El vídeo de Marcelino

Viendo la pillada que le han hecho los de #Vamos a Marcelino recordé aquellas palabras de Parejo del curso pasado, “sé cuando hago un mal partido, no hace falta que venga nadie a decírmelo”.

Porque últimamente, leyendo el pajarito azul, parece que hemos instalado la creencia de que los protagonistas del tinglado son una especie de tratados amorfos incapaces de ver, sentir, y vivir en la realidad. Con mucho listo desestructurando argumentos para convertir en látigo una frase suelta.

Ahí reside la magia del documento, encontrar a tu entrenador diciendo lo que decimos todos. Como llamar broma de mal gusto a un muchacho de 50 millones de euros que es incapaz de irse de nadie, o de hacer una mínima jugada con sentido.

Es cierto que la escena puede desprender lecturas, posiblemente ninguna verdadera. Pero al menos nos da de qué opinar. Esa educada exigencia para que los suyos construyan hacia delante y no hacia atrás quizá nos manifieste la falta de ambición de un grupo que sale al campo desconectado. Pero también nos puede estar hablando de la psique de una plantilla a la que ciertos escenarios, lejos de envalentonarla, le cohíbe.

Mucho meninfot y poca voluntad de querer llegar.

Quizá no sea descabellado pedir explicaciones sobre por qué las recuperaciones están siento tan lentas y deficitarias. Por qué se fuerza a otros hasta límites insospechados. Los motivos para que a cuatro o cinco de diciembre sigamos como en octubre. O por qué la línea defensiva es la única que lleva todo el curso rindiendo no sólo a sus máximas prestaciones, sino también de manera regular.

Asuntos tan pertinentes como el de cuestionarse cómo es posible que habiéndote gastado 130 millones en futbolistas sólo te valgan Diakhaby y Wass; como parches.

Pero todo eso, siendo cierto, sería redundar en la responsabilidad del técnico. Teniendo el vídeo como arma para señalar a otros, debería aprovecharse para exigirle algo al futbolista. A tipos que en demasiadas ocasiones pecan de creerse mejores de lo que realmente son, abandonando ese punto de autoexigencia e intensidad necesarios para ganar y competir. O empezar a denunciar la falta de compromiso de más de uno.

Sí, es un consuelo que Marcelino vea lo mismo que vemos todos. La diferencia es que mientras nosotros sólo podemos tuitearlo, él tiene las herramientas para arreglarlo. Ahí se está jugando la temporada. Y me da que no se va a ganar pidiendo las cosas por favor.

En enero urge pasar la escoba.

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