Sarrià 71

No hay nada más difícil que ponerle letra a un sentimiento. Si además trata de algo complejo como la relación vital con un club de fútbol, se complica más. Son pocos los que tienen el talento para esos asuntos, y muchos, sólo lo consiguen transitando por el extrarradio.

Como nadie nos contó nunca nada, como se nos murieron todos antes de que pudieran hacerlo, poco se sabe del origen popular de la entidad.

Por eso es fascinante encontrar propuestas que recuperen aquellas raíces y ambientes. Pues todo en el Fé-Cé fue de la gente. Desde la bandera al primer himno, pasando por los primeros homenajes a sus mitos, las celebraciones de los éxitos fundacionales. Sus primeros medios partidistas o libros a sus ídolos. Sus primeros apodos. Asuntos privados de los aficionados, regalos de éstos al club. A los cuales el Valencia se unía, o no, como sucedió en diversas ocasiones. Implicándose las actrices del Teatro Apolo, o las bandas de música, encabezadas por la Sociedad Coral El Micalet, jarana oficiosa en todo acto de la institución.

Así surgió también la famosa falla de 1925 que ahora, recuperando su camino y propuesta, volverá a cobrar vida 95 años después gracias al esfuerzo de unos pocos.

Es como debería ser el centenario, al menos el que me gustaría a mí. Un rebrote social tejiendo nuevos actos y contenidos alejados de la oficialidad. Populares, que den vida al entorno para reencontrarse con los orígenes. Gente haciendo cosas para la gente, sin más pretensiones.

Que es, recorriendo la ruta de los años veinte, como Cisco Fran se convirtió en el cantautor de Mestalla. Sin rollos, ni apadrinamientos antinatura, nos regala relatos musicales desde su Nostalgia de Bell Ville, erigida en himno. Con Volverán, una centenaria patada en la entrepierna al oficialismo (como también lo es la de Tardor), y ahora con un Sarrià 71 evocadora de aquella inesperada liga, siguiendo el tono sentimental construido desde la grandeza de las pequeñas cosas. La argamasa que levantó al mismo club.

Lo veremos en un disco producido por el colectivo Últimes Vesprades a Mestalla. Gente haciendo cosas para la gente. Como el documental a Tonico Puchades que vimos recientemente en Àpunt. O los distintos podcasts de impulso personal que ponen voces al centenario. Y la de cosas que estarán por salir y de las que todavía no tenemos ni idea. Las cuales todas deberían tener, y tendrán, el respaldo general.

Eso es lo importante en tiempos insulsos, que las bases se unan y hagan camino recobrando su razón de ser, independientemente de lo que haga o no la institución. Que al fin y al cabo tampoco puede cubrirlo todo siempre. Necesario y perentorio ese recogimiento social entre nosotros mismos en días de frialdad, alejamiento y  políticas despersonalizadoras.

Porque el Valencia somos todos nosotros. Aunque se nos haya olvidado.

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