Resistir para sobrevivir

Estoy aburrido del Valencia. Más bien, cansado. Me gustaría dejarlo. Pasan los años y no hay manera de salir de este bucle. Cada vez que parece que sí, nos empeñamos en que sea un no. Regresando al punto de partida. Así que hasta que no vuelva a ir bien no hablaré más del equipo. Pero antes…

Lo grave, más allá de estar todo dicho y no hacer más que repetirnos, abonados a las puñaladas de un entorno interesado en cobrarse facturas personales a la mínima oportunidad, demostrando con ahínco lo nocivo que es, es que ahora ocurre con todos los seguros activados.

Tienes entrenador. Director General conocedor del mundo del balón. Un dueño que ya no se entromete y que encima pone la pasta para la guinda. Un equipo caro y joven. Un club que ha hecho casi todo lo que le exigíamos cuando quedaba decimocuarto. Pero tus circunstancias, un arma de doble filo, han hecho que te vuelvas a cortar.

No es cosa menor que muchos jugadores hayan empezado la pretemporada en septiembre. Ni que esos suplentes llamados a solucionar estas urgencias estén aportando entre poco y nada. Tratándose de un equipo eminentemente físico, la mitad destacando por su velocidad, y el resto por su músculo, esos estados de forma te han dejado con el culo al aire.

En Guedes se esconde una metáfora que podría explicar la situación del Valencia. Pero se la dejo para los que a golpe de tecla saben convertir esas cosas en arte . A los tontos nos queda preguntarnos por qué esa obsesión en convertirlo en Mesías, forzándolo hasta el punto de hacernos padecer al verlo disiparse por el campo. Guedes está pagando su verano, y acabará pagando también lo de este otoño. O qué mente estúpida permitió a Rodrigo abandonar sus vacaciones a los tres días y ponerlo a entrenar como si llegara tras tres meses de inactividad.

Las decisiones. Ahí está la clave de todo. Cerrar equipos a 31 de agosto. Elección de delanteros. Preparación… un cúmulo de malas decisiones. Tal vez lo que le falte por afinar al club sea dejar de apostarlo todo al criterio/capricho del entrenador de turno. Que está bien confiar en él, pero debería existir un contrapeso a la hora de traer y sacar futbolistas, donde prime más una visión global. Que el míster no sea la única voz autorizada.

A Marcelino no le puedo reprochar más. Sus defectos los tenía ya el año pasado, y desde siempre. Los sabíamos y los asumimos cuando lo trajimos. No puede extrañarnos su gestión del grupo en una situación de crisis, porque esto mismo le lleva penalizando toda su carrera cada vez que la pelotita dejó de entrar. Sus intocables, deslizar por los mentideros que la plantilla no se autoexige o que le puede la presión, o entrar al vestuario el sábado —por lo que se ha publicado estos días— a gritos pidiendo goles no sé si es lo más acertado dada la situación.

Debería ser un melón a abrir el de la necesidad de fichar mentalidades ganadoras que compaginen con muchachos por formar. Es la gran tara de este lustro de catástrofes.

Porque se trata de una plantilla blanda, que casi se echa a llorar en Zaragoza después de acabar el partido ante el Ebro, y que celebró como una final el gol anulado al Girona, saliendo del campo con caras desencajadas. Mi temor se esconde en que no esté sabiendo leer la situación de este equipo, que en lugar de darle lo que emocionalmente necesita Marcelino esté echando piedras en la mochila.

Pues escucharle me transmite la sensación de no saber muy bien cómo liderar la situación. Me faltaba verle hacer esa estupidez de dimensiones gigantescas sacando cinco delanteros a lo loco. Lo que hubiera hecho cualquiera con una pródiga carrera en el PC Fútbol, pero nunca un entrenador con recursos.

Todo esto es importante porque los liderazgos sirven para momentos como el actual. Suponen la diferencia entre salir del pozo y quedarse a vivir en él. Y en ausencia de ellos en club y vestuario debiera ser el entrenador quien ejerciera como tal.

Por no haber no hay ni balón parado que te rescate, ni calidad que resuelva partidos con acciones individuales. Sólo queda esperar que los estados de forma mejoren, que la suerte cambie (porque sí, has hecho merecimiento para al menos tener seis puntos más de los que tienes, algo que no se puede desdeñar) y que en ese proceso, el nivel de crispación, las relaciones internas, y el vestuario (honrado), no se lo lleve todo por delante.

Al fin y al cabo, todo gran Valencia ha nacido de situaciones como esta.

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