La historia está en Londres

El VCF es un ente inescrutable. Ya lo dábamos por perdido. Estaba caído del fútbol moderno. Acostumbrado a mirar con envidia, desde su intrascendencia más absoluta, cómo eran otros quienes ganaban y luchaban. Atacado por la melancolía. Rodeado de un cinismo enfermizo que hace que incluso, en estas, sus avances sean recibidos con desprecios y burlas por parte de los suyos, los que deberían estar en modo 1998, pero que siguen empeñados en no aprender nunca nada.

Abocado a cerrar su primera década en blanco en un siglo se planta contra pronóstico en una final. De festejar un centenario en la miseria a tener otra a las puertas.

También lo dábamos por muerto al sumar en tres semanas casi las mismas derrotas que en toda la Liga. Y ahí sigue. Ahí está. Ahí. Empeñado en romper con esa norma que dicta que en medio siglo sólo haya encadenado dos o tres buenas temporadas ligueras en cinco ocasiones. Cinco buenas etapas de 48. Lo intentará con cuatro cañas. Sí, a pesar del edulcoramiento general, son cuatro cañas. Con el Karma a su favor. Sin saber muy bien, a lo Pedro Sánchez, cómo ha llegado, pero llegando contra todo y a pesar de todos.

¿Sabremos medir lo que está haciendo este equipo? Llegar a mayo compitiendo por todo es algo al alcance de muy pocos, y nada habitual verlo en estos lares. Una factura que está por ver si será cobrada.

Es otro misterio afrontar el partido del jueves noche. Te divides entre la evidencia de la superioridad inglesa, temiendo salir goleado del Emirates, sabedor de lo justito que llega este equipo, y la esperanza de ese gen ultracompetitivo que luce, de una capacidad de lucha que hace que esta gente nunca se rinda, llevándolos si es menester a ganar, remontar, o salir vivos del campo ante la peor circunstancia.

Incluso en esta clase de envites, que es donde se le ven todas las vergüenzas, ha ido disimulando varios defectos. El otro día, en campo del Atlético, plasmaron muy bien lo pulidas que empiezan a estar las carencias, de todo tipo, en este equipo. Insuficiente, pero mejor ahora que antaño.

La historia está en Londres, muchachos. Es la oportunidad de salir del túnel. Es el penúltimo escollo para volver a ser. Es la ocasión de jugar dos finales en un mismo año por primera vez en tu vida. Si consideramos la Europa League una competición nueva, surge además la posibilidad de ser el primer club europeo (ahora compartido con la Juve) en haber jugado la final de todas las competiciones continentales existentes desde 1955. Es una nueva ocasión para cerrar la boca a los que no creen, nunca lo han hecho, y jamás lo harán, en este equipo. Es la vía para seguir creciendo y cimentando un grupo que tiene pinta de protagonizar un cambio de época en este club. En Londres está la primera página de un nuevo libro. Hay que aprovecharlo.

Tan especial y absolutamente apasionante está resultando este año que el fútbol, ese viejo cabrón, ha hecho que te saltes la obcecación reduccionista de un intrascendente cuarto puesto llevándote por el camino que realmente necesita la institución: El de los títulos.

El maná para recuperar bríos, entusiasmos, frenar la sangría generacional, reverdecer laureles y acabar con esa pesadumbre depresiva y amargada que puebla las calles.

A Londres iremos. A la ciudad donde estudió Luis Casanova, sede del equipo del que se hizo socio. A casa del rival al que le ganaste el título más importante que descansa en tus vitrinas. A seguir haciendo historia empujados por la magia del centenario.

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