Ganar en Vila-real

Me pregunto a qué nivel de depravación habré llegado para ser capaz de disfrutar de esta temporada. Y hacerlo, además, como un niño.

Creo que tiene algo que ver con que diera por muerto a este club cuando Neville, abandonando toda esperanza. Mezclado con esa determinación a quedarme sólo con los partidos reduciendo a la mínima expresión lo que ocurra durante la semana. Ni redes, ni tele, ni radio, ni prensa. Ahí empieza una transformación, quieras que no, que te permite ver las cosas sin tanta contaminación.

Esa nueva visión que te regalas creándote un ambiente más sano se nota mucho cuando visitas de manera furtiva al pajarito azul, pronto descubres partidos que no has visto. Y lo peor es que el malo eres tú por no salirte un torrente de bilis a cada minuto desde lo más hondo de tu teclado.

Vivir sin expectativas y con los pies en el suelo, consciente de tu lugar en el mundo, es lo mejor que hay. Me gusta haber sabido regresar a 1998. El fútbol vuelve a ser divertido y no un criadero de mala leche.

Me resulta importante esa adicción por el minuto 93. Creo que esa adrenalina hace mucho bien a esta valoración. Más que nada por la necesidad de sentirse vivo que exigía durante años a este equipo. De abrazar la filosofía Klopp. Venimos de unos tiempos, desde Unai (qué guay), donde de enero a mayo no había ya nada que hacer. Entrabas en un estado comatoso, de dejar pasar los días, hasta la llegada de la última jornada. Un bodrio infumable, carente de toda emoción. Por entonces reclamábamos al técnico vasco que arriesgara la Champions para intentar dar la campanada en la Copa o la Europa League, para poder sentirnos vivos alguna vez y tocar pelo antes de que tanta venta y crisis convirtiera esa aspiración en quimera. Recuerdo, también, como los matamos a todos, de Quique a Nuno, por tirar Copas asequibles y de camino llano para asegurarse el puto objetivo de la cuarta plaza.

También recuerdo como hasta hace nada leía tres mil veces al día que preferiríamos ser quintos o sextos y ganar un título, como el Sevilla, a ser tercero o cuarto y no ganar nada. Clamando por el regreso del equipo bronco, feo, y asqueroso, pero competitivo.

Me gusta ser coherente, aunque la experiencia te haga ver la vida de manera diferente con los años. Por eso, a mi modo de entender el VCF y el fútbol, prima jugar finales y ganar títulos por encima de cualquier clasificación en la Liga. De ser efectivo antes que bonito.

No sé si será desesperación, ganas de recuperar la senda perdida por el único camino factible o qué, pero quedar cuarto me resulta de una mediocridad insoportable. No has hecho otra cosa en tu vida que ser cuarto. Estamos hartos de ser cuarto. Es rutina. No puedo tolerar que se llame a eso un éxito, o que convierta en bueno o malo un año. Sin embargo, jugar finales, ganar títulos, sólo ocurre una vez cada diez o quince años. Con suerte. Eso sí es extraordinario. Meritorio. Histórico.

Además, en un contexto donde estás perdiendo masa social a raudales, con los chavales huyendo a otros clubes y los mayores convertidos en una manada de neuróticos, de lustros con la autoestima por los suelos, necesitas más tocar metal que ser un muermo de cuarto clasificado. Lo único que puede suponer alcanzar la zona champions es la guinda a un curso impresionante. Nada más.

Entiendo muy bien que en Vallecas salieran a reservar, te están diciendo que también quieren la Europa League. Y eso me parece destacable aunque no quita que el domingo no fuera día para cagarse en el trabajo de meses de esa manera. Pero el VCF es así, no vayamos ahora haciendo como que no lo conocemos.

Evidentemente, todo esto tiene sus peligros. Arriesgar, ya lo dice la palabra. Por eso lo que suceda en Vila-real, en la eliminatoria concretamente, es muy importante para la calificación del curso. Porque ahora mismo estás en ese cruce de caminos en el que puedes acabar en los libros de historia o en la quinta porra. Y será decepcionante desembocar allí. Claro que sí. Pero afear a una plantilla que ambiciona objetivos tan sucosos, aunque se quede por el camino, es de estúpidos. Luego pedimos mentalidad ganadora y exigencia. Este equipo, con todas sus limitaciones y taras, quiere ser campeón. No veo mayor triunfo que ese.

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