El club de los quince

Puede que hayamos estado esperando el centenario toda la vida. Recuerdo ahora las cábalas que hacía allá por el 98 sobre la edad que tendría al llegar a 2019 y padecer vértigo al contar tantos años. No soy nada de lo que imaginé ser. Aquello, por entonces, me parecía una fecha inabarcable. Y mira, ya estamos aquí.

Fue un acto muy mestallero, al final todo trata de sobrevivir a las expectativas.

Así llegamos al pasado domingo, regirando recuerdos por culpa de tuiter. Mucha gente se puso a fotografiar su biblioteca futbolera a raíz de un post de la revista Panenka, y en estos lares, pronto viró a contarnos los libros blanquinegros en nuestros estantes. Mucha joya del pasado. Ejemplares construidos casi artesanalmente por los dos o tres autores que en tiempos de plomo rompieron moldes y se pusieron a ordenar un relato lleno de sombras.

Al final no puedes dejar de pensar en esa gente. En preguntarte qué les lleva a recorrer mercadillos o librerías de segunda mano, webs de coleccionista…etc para rescatar de la perdición todo ese legado. Tratan, de un modo u otro, de desinteresados guardianes de la memoria. Salvadores de un vestigio abandonado. Pequeños héroes a los que nunca nadie les agradecerá su silenciosa y minuciosa misión de rescate.

Yo perdí bastantes cosas por el camino. Unas, entre múltiples mudanzas, y otras, por padecer los males de una madre obsesionada en vaciarme la habitación cada vez que desaparecía de casa un par de días.

Bajo la excusa de ‘eso para que lo quieres, no son más que trastos’, se fue al contenedor algún recuerdo por el que hoy pagaría. Por ejemplo, un álbum de cromos sobre la historia del Valencia que sacó Superdeporte en 1997 y que era una maravilla por tener un contenido alejado de las habituales fotografías que estamos hartos de ver. De otros, apenas quedó unos restos, como del libro por fascículos de Jaime Hernández Perpiñá, que luego pude rescatar saltando al container, aunque me falta todo a partir de los años 70. Llegué demasiado tarde para ellos. Otra víctima ilustre fue el Históricos del Deporte Valenciano, que no tenía portada, y la primera página estaba llena de garabatos a colorines de cuando era un crío y me ponía a pintar sobre cualquier hoja en blanco.

Siempre queda algo, como un bloc de notas convertido en una especie de base de datos manual, llena de alineaciones y partidos europeos, que ahora me hace gracia observar. O una libreta, en cuya última página encuentro la columna de hoy.

No recuerdo a santo de qué la hice, pero ahí aparece una curiosa lista con el hall of fame patrio, hecha de manera apresurada, y seguro que con algún error. Son los jugadores con más temporadas vistiendo la elástica del murciélago. Sorprende encontrar tal cantidad de futbolistas con nueve cursos. Y tan pocos con la redonda cifra de 10 temporadas. De hecho, son legión los que cuentan con 11 o 12.

Hay un grupito de distinguidos, escasos, que son los que encuentro destacables por su excepcionalidad. Por lo excepcional de contar con tal longevidad en una entidad habituada a matar a sus ídolos.

Trata de una estirpe de viejas glorias que consiguieron extender su carrera hasta las quince temporadas, o más allá. Añade la peculiaridad de poseer a un representante por cada era. Pues ahí está Rino, superviviente de la etapa fundacional. Asensi y Juan Ramón al frente del Valencia eléctrico (incluso podríamos colar de tapadillo a Amadeo con sus 14 años y medio.). Un desconocido pero very important como Enrique Cano abanderando al club de los años treinta y sus primeras finales coperas. Pasieguito para los años cincuenta. Mestre para los sesenta. Arias, Fernando… de estar hecha hoy añadiríamos a Albelda.

Me parece un grupo ideal para, aprovechando el centenario, establecer un homenaje coral e institucional a todas esas figuras poniendo en valor una fidelidad que el fútbol moderno convirtió en quimera. Ya que el centenario trata de conocerse y celebrarse, qué mejor ocasión para reparar los muchos errores que se cometieron en el pasado, premiando a aquellos olvidados que dejaron huella en la memoria colectiva. Es una labor pendiente, como la de elaborar la lista de nuestros particulares one-club-man, de la que tampoco sabemos nada.

Sumar nunca está de más.

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