La solución local (en la que tampoco creen)

La parte derrotista del discurso de Anil en la presentación del libro del centenario fue motivo de comentarios al acabar el acto. Iba en la línea de siempre, repetitivo, como todo en Meriton: Con los Man.City y PSG no se puede hacer nada, rindámonos.

No es ninguna mentira. Pero sí algo inapropiado elevarlo a ley para justificar la condena cuando el tema del acto versa sobre la voluntad de querer llegar, que es el lema que condensa la lucha contra los elementos de un club que llegó el último y consiguió asentarse entre los mejores a pesar de su desventaja.

Lo que denota que el presidente no se interesó lo más mínimo en coscarse del asunto.

Pero hubo otra parte del discurso presidencial, que personalmente, me chirrió más. Porque, ciertamente, lo de la internacionalización es, y siempre fue, una falacia. Palabras huecas. No hay, ni hubo, plan alguno. Además, hablar de ello hoy es un sinsentido. Llegas doce años tarde y, aunque te lo tomes en serio, cosa que no has hecho nunca, vas a un mercado copado.

Porque, a ver. ¿Qué ofreces?, ¿en qué te diferencias de Dortmund o Atlético para que  un señor de Pekín sea seducido por tus aires y no por los de aquellos? Nada.

Esa batalla se gana desde casa. Aportando valor añadido fruto de tu idiosincrasia. El Liverpool, vayamos a un ejemplo práctico, no junta a 120 mil personas en Australia cada vez que la visita por ser la marca blanca del Man.Utd, o por imitar al PSG. Vende el You’ll Never Walk Alone, la respuesta emocional a las tragedias, su lucha en inferioridad contra los burgueses de Manchester y la nobleza de Londres, la pertenencia y la fidelidad a una idea y una peculiar mística forjada en el campo.

La fortaleza del Fé-Cé reside en su riqueza, tiene mucho y de todo para construir su propio relato sin necesidad de embustes ni de retorcer la historia. Faltan ganas, lo único.

Sí, lo que dijo Murthy sobre hacerse fuerte desde lo local, explotar lo que somos y cómo somos, es un diagnóstico acertado. Pero como el discurso de la internacionalización, queda en palabrería. Detrás no hay nada, más que hechos que contrastan que estamos ante una entidad cada vez más despersonalizada. Aislada. Temerosa de la gente, de su gente. A la que le parece molestar un centenario que le viene grande, y además, no entiende. Era la efemérides ideal para salir a la calle y reconstruir lazos y puentes.

Sin embargo, tienen que venir de Inglaterra, de manera recurrente, a explotar el mito de un Mestalla que aquí no somos capaces de articular.

Una entidad que basa su existencia en los pueblos y sus comarcas ha arrinconado el valenciano en su día a día y de su comunicación oficial por cuestiones que nadie llega a entender. Y cuya principal ventana al mundo, su cuenta en tuiter en inglés, vive empeñada en normalizar el alcoholismo como única vía para ser divertido o pasárselo bien. Por no entrar en cuestiones más groseras que han llevado a entidades como el Leverkusen a darte una lección en 180 caracteres. ¿Borracheras y rinocerontes cagando es lo que quieres proyectar al exterior?

Creo de verdad que la solución del Valencia está en casa, que pasa por hacerse fuerte desde sus raíces. Explotar esa vis inconformista que siempre tuvo, apoyado en un Mestalla que ahí fuera sí tiene quien le escriba.

Aunque ahora seamos un club mudo, obsesionado en no molestar a nadie y pasar cuanto más desapercibido mejor. Sin voz. Blanquito. Distante. Por eso, para esa reconstrucción desde lo local, hace falta creer en lo que se dice y saber lo que se hace. Tener un plan. De lo contrario, como todo, no es más que un discurso bonito para salir del paso en actos sociales. Y nada de esto, por lo que hay en juego, debería utilizarse como material de relleno con esa frivolidad.

Hubo algo el martes 13 que me sentó peor que unas palabras pronunciadas por un señor que intentaba quedar bien. Fue enterarme de que los hijos y nietos de los fundadores estaban invitados. Que se pasaron todo el acto en un rincón, en pie. Siendo llamados de manera apresurada para hacerse una foto con todo acabando. Un club serio que quiere ser fuerte apoyándose en los suyos para proyectarse en el exterior los hubiera hecho protagonistas del acto, porque son tu familia.

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