En Mestalla se remonta

Pues ya está ahí. Y como en tantas otras ocasiones en el último lustro, cruzar la última frontera (las semifinales) representa la oportunidad de renacer. La vía para escapar de un ostracismo insoportable.

Aunque las inseguridades siempre afloran. Dudas de una época de golpes y terrores que no se desvanecen nunca. Son lógicas. Son hasta convenientes. Si nunca nada fue bonito, ¿por qué ha de serlo ahora?

El Valencia es así, te da la vida cuando menos esperas de él, y te la quita cuando más crees.

Pero intuyo que ahora ocurrió algo. Un clic. Que invita a ser más optimista. A que estas semis, las enésimas, sean más que las anteriores y no otro accidente bochornoso como aquellos, de los que saliste goleado ganando un partido de diez.

Y es que no hay mejor pegamento que la épica, sobrevivir al minuto 90… pocos insufladores de moral como ese. De tales mejunjes surgen los grandes equipos. Y es precisamente lo que dota de un background a esta semifinal que ninguna otra, salvo la de 2014, y a una escala menor, tuvo.

Ahora, de manera casual, como siempre fue el éxito en estos lares, tanto la entidad como su masa social están en disposición de transformarse en un torrente que lo arrase todo. Porque ha surgido una extraña simbiosis entre público y equipo como antes nunca existió. Y cuando eso sucede, no hay freno. Se vio muy bien la noche del Getafe, donde el rugido de Mestalla regresó del olvido para marcar los tiempos de una remontada que empezó a ganarse antes en la grada que en el césped.

El reto es saber aprovechar ese viento de cola para desencallar. No hay mejor momento para cobrarse la mamella de Zigic, el Mbiazo, a los Neville… y una década de humillaciones. Tu mayor derrota en un siglo.

También trata de una lucha a contrarreloj para evitar la primera década en blanco desde la fundación de la entidad. Son mucho más que 180 minutos. Es mucho más que un pase a semifinales. Sería mucho más que jugar una final (aunque se perdiera). La batalla en la cual está inmerso el Valencia, lo que no entienden personajes como Machín, es que todo esto trasciende al resultado puntual o a una mera clasificación. La pelea es otra, y más importante.

Va de reencontrarse. De resurrecciones. Recuperar al viejo insolente que siempre fue este club. La filosofía traicionada. Rebelarse contra los elementos y el poder. El sólo contra todos y a pesar de todo.

Porque lo que más necesita el Valencia, con urgencia, no es ladrillo, créditos bancarios o ser atrezzo en una Champions configurada como escaparate para millonarios. Lo que necesita este Valencia, como el oxígeno que respira, es gloria. Volver a la palestra. Frenar esa sangría generacional que ha hecho que los patios de nuestros colegios se llenen de camisetas de Messi. Que a nuestros padres le estén saliendo nietos culés. Aquí lo que está en juego es el futuro de una entidad que sigue teniendo cara de muerto.

Es de lo que trata todo. Es de lo que va la disputa encarnizada, y tremendamente complicada, que espera ante el Betis.

Porque estamos ante una oportunidad inmejorable de recuperar la vieja voluntad de querer llegar. De entender, de una santa vez, que hay vida, mucha y mejor, más allá de un cuarto puesto. Lugar idóneo para recuperar músculo social, deportivo… Porque con triunfos vienen los ingresos. Con triunfos, se recupera la autoestima, se pueblan las gradas y vacían las tiendas. Con triunfos, todo. Con simples cuartos puestos lo que cultivas es la indiferencia, la muerte en vida… Esa obsesión estúpida y reduccionista por la cuarta posición es culpable de haber llegado a esta situación. De desperdiciar una década entera, total, para no conseguir nada. Porque todas tus cuestiones de Estado, esas con las que has justificado sacrificios estériles, siguen donde el primer día. Sin solución.

Todo sucede en el mejor momento. Con Gameiro enchufado. Rodrigo resucitado. Gabriel y Coquelin mandando. Parejo en plan estelar. Cherishev aportando. Gayà como en su debut. Los chiquillos rompiéndola. Guedes y Kondogbia a punto… y con el minuto 93 jugando todo el año a favor. ¿Pero podrán? ¿Pero será esta vez la buena? ¿Pero sabremos aprovechar todo esto en lugar de desperdiciarlo como siempre?

De momento han conseguido, aunque sea por un instante, que volvamos a sentirnos vivos.

De ocurrir lo peor, recuerden: En Mestalla se remonta.

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