Hablemos de Kevin

Cuando se haga el resumen del año no se podrá obviar el meme: Zasca. Pocas veces, no creo recordar ninguna, se ha vivido un curso donde tanta sentencia, tanto comentario fútil, haya dejado a tal cantidad de gente con el culo al aire en tan corto espacio de tiempo.

Los instantes líquidos que vivimos no son adecuados para las aseveraciones categóricas. Y muy especialmente en el fútbol.

Los grises, los matices, hasta las contradicciones, forman parte del decorado. Lo que resulta más llamativo no es eso, que entra dentro del juego. Lo sorprendente es observar a muchos de esos ridiculizados por los acontecimientos insistir en la búsqueda de detalles, anécdotas, o comas mal puestas, para continuar fabricándose argumentos que validen su postura frentista. No aceptar la derrota, ni admitir el error, ya habla muy a las claras de la catadura de una persona/sociedad.

Me debato sobre qué me llama más la atención, si eso, o su convencimiento de que viven haciendo el bien, de que es su comportamiento lo que ha arreglado las cosas.

Como está visto que es una batalla perdida, para qué continuar con gente que es incapaz de disfrutar de nada. Cada uno elige de quién se rodea y en qué utiliza su tiempo. Así que pasando de estos, con la sonrisilla puesta, y el goce danzando, vamos a ocuparnos de un muchacho que está erigiéndose en el icono de un Valencia que sólo necesitaba tiempo y un poco de comprensión.

Se llama Kevin, es francés, y se le daba por desaparecido. Pero afortunadamente ha vuelto para ejercer el papel de aquel Viola de la 95/96.

No baila danzas caribeñas a cada gol, pero tiene un ojo morado que es un primor. Letal en las distancias cortas. Tal vez en aprovechar ese espacio de terreno esté la clave de todo. Aunque decir esto pudiera hacer pensar que en campo abierto es malo, o lento. Y no lo es. Sólo que en esa acotación, además, muestra su belleza filtrando pases medidos. Lo pequeño lo hace espectacular gracias a una retahíla de dulces movimientos, y una especial generosidad en el desmarque y la asistencia.

Incluso ha conseguido conformar una sociedad con Rodrigo (mundialmente conocida como Rodrimeiro) que está tirando del carro de una manera espectacular. Pareja de resucitados que representan ocho de los diecisiete goles anotados por el Valencia desde el ocho de enero. Registros que aumentan su esplendor con las cinco asistencias que los acompañan.

Pero tal vez lo más representativo del Gameirazo sea su ejemplaridad como metáfora de la situación. Un chico que ha trabajado en silencio contra su handicap, adaptándose a lo que se le exigía, y sin rechistar, mientras le caían toda clase de agravios encima. Quién sabe si todo ello es lo que configura su otra peculiaridad, la de salir de refresco como solución mortífera. Pocas veces un suplente, un recurso a la desesperada, ha cambiado tanto los partidos como las incursiones de Kevin en instantes de necesidad.

Cuando se haga el resumen del año no sólo se hará uso del meme, o de la nula capacidad de análisis, o altura de miras, de un entorno aficionado a fomentar el exabrupto gratuito y prejuicioso. También se hablará de la influencia del minuto 93 en la temporada. El momento Gameiro. Rasgo que puede decirnos muchas cosas. Una de ellas, que este equipo nunca deja de intentarlo. Como el mismo Kevin. O el propio Cheryshev. Del ostracismo al hombre que más ocasiones de peligro genera por partido.

Aunque para el ruso todavía no hay reconocimientos. No sea que se nos desmonte otra paraeta.

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