la estabilidad y la Champions parece sólo una excusa para llegar a lo segundo, no una vía para hacer crecer y solidificar a la institución.

Qué podemos esperar de un hombre que se retira cuando su modelo ha hundido en la miseria a la institución y decapita con esa saña a dos tipos que le han revalorizado la inversión porque han osado arrogarse todo el éxito. Qué dice del dueño que la mejor decisión que ha tomado en cinco años fuera dejar de tomar decisiones unilateralmente.

Pero el fondo de esto va más allá. El VCF no se vendió para ser un criadero de mejillones. Sino porque era la única vía para crecer, recuperar el estatus perdido durante la crisis y devolverle la posición adquirida desde los 2000. Aquí se viene a competir, y ganar algo de vez en cuando. Aquí se viene a molestar y combatir. No a ser el Corte Inglés de Europa. Para lo que aspira el señor Lim le vendría mejor comprarse el Basilea o centrarse en el Salford United y dejarnos en paz de una vez. Ya no es que incumpla el espíritu de la venta, sino que también desmiente a su propio plan de negocio presentado para acceder a la propiedad.

Porque las ramificaciones de todo eso son más profundas de lo que sus fans se atreven a asumir. La M&M no sólo construyó un equipo digno y a la altura, sino también un club entero. Y lo más importante, estaban recuperando el prestigio dilapidado. Asunto que se pierde muy rápidamente, pero que puede costar décadas restaurar. Apuntemos el sudor y la sangre empleada en convencer a marcas como Puma. Indiquemos lo pronto que se nos olvidó la espantada de patrocinadores que padeció la institución bajo las atrocidades deportivas del señor de Singapur. O el esfuerzo que supuso convencer a los actuales jugadores para que ficharan, porque aquí no quería venir nadie. Esa es la clave de que ahora estén en rebeldía. Han echado a los únicos que les dieron seguridad, los únicos de los que se fiaban. Sin explicación, ni motivo alguno. ¿Quién pretendéis que venga ahora con el regreso a las andadas?

No soy de los que cree que Lim se lleve dinero en extrañas circunstancias. Pero ojalá lo hiciera. Me parecería más noble que lo que está haciendo. Lo veo más como un Juan Soler asiático. Un niño grande, desquiciado, que desconoce lo que tiene entre sus manos, jugando con él a capricho. Si se cansa lo abandona, cuando lo ve relucir en manos ajenas entra en cólera y vuelve a querer jugar. Porque nada de lo que hace tiene lógica. Cada decisión de este calado es un atentado contra su propia inversión e intereses. Eso lo convierte en un peligro mayor que si fuera un mafioso de guante blanco.

Y me jode, porque si supiera quedarse en el papel en el que ha estado en el último año y medio sería el dueño ideal.

Si nos deja algún consuelo este último episodio tal vez sea la constatación de su derrota. Ha conseguido que se pierda el miedo a hablar de su marcha, o el reparo a señalarlo abiertamente como culpable. Ha caído el tabú. Y cuando aquí traspasamos esa línea, no hay marcha atrás. Ahora lo que queda es un hombre sólo, acompañado por mariachis que resultan tan risibles como el Zorío de turno. No, no será fácil que se vaya. No pudieron con Gil; sólo un juez, y de milagro, pudo apartar a Lopera. Y ni los ingleses con una movilización y un activismo que aquí no podemos ni soñar hicieron mella en los Glazer o en Mike Ashley. Pero que la gente ya haya colmado su paciencia, que no tolere más ridículos y bochornos o ver a su club arrastrado por el fango de la indignidad y se atreva a la crítica y protesta abierta y constante es un paso de gigante conociendo a esta sociedad pusilánime a la cual pertenecemos.

Se acabó el juego.

Game over, Peter

Una liga normal

Hay un asunto angustioso en lo moderno: La escasa capacidad que existe para asimilar el cambio. Tan rápido va todo que nos aferramos a algo sin darnos cuenta y luego no hay quien nos haga salir de ese compartimento estanco. Pasa con la Liga. Poner la oreja es seguir escuchando argumentos naíf de 2012, de cuando ganarle 8-0 al Almería estaba en el orden del día.

Por fortuna, aunque las diferencias sigan siendo grandes en lo económico, en el campo se han juntado varios factores que han dado un campeonato más equilibrado que los anteriores. Ya no hay 18 de 20 clubes en quiebra. La venta centralizada de los derechos de tv ha conseguido aumentar la facturación. Se importa talento en lugar de exportarlo como antaño. El trabajo en la base ha dado más y mejores futbolistas de élite. La ineficiencia de dos entidades opíparas coincidente con un relevo generacional hace que los gemelos sean más vulnerables…etc

Así, el año pasado vimos una puntuación similar a lo que era normal antes de 2008 cuando la irrupción de Mediapro tras ese pacto político entre Roures, Florentino y Laporta quebró el orden establecido desde 1996 para el equilibrado reparto del dinero.

Siguen existiendo disfunciones, como una LFP que legisla a favor de dos, o una dictadura en los horarios para beneficiar que sean siempre los mismos los que se lleven las mejores franjas y toda la audiencia, mientras los demás quedan ocultos compitiendo a la misma hora que en Inglaterra discurre la Premier League, el campeonato que copa la atención mundial.

Incluso con todo eso, el síntoma es positivo. Para ello sólo hay que echar un vistazo a la clase obrera. El Betis, la Real, el Celta… se asemejan a aquellos equipos de Finidi, De Pedro o Mostovoi. El siempre edificante trabajo del Eibar, el competitivo Athletic, la labor extraña del Vila-real o el equipo revelación de todos los años convierte la parte media-baja de la tabla en una verdadera trampa. Aquí ya no se gana con la gorra. Hay que sudar cada punto porque al menor descuido los pierdes todos.

Y ese, es un elemento que juega a favor de la igualdad. Porque hay demasiados equipos acostumbrados a ganar fácil, sin esfuerzos, con tal solvencia que se dosificaban de una manera obscena, pesándoles hoy tanta exigencia en tantas competiciones. Es la nueva fórmula de la ecuación: El descontento por acabar una temporada con más de un partido perdido y tres empatados. La pañolada regresa al Camp Nou, los pitos al Bernabéu, a Simeone ya no le toleran la racanearía que les hizo grandes, y en Sevilla se creyeron que iban a ganar la Europa League hasta el 2100.

Tales nervios jugarán a favor del que sepa mantener la paz en su casa y cuyo entorno haya asimilado mejor la nueva realidad del campeonato.

Es el beneficio que encontrará el VCF si la tendencia marcada el curso anterior sigue su rumbo. Un título a 80 puntos y una Champions a 60 brindan la posibilidad de aspirar a todo a cualquier hora del día.

Su mayor virtud está en contar con el hambre de un equipo campeón, hecho, y con gran parte de sus elementos con la expectativa real de acudir a la próxima Eurocopa, pero con la fortuna de no tener ninguno de ellos el puesto asegurado. Lo cual es un aliciente más si el veneno no hace acto de presencia. Sin la podredumbre estival me atrevería a decir que será un curso tan o más divertido que el anterior. Aunque muchos tengan decidido jugar en contra desde el primer minuto.

Una liga normal