Que nos quiten lo bailao

Si a los tres que leen esto de manera habitual no les había quedado clara la imbecilidad que atesoro, les cuento que pudiendo ir a Sevilla rehusé a ello por creer, algo que llevo haciendo más de un año, que Bakú era destino fijo. Y que si iba a una no me daría para ir a la otra. Pocas veces tuve tan claro algo como que la Europa League caería. Y tuvo que aparecer Abumeyang.

No está mal, en el fondo. El meneo que te metieron, el de Emery a Marcelino incluido, está bien para entender todo lo que te falta, o lo lejos que aún estás de los estándares. Esos siete goles son la diferencia de ir por la vida con un par de cracks en la delantera a hacerlo con Rodrigo y Cía. No hay mejor bofetada de realismo que esa.

Esperemos, si la FIFA no sanciona, que este verano no se cometan las mismas barbaridades del pasado mercado estival. Un año entero lastrado por ello y las extrañas decisiones tomadas en pretemporada. Solventados muy eficientemente, hay que decirlo. Pero un lastre importante que te ha hecho ir a contracorriente todo el curso. Llegando al momento decisivo atacado por el estrés y el cansancio.

Por lo demás, sólo hay que agradecer. Lo tuvo muy fácil este equipo para rendirse, dejarse ir, esconderse tras los cantos de sirena que pedían la cabeza de Marcelino, y sestear. Pero decidieron arremangarse y remontar once puntos de desventaja respecto a la Champions llegando hasta el final en Copa y Europa League. Pocas veces hemos tenido el placer de disfrutar de un vestuario tan comprometido y ambicioso como éste. Nada habitual por estos lares. Creo que es algo que no estamos sabiendo valorar en su justa medida.

Pero si hay algo que no entiendo es lo ocurrido tras sacar el billete a Sevilla. Se suponía que debía ser un escenario de paz y sosiego. Una dulce luna de miel. Pero lejos de ello trajo la mayor oleada de crispación. Una pseudo guerra civil entre facciones en la grada y el entorno. Una escaramuza constante por querer tener razón o no bajarse del burro por algo que se dijo hace meses. Generando problemas donde no los hay. Todo ello ha llevado a dejar tirado al equipo en los momentos más cruciales del año.

Incluso se dan situaciones tan kafkianas como ver a los que se han pasado días y horas despreciando la final copera del Valencia por destilar su odio al entrenador indignarse porque Tebas utiliza sus mismos argumentos para llamar ‘fracaso’ a una entre el Recreativo y el Mallorca. Ni coherentes son capaces de ser.

En fin, que el que no sepa o quiera disfrutar de la vida, es problema suyo. Este curso ha sido de lo más divertido. Una montaña rusa de emociones como hacía tiempo que no sucedía. Fíjate que puede hasta acabar con desplazamiento masivo a Valladolid y cerrar con una pequeña fiesta conseguir esa obsesiva y enfermiza cuarta plaza que ofusca todo porque ya no somos capaces de ver más allá de ella. Si hubiera alguna capacidad para leer la situación, o de haber aprendido algo durante estos años de plomo – cosa que creí que ocurriría, otro error- se entendería mejor que estamos en 1998 y no en 2006. Que el Valencia es un club caído que se está levantando y no un equipo maduro llamado a las alturas. Esa regresión mental está por hacer, porque el problema de mucho de lo que pasa es que seguimos teniendo en la cabeza un Valencia que en el mundo real hace años, y años, que dejó de existir.

Que los procesos llevan un tiempo es lo que falta por entender. Nadie, por ejemplo, hablaba de Klopp cuando al Liverpool le remontaban partidos cada dos por tres, y de la forma más ridícula, dejándose ingentes cantidades de puntos por el camino. Lo quieren ahora que, tras cuatro años y varios centenares de millones en fichajes, ha acabado de pulir a su equipo. Al otro, esos mismos que lo llaman ‘entrenador como Dios manda’, le hubieran sacado los pañuelos a la tercera remontada en contra. Martirizado en acoso mediático para cambiar su sistema o estilo de juego, e incluso llamado payaso por hacer muecas y contar chistes en rueda de prensa.

Intentar construir algo en Valencia es pura quimera. Y es una de las razones por las cuales la irregularidad forma parte de su ADN. Porque nunca hubo proyecto. Plan. Estabilidad. Un salto de mata constante que se acababa en cuanto se acababa el entrenador milagro. Cualquier intento moría por la cultura de la crispación de la que formamos parte.

No es casualidad que en 50 años sólo hayas conseguido en cinco ocasiones (seis de confirmar el domingo la cuarta plaza) encadenar dos años seguidos (Unai fue el único que hizo tres) entre los cuatro primeros. Ahí debe estar la prioridad del club ahora. En hacer proyecto y oídos sordos a lo que diga el entorno o la calle. Es la única manera de crecer y llegar. Y es, esa estabilidad y oídos sordos, lo que hizo que la temporada no muriera en diciembre, como pronosticaban los que pedían ceses, revoluciones, y comienzos desde cero por enésima vez.

Proyecto, cueste lo que cueste. Cimentar lo logrado. Jugar una final de Copa, se pierda o se gane, remontar 11 puntos en liga, llegar a semifinales de Europa League, y una fase de grupos de la Champions con dos rivales de tanto nivel, ya es un aprendizaje excelente que va a dotar de un plus muy importante a muchos jugadores de cara al futuro. Apostemos por seguir avanzando. No por repetir los mismos errores de siempre.

Anuncios
Que nos quiten lo bailao

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s