El Valencia de Schrödinger

El Valencia está encerrado en una caja, puede estar vivo, o puede estar muerto… Depende de las ganas que tengas de matarlo, o de tu capacidad para analizar la situación y entender los condicionantes que están marcando el curso. Elige tu propia aventura.

En la mía, este equipo, en muchas ocasiones, me mola. Me atrae esas trazas de estar construyendo un bicho de mucho cuidado. Falta la profusión de gol, que lo estropea todo. Pero en su peor momento demuestra ser un XI difícil de ganar. Muy difícil. Eso es oro puro. Hay que valorarlo.

Tanto como la honradez que atesora. Son aspectos ocultados por esa nueva oleada que parece empeñada en hundir a una escuadra que está en pleno proceso de ensamblamiento. Nada le ocurre que no corrija el tiempo y la confianza. Tal vez este curso se estén pagando facturas que en el pasado salieron gratis. Es más normal que al afinar equipos al 31 de agosto pase esto en lugar de aquello. Que los vaivenes del mercado descentren cabezas.

No podemos ignorar que esa estrategia de pesca, alargada hasta última hora, tiene sus handicaps. Un mínimo error en la elección, y la temporada se va al traste. Tampoco alcanzamos a medir el desbarajuste que supone desmontar toda tu línea de ataque reconfigurándola con piezas que parten de cero, sin automatismos ni pretemporada, incluso llegadas fuera de forma y sin ritmo.

Pero no hay mejor relator de la realidad de este equipo que sus incorporaciones, pues ninguno de los llegados en los últimos cursos lo hizo en el mejor momento de su carrera; más bien todo lo contrario. Son futbolistas con defecto de fábrica, por eso te los puedes permitir, que vas a tener que asumir, o esconder en un traje bien ensamblado. Pulirlos, y comértelos durante el proceso. Y eso en ocasiones supone puntos perdidos.

No se trata de un equipo hecho al que se le añaden dos piezas, llevas años de una transformación radical constante, sin tiempo a que se asienten las cosas.

Quizá nos ocurra que no queramos ser conscientes que mucho de lo extraviado, todo lo añorado, fuera lo extraordinario. Meter goles con apenas un tiro entre los tres palos no es asunto sencillo. Y eso ocurrió mucho la temporada última. Coincidir en un mismo año que todos tus puntas superen sus cifras goleadoras ya es mucha casualidad.

También se nos olvidó que otros tantos encuentros se desatascaron con un gol de córner, y meter tantos goles de córner tampoco es nada habitual. Ni en Inglaterra ocurre eso. Aunque aquí podríamos preguntarnos cómo es que se lanzan tan mal, hasta rozar la vergüenza ajena ver las ejecuciones que se hacen. Esa involución sí es criticable. Ya que el balón parado es el mayor reproche que se le puede hacer a Marcelino. En época de escasez y dificultad ese tipo de jugadas deberían estar tirando del carro, en lugar de convertirse en un déficit más a los muchos mostrados.

Tal vez el mayor error de todos es que los hagamos más buenos de lo que realmente son. Y situarnos dos pasos más allá sin haber dado todavía el primero. El segundo curso de la post-debacle no es el ideal para ponernos encima unas exigencias para las cuales no estamos preparados. No debería suponer un drama quedar séptimo al segundo intento del   primer proyecto elaborado en todo un lustro.

Y a pesar de todo ello quedan cosas positivas por las cuales alegrarse. Este equipo no está muerto como se apresuran a vender desde sectores que rezuman revanchismo por todos sus poros. Con recaídas, o sin ellas, crece, y crecerá más, el potencial que tiene es enorme como para despreciarlo de esa manera.

Con sus carencias, suele salir siempre a darlo todo, intentándolo una y otra vez por mucho que no le salgan las cosas. Sufre y sabe sufrir. Ha conseguido Marcelino transformarlo en una roca impenetrable que funciona de maravilla… hasta llegar a la zona ofensiva. Ok. Ahí se ve muy a las claras los jugadores fuera de forma llegados a última hora, las fracturas del verano en traspasos fallidos y etcétera. Y es donde reside el mayor riesgo, porque en estos instantes la ansiedad, las dudas, y todos los aspectos anímicos-mentales-ambientales entran en juego amenazando con un Vietnam.

 

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