Working class hero

Desanda el camino que todos hacen a los 23. Es admirable renunciar a eso voluntariamente. El reto es algo innato en Mina, durante años fue el único que lució una auténtica mentalidad ganadora, una ambición, saliendo a jugar con ella puesta. Era lo que más sobresalía de su fútbol. Él quería, lo sentía, y actuaba en consecuencia. Por eso destacaba tanto entre una colección de zombis.

Así se va, convencido de encontrar un atajo para llegar a la selección y una vía más rápida de acabar en la Premier, o en un Atlético. Por ello le sabe a poco ser el jugador número 12, un excelente jugador número 12. Probablemente el mejor jugador número 12 que hayamos tenido.

Pero a los tipos como Mina les pesan las pintas. Explica mucho esa dualidad con su figura. Vilipendiado en el mundo virtual, donde impera la apariencia e importa más bien poco el contenido. Y ovacionado con fulgor en el mundo real de Mestalla, donde se ve el fútbol en panorámico y el trabajo coral destaca sobre el individual.

Además, representa todo lo exigible a un futbolista. Se lanza sin preguntar al ruedo, pelea hasta el último balón, y no se queja llueva, haga frío o caliente el sol. Futbolista full time al no plegarse a caprichos o humores; el césped enciende su fuego y así se entrega. Incluso goza de esa espontaneidad que le llevó a presumir de haber perdido 7 kilos en cuatro meses tras darse a la vida golfa en unas primeras semanas donde se le vino el mundo encima al verse sólo, con dinero y en una casa vacía por las noches.

Son las cosas que han hecho que con el tiempo a Mina le hayamos cogido cariño, en parte, porque nos vemos reflejados de algún modo en él. Es el triunfo de la clase obrera sobre el pijoliberalismo sociópata. Un tipo descoordinado y alocado como la vida misma pulverizando los ratios goleadores de figurines sin sustancia pero con buenos filtros en instagram. Idéntica cantinela que explica por qué su marcha despierta jolgorio en algún sector para alzar en héroes a desconocidos que han demostrado lo mismo con el doble de oportunidades.

Ser Mina implica un reconocimiento esquivo. Veremos quién recoge el testigo de los doce goles y cinco asistencias por curso que firmaba Santiago todos los años jugando dos mil minutos. Y quién será capaz de revolucionar los partidos saliendo con el barco en pleno naufragio. Incondicionales así siempre hacen falta en equipos que quieren ser algo, y nunca es buena su pérdida si no van a tener reemplazos con esas virtudes.

Pero en su marcha hay algo más doloroso, es esa sensación de que le compraste al Celta un juvenil por pulir, y tras cuatro años formándolo y comiéndote sus imperfecciones, lo pierdes cuando está en la edad y el momento ideal para dar el paso. Otro máster a precio de oro para que lo acaben disfrutando los demás.

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Working class hero

Centenario sin Praga

La primera posibilidad de visitar Praga la truncó el sorteo de la Europa League. Era el momento ideal para cumplir con una invitación que lleva 96 años pendiente de saldarse.

La segunda residía en los amistosos de pretemporada. Pero viendo el planning parece que tampoco surgirá la ocasión. Y difícil está que la competición europea te lleve allí en el presente curso.

¿Pero qué hostias pasa con Praga? Pues muchas cosas. No voy a contar la historia del doble partido frente al Sparta del 30 de diciembre de 1923 y año nuevo de 1924, pero aquel encuentro marcó un antes y un después en el nacimiento del Valencia F.C., una especie de punto de inflexión que lo precipitó todo. Fue el reflejo de un club por querer ser. De tal lustre que no escapó a los ojos de los visitantes. Su capitán, en una entrevista para El Pueblo, y después su vicepresidente, en la famosa carta de despedida, lo sintetizaron en esa frase que bien podría ser lema oficial: La voluntad de querer llegar.

La cosa de un centenario impersonal, más dado a los asuntos del alma que a los santos, ha dejado escapar la oportunidad de reivindicar nombres propios. Uno de ellos, fruto de esa admiración por el fútbol checo, la escuela imperante en aquel tiempo, trata de Antón Fivébr. El primer entrenador profesional del club. Exjugador y capitán del Sparta de Praga. Una figura vital, pues fue el encargado de organizar la nueva estructura deportiva del VCF. Introductor de las secciones deportivas y de montar por empeño personal los primeros equipos infantiles y juveniles. O sea, de crear la cantera.

Por eso, y por más, era importante en año del centenario visitar aquella capital y homenajear junto a sus descendientes a un protagonista como el entrenador con más partidos al frente de la entidad. De los más laureados. Y sin cuya herencia no se explicarían muchas de las cosas que damos por sentadas.

El nudo de todo esto está en las ansias de progreso y el ambiente educativo que satisfizo a los checos, al punto de cursar una invitación al Valencia para que fueran ellos ahora los que viajaran a Praga. Y que Fivébr, en su segunda etapa, estuvo decidido a cumplir. Teniéndolo organizado, billetes de tren comprados, los arreglos con su antiguo equipo firmados… Aunque el ambiente opositor a su figura que se vivía entonces en el seno de la entidad provocó que la directiva le desmontara, de malos modos, la excursión.

Desde entonces la deuda sigue pendiente. Y es curioso, como en 96 años, nunca han vuelto a coincidir ambos clubes. Ni en Europa, ni en torneos de verano.

Hay tiempo hasta diciembre, o marzo de 2020, para ello. Incluso se podría arreglar para la 23/24 aprovechando el centenario del acontecimiento. Nunca es tarde para reivindicar nada o a nadie, y menos al técnico checo. Del que no hay ni una placa, ni da nombre a un campo o edificio, en Paterna. Ni tampoco para recordar, o institucionalizar, aquella vieja voluntad de querer llegar de la que solemos olvidar que forma parte de nuestro ADN.

Centenario sin Praga

Xoricet forever

Pocas veces un jugador se marchó y regresó con tanta reiteración. Me parece bien. El curso pasado ya vimos los costes de incorporar tanto futbolista ajeno al método Marcelino, acortar ese tiempo de aprendizaje y adaptación al máximo es una ventaja nada desdeñable.

En esa lógica se mueve el interés del terrorista por lo malo conocido. También es un síntoma de la presión de no contar con ese margen de tiempo para amoldarse a un sistema que no es nada sencillo de engrasar, y para el que no todo el mundo sirve.

Aunque lo positivo del ruso está en esa especie de premio que supone para él. Un tipo cumplidor, ocupador de espacios y un trabajador infatigable del que es raro encontrar alguien que elogie su dedicación. Y eso que la aportación de Cheryshev en sus dos etapas mestalleras cuenta con momentos decisivos.

En la primera le tenemos que agradecer una salvación. En la última, el pase a una final de Copa. Es uno de los nombres del milagro. Sin aquellas cabalgadas en el Benito Villamarín no se explica el 2-2 que te daba la llave de la clasificación. Como tampoco lo harían muchas remontadas.

Además, trata de un futbolista mortal con espacios. Su especialidad. Argumento valioso para el marcelinato y su tendencia a las contras. Punta de velocidad acompañada con un exquisito toque, potencia que le lleva a colocar balones de varios metros con una precisión al alcance de muy pocos. Tales centros en sprint son un lujo para los sentidos.

Debemos agredecerle incluso que su firma evite caer en errores del pasado sucumbiendo a la tentación de los filigraneros.

¿Le falta regularidad? Le falta regularidad. Es cuestión esa asunto de club. Desconozco las causas por las cuales se lesiona tanto. Pero debe tener solución. Si la encontró el Bayern para Robben la hay para el ruso. El tulipán, recordemos, era un tipo que se lesionaba hasta durmiendo transformándose en Munich en un futbolista irrompible que dio diez años al máximo. No escatimaron los bávaros recursos ni estudios médicos hasta encontrar la cura. Le cambiaron incluso la manera de andar.

Ahí debe estar el reto con el chico. Porque no sólo su velocidad, o precisión en carrera, son un tesoro, sino también su polivalencia o los recursos y variables que permite introducir en el XI sin la necesidad de hacer sustituciones. Va muy necesitado el VCF de jugadores incisivos en ataque. Y Chery lo es. Con el añadido de un nivel de goles/asistencias más que importante.

Siempre es una grata noticia conservar buenos caracteres en la caseta.

Xoricet forever

20 años después de Sevilla 99

El probe Miguel ya se afeita. Hoy se cumplen dos décadas de la Copa de 1999. El cada día más olvidado gol de Mendieta es leyenda, y las carreras del Piojo, el prefijo del teléfono de Van Gaal, forman parte del eco de la historia. Hablamos de un hecho que muchos no conocieron, y otros tantos apenas recuerdan.

Para unos pocos siempre será especial aquel momento, pues entramos en la adolescencia de su mano y la eclosión social, colorista, que colapsó una Plaza del Ayuntamiento llena de banderas. De banderas del VCF. A los 14 un título, a los 15 una final de Champions. A los 17 una Liga. Crecimos preguntándonos si a lo largo de nuestra existencia veríamos alguna vez un título, y en espacio de cinco años nos quedamos a una Copa de Europa de ganarlo todo. No tenemos queja, sobre todo conociendo como las han pasado los chavales de hoy. Tragando con las indignidades que comporta una ruina.

Es imposible, además, no trazar paralelas vistas las similitudes que unen la primera Copa con la última. En el inicio, cuatro lustros atrás, veníamos del 6-0 de Salamanca. De Valdano y sus percheros. De auténticos sinvergüenzas y espantajos varios. Recompuesto todo con jugadores efectivos y de poco lustre. Como Soria, el estudiante de medicina. Björklund. Vlaovic. Schwarz y sus cañonazos. Suplentes de, como Cañizares. O veteranos de vuelta, como Djukic. Jóvenes efervescentes llamados Farinós y la ristra de cedidos que regresaban a casa, como Angulo. O de un Mendieta que hasta 1998 era un jugador, con varios intentos de traspaso colgando, y desde entonces fue otro radicalmente distinto.

Una evolución en sintonía con la del Parejo de hoy, aunque no se parecen en nada. Aquella capacidad para humillar rivales y deshacerse de medio equipo contrario a base de regates o fintas sólo la tuvo Gaizka, Kempes, Gorostiza, y ninguno más.

Desde esa montaña rusa que es el presente aterrizamos con el 7-0 del Camp Nou y lo de Gary Neville. Con más sinvergüenzas, recompuesto con Memes en otros equipos que han tapado bocas en este. Junto a la pertinente dosis de paterneros dándole poso al invento. Una Copa que rompía con la sequía y las consecuencias del descenso del 86. A imagen de la del centenario, que acaba con las derivadas de otro descenso, el de 2008. Que pese a no acabar con la entidad físicamente en segunda tuvo los mismos efectos económicos, sociales y deportivos. Siendo mucho más prolongado en el tiempo y con un cariz más severo, dada la pérdida de una generación entera haciendo de Mestalla un recinto imposible de llenar.

Son títulos de reconciliación y resurgir coincidentes en el espacio-tiempo y con un background demasiado semejante, conseguidos a manos de dos técnicos que implantaron un modelo fiel a la historia, rompiendo con las ansias de traición paridas a manos de presidentes facinerosos y entornos infantilizados. Seriedad en el trabajo, un estilo labrado a fuego, padre de una cohesión y unidad en torno a una idea a prueba de bombas. Y con goles salvadores. Si el de Mendieta en Anoeta salvó a Ranieri, el de Diakhaby al Sevilla puede pasar por la salvación de Marcelino.

Es la otra parte de la receta, entrenadores sobreponiéndose a crisis de resultados, resurgiendo del barro a lo bestia. Vía crucis padecido por todos los grandes.

De la primera visita a Sevilla conocemos las consecuencias. Están por ver las que surjan del regreso al escenario del crimen. Muy estúpidos hay que ser para disponer de rampa de despegue tan lustrosa como la que tiene el club ante sí en estos instantes y desperdiciarla.

20 años después de Sevilla 99

Mercadeo a la italiana

Está raro el verano. Estas operaciones de trueques e intercambios no llegaron ni en la peor etapa, cuando no había un clavo. Pero ahora parece que todo se centra en eso. Un modelo a la italiana, de arreglos y favores entre clubes donde no interviene dinero real. O queda reducido a mera propina.

Me parece bien, la virtud está en sacar tajada de un imprevisto, o de una necesidad. Lo que no entiendo es lo demás. Como las actitudes de los jugadores implicados.

Empezando por Neto (del asunto Mina hablaremos cuando esté más claro), al que no tenía por alguien tan sumamente inmaduro como para cogerse tal rebote por no jugar dos partidos que sabía desde que llegó al club que no jugaría de darse el caso. Me sorprende todo en él. Seguramente hay algo que se nos escapa, que no ha trascendido, dándole sentido a esta movida, pero con lo que circula, la decepción con el brasileño no puede ser mayor.

Retrata una edad mental de niño de ocho años. Y cuenta una verdad incómoda, la de tus jugadores más valorados prefieren ser suplentes allá que estrellas aquí.

Siquiera la consecuencia de esto tiene demasiada lógica. ¿Qué busca yéndose al Barça? Se marchó de Turín harto de promesas incumplidas y de esperar oportunidades, y aterriza en al Camp Nou para jugar el Gamper y la Copa cuando finalmente encontró lo que quería desde que salió de Brasil. Traducido, con 30 años se marca una carrera de suplentón. La intrascendencia más absoluta en detrimento de hacerse un nombre defendiendo la meta de un gran club. No creo que eso hable demasiado bien de sus ambiciones. ¿Todo por poder decir que ‘jugó’ con Messi? Me cuesta entenderlo en alguien que ha recalcado siempre que se puso ante una grabadora su decidida voluntad a dejar huella en Mestalla.

La derivada de su salida son los intangibles que se marchan con él. Cuestión delicada en vestuarios tan necesitados de equilibrios sanos. Dado que Murara es de los que tiran del carro. Un tipo con personalidad. Y el primer portero serio tras años tomándose a broma la posición por parte del club. Enfrascado en parches y gangas de mercadillo. Sin duda, la portería no es lugar para tomárselo a la ligera, un guardameta que de puntos, haciendo algo más que no meterse las que van fuera, marca la diferencia entre aspirar a todo y no aspirar a nada.

Falta ver si el recambio cumple, qué aporta, si está al nivel o con qué actitud aterriza.

En la cuestión molar sobre este affer no caben más palabras que aquellas que retumban en la canción de Tardor: Los mejores jugadores son aquellos que saben donde están.

De Neto no se acordará nadie.

Mercadeo a la italiana

La estructura

Menudo momento. Incluso parece que finalmente se ha entendido la necesidad de adelantarse para conseguir talento a un precio asequible. Tomarse en serio el socuting está lejos de ser lo normal en el Campeón de Copa. De hecho, hacerlo siempre fue una excepción.

Es el reflejo de ese punto de madurez que parece haber alcanzado la entidad. Su lenta pero sólida estructuración en la vertiente deportiva llega a cotas poco vistas en los últimos tiempos.

Del nuevo pope de la escuela no diré nada, porque en esa planta hemos visto muchas cosas, casi todas buenas, que han durado apenas medio año. Ese elogio para cuando veamos que se lo creen y no se da otro volantazo a los meses de su bautizo.

No hace falta ser idílico, ni supersónico, cuando algo así existió, ideas tan claras y un plan definido, aunque fuera en su versión más escueta y rudimentaria, el rendimiento en el campo acompañó siempre. Lo hizo hasta con alguien tan anticuado y falto de visión a largo plazo como Llorente en un club asolado por la incertidumbre institucional.

Si algo bueno puede tener la era del propietario único es encontrar la estabilidad que jamás existió para asentar estas cosas. Con tiempo y paciencia Alemany y compañía dispondrán de herramientas para mutar en algo parecido a lo que representó en su día Colina y el triunvirato. Esa carencia es uno de los grandes males que tuvo siempre la entidad. Una falta de cultura de club, de memoria institucional, que trazara una línea continua a lo largo de los años. Con la salida de aquellos en 1958 se perdió todo. Lo intentó recuperar Vicente Peris, criado a la sombra de los primeros, pero duró muy poco. Aunque ese poco fue mucho. Y hasta hoy.

Lo normal, desde entonces, fue cambiarlo todo cada vez que se accedía al poder (asunto que sucedía muy a menudo), rompiendo cualquier hilo conductor. Nunca hubo nadie para decir ‘esto aquí se hace así’ porque nadie duraba demasiado.

La pena es que en las otras ramas no exista siquiera algo que se le parezca. En lo demás el club sigue chapado a la antigua, alejado de los avances sociales y morales que se ven en la calle. Sin ningún atractivo. Tampoco lo hay en la faceta comercial, incapaz de vender una piruleta a la puerta de un colegio, ingresando por sus grandes patrocinios lo mismo que en 1995. Lo hace en una era donde circula diez veces más dinero que hace veinte años.

A pesar de la buena pinta que tiene lo del balón, no se puede ignorar el retraso que sufre la institución en el marco del fútbol moderno. Parte desde muy atrás y con demasiados handicaps.

Como siempre, la solución está fiada a que entre la pelota. Al menos ahora hay una red de seguridad que garantiza que la pelota entre muchas veces. Pero la cuestión es evitar depender exclusivamente de esas plusvalías en la venta de talento (incluso del talento no utilizable). Con los gestores del verde la reinversión en más y mejor está (razonablemente) asegurada. Lo difícil es saber traducir los resultados deportivos en ingresos ordinarios. Imprescindible para poder dar el salto y evolucionar. Hacer que las cuentas de 2023 dejen de ser como las de 2001 es el reto. De lo contrario el castillo de naipes se vendrá abajo (otra vez) en cuanto el balón se estrelle en el palo.

La estructura

La importancia de este verano

¿Cómo dice?, ¿que trazar un plan y ejecutarlo pone en órbita a un club? ¿Cómo?, ¿que creer en un proyecto y darle estabilidad da sus frutos? Quién lo hubiera dicho.

Del caos surgió la solución. El regalo de este curso, más allá de reencontrarse con la gloria perdida, es haber entendido la importancia de la paciencia. De por qué el resultado es secundario cuando detrás hay un trabajo cabal y estudiado. Un plan. Y una idea en la que se cree.

Es la gran conquista del centenario. Haber desactivado la ciclotimia, ridiculizado la histeria con una buena dosis de sentido común y espera. Un decid lo que queráis, que aquí estamos todos convencidos de que vamos por el buen camino y no nos vamos a mover por mucho que gritéis.

Ahora toca lo peor. Evolucionar cruzando otra delgada línea. Porque una de las fortalezas de esta temporada está en el ambiente en la caseta. En esa fe inquebrantable de la manada en su pastor. Desmontar eso tiene sus riesgos, pero no hacerlo también es un arma de doble filo. Mover las aguas para evitar su podredumbre con la precisión suficiente como para evitar otro affair Michy, que ya vimos las consecuencias de incrustar una frecuencia mental distinta en un vestuario enchufado, es el mayor reto del verano.

Esos liderazgos sobrios, esa química, es la causante de remontar 11 puntos, sumar 17 partidos invicto, recuperar la senda del gol, llegar a semis de la Europa League, ganar la Copa y no desmontar la paraeta cuando todos daban por perdida la temporada.

No es barato, ni sencillo, conseguir algo así. Bien lo sabemos aquí. Por eso las incorporaciones, o bajas, deben tener en cuenta aspectos que vayan más allá de goles, regates o rabonas.

Porque además de conservar una buena salud interna, perpetuando la ambición del grupo, lo que se juega el Valencia este verano es la posiblidad de dar un par de saltos. Así invita a pensar el panorama a estas alturas de junio. Partes desde una posición muy ventajosa para ello. Es lo bueno de venir desde abajo, que el trabajo de transformación, o reinvención, en gran medida al menos, ya lo tienes hecho. Son otros, tus principales rivales en la terna, quienes se ven sumidos en problemas que dejaste atrás hace dos años. La zozobra, la pérdida de identidad, las divisiones internas, la obligación de acometer profundas reformas, de transformarse, de atajar problemas institucionales, de buscar nuevos rumbos, es de otros ahora.

Incluso aunque salgan bien de esta, con tal capacidad económica es más sencillo salir bien de esos embrollos, los primeros meses de competición, donde poder adquirir ventajas decisivas, van a ser más dificultosos para ellos que para aquel que ya tiene el bloque hecho y la idea instalada, sin arrastrar taras de confianzas, salubridad o entornos viciados. Por eso la importancia de este verano es mayor de lo habitual. Por eso, reducir el riesgo a la mínima expresión supondrá la diferencia entre dar un paso hacia delante o uno hacia atrás. Sin contar, claro está, con la maldición del tercer año. Pues si ver al VCF hacer dos cursos buenos consecutivamente es caro, repetir un tercero es asunto que ocurrió en una sola ocasión desde los años 50.

Fíjate si tienes camino hecho que mientras otros no tienen claro qué entrenador elegir, o andan jubilando la columna vertebral que les llevó a las alturas en los últimos cursos, tu tienes a tu particular Luis Colina en Alemany, a tu Quincoces en Marcelino, y un bloque hecho y ya campeón que apenas requiere un par de retoques para pulir defectos.

Es el momento clave para empezar a recuperar parte del terreno perdido durante la crisis. Y lo harás subido a la ola que genera un título tan ansiado, algo que ha dado una pátina de crédito a un entrenador que gozará de mayor respeto y comprensión. Uno de tantos momentos que ha tenido el VCF en sus manos para cambiar su historia reciente y que rara vez supo aprovechar. No fallen otra vez.

La importancia de este verano