¿Mateu irá detrás?

En toda esta escalada bélica nos estamos olvidando de una derivada. De una derivada peligrosa que no se puede separar de la hipótesis de una destitución de Marcelino.

Porque en todo este embrollo eludimos que el entrenador de Meriton nunca fue García Toral. El elegido era otro; como otro era el Director Deportivo de la propiedad. El asturiano es obra de Alemany. Su valedor. El que luchó por él. Quién le sacó a los contrarios a su candidatura del club, le cobijó y le dio poderes por afinidad y simpatía sin pararse a pensar en lo nocivo que resulta en tierra de enquina genética hacia los técnicos vestirle con el segundo traje que más oposición genera: el de fichador.

De manera absurda ignoramos que la fórmula más sencilla para que sobreviva un técnico en Mestalla es alejarlo del los fichajes. Mientras se queja de que no le traen lo que quiere, mientras los focos apuntan al que fichó jugadores que no funcionan, el míster vive tranquilo y sin más presión que la de sus tareas básicas. Desde Ranieri (segunda etapa), a Quique, pasando por Nuno, todos los que adquirieron poderes especiales acabaron quemados y apaleados salvajemente por el entorno. Amén de no dar una con la planificación.

Aprendamos eso de una santa vez. Eso, y la necesidad de contar con una secretaría técnica amplia, equipada y al servicio del club.

Pero volviendo al hilo argumental, son tantas cosas que la figura de Alemany y Marcelino forman una. Siameses que muchos, en sus hipérboles, tratan de separar en un cínico juego de equilibrios.

Imposible, chatos. Alemany es el responsable de firmar poderes, de dar el OK a todo. De configurar una estructura a imagen y semejanza de su entrenador. Peleó ante la propiedad todos esos privilegios, y mucho más. Quien en ejercicio de su cargo debió ponerse de parte del club y negarse a convertirlo en una agencia de colocación, hizo seguidismo de las propuestas y manejos del entrenador sin rechistar.

No se puede esquivar la responsabilidad del mallorquín en este desaguisado.

Y en todo ello reside la peligrosa derivada de la destitución de Marcelino. Porque Alemany sabe todo eso, es consciente de que jugó y apostó fuerte por el asturiano ante Meriton. Y en ese escenario, en el cual el propietario ejecute la destitución por su cuenta, entramos en las arenas movedizas, en un mar de preguntas que nos tendríamos que hacer.

¿En qué posición quedaría Mateu ante Lim? ¿Aceptaría Alemany un despido de Marcelino ejecutado por Meriton y contrario a su opinión? De tomar él la decisión, por coherencia, ¿se iría con el asturiano? ¿Serían recortados sus poderes aunque se mantuviera en el puesto? ¿Seguiría en el cargo ante un director deportivo y un entrenador traídos por Meriton? En esa destitución desde arriba de un dueño que se apartó para dejar hacer, ¿irá incluido el puesto del CEO visto que los resultados son los mismos de siempre?

No es una decisión sencilla la que tiene ante sí la entidad. Porque estos juegos traen complicaciones mayores. Echar a García Toral es dinamitar medio club en enero. Es prescindir de once técnicos, de médico, nutricionista, cocinero, secretario técnico… para, posiblemente, no solucionar nada. Un cambalache sistémico (sin olvidar la derivada Alemany) que tal vez sea lo que acabe salvando la cabeza de Marcelino.

Alguien me preguntaba el otro día si no había una manera más sencilla de solventar esto sin caer en el derrumbe total de la estructura. La hay: Acabar el año con el entrenador y asumir las consecuencias de las decisiones tomadas; hacer camino de una vez por todas, quitarle los poderes que le dieron (y si no lo acepta, la decisión de continuar recaería sobre él y no sobre el club) y fijar los contrapesos que ahora mismo el modelo no tiene.

La entidad necesita pensar a largo plazo, rectificar sin dejarse llevar por tres meses malos de un proyecto pensado para un lustro. De una manera u otra hay que romper con ese círculo vicioso que hace que en los últimos diez años estemos cada dos cursos echando a presidentes, cambiando plantillas enteras, directores deportivos y sustituyendo entrenadores cada seis meses. Si el modelo no es sostenible, abandonemos esa apuesta de ‘todo al cuarto puesto’ y empecemos a construir algo de verdad desde abajo.

Porque todo este debate, este repetirse como loros, ese vivir en un constante bucle, no demuestra más que una cosa: La debilidad de la institución y su desnorte estructural.

Hasta que no solucionemos eso ya se puede ir Marcelino o venir Hulk Hogan. En este plan lo sorprendente, lo extraordinario, es obtener éxito. 15 años llevamos así, y ya vemos los magníficos resultados cosechados.

Anuncios
¿Mateu irá detrás?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s