Centenario sin Praga

La primera posibilidad de visitar Praga la truncó el sorteo de la Europa League. Era el momento ideal para cumplir con una invitación que lleva 96 años pendiente de saldarse.

La segunda residía en los amistosos de pretemporada. Pero viendo el planning parece que tampoco surgirá la ocasión. Y difícil está que la competición europea te lleve allí en el presente curso.

¿Pero qué hostias pasa con Praga? Pues muchas cosas. No voy a contar la historia del doble partido frente al Sparta del 30 de diciembre de 1923 y año nuevo de 1924, pero aquel encuentro marcó un antes y un después en el nacimiento del Valencia F.C., una especie de punto de inflexión que lo precipitó todo. Fue el reflejo de un club por querer ser. De tal lustre que no escapó a los ojos de los visitantes. Su capitán, en una entrevista para El Pueblo, y después su vicepresidente, en la famosa carta de despedida, lo sintetizaron en esa frase que bien podría ser lema oficial: La voluntad de querer llegar.

La cosa de un centenario impersonal, más dado a los asuntos del alma que a los santos, ha dejado escapar la oportunidad de reivindicar nombres propios. Uno de ellos, fruto de esa admiración por el fútbol checo, la escuela imperante en aquel tiempo, trata de Antón Fivébr. El primer entrenador profesional del club. Exjugador y capitán del Sparta de Praga. Una figura vital, pues fue el encargado de organizar la nueva estructura deportiva del VCF. Introductor de las secciones deportivas y de montar por empeño personal los primeros equipos infantiles y juveniles. O sea, de crear la cantera.

Por eso, y por más, era importante en año del centenario visitar aquella capital y homenajear junto a sus descendientes a un protagonista como el entrenador con más partidos al frente de la entidad. De los más laureados. Y sin cuya herencia no se explicarían muchas de las cosas que damos por sentadas.

El nudo de todo esto está en las ansias de progreso y el ambiente educativo que satisfizo a los checos, al punto de cursar una invitación al Valencia para que fueran ellos ahora los que viajaran a Praga. Y que Fivébr, en su segunda etapa, estuvo decidido a cumplir. Teniéndolo organizado, billetes de tren comprados, los arreglos con su antiguo equipo firmados… Aunque el ambiente opositor a su figura que se vivía entonces en el seno de la entidad provocó que la directiva le desmontara, de malos modos, la excursión.

Desde entonces la deuda sigue pendiente. Y es curioso, como en 96 años, nunca han vuelto a coincidir ambos clubes. Ni en Europa, ni en torneos de verano.

Hay tiempo hasta diciembre, o marzo de 2020, para ello. Incluso se podría arreglar para la 23/24 aprovechando el centenario del acontecimiento. Nunca es tarde para reivindicar nada o a nadie, y menos al técnico checo. Del que no hay ni una placa, ni da nombre a un campo o edificio, en Paterna. Ni tampoco para recordar, o institucionalizar, aquella vieja voluntad de querer llegar de la que solemos olvidar que forma parte de nuestro ADN.

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