El problema siempre son los fichajes

Me gustaba más cuando había que hablar de dramitas superfluos de redes sociales e histéricos varios. Pero se ve que estamos condenados al circo. Intentaron ganar el relato. Una cosa curiosa, porque a media tarde del lunes quedó esto como una pelea entre comisionistas. Así de ridículos somos.

Pero en fin, la realidad es que estamos ante la cuarta crisis institucional montada por los fichajes. El monotema. Cinco años de lo mismo donde siempre se está dispuesto a dinamitar el club por el quién los hace. Y siempre tras un éxito. Curioso. Es como si la mierda se la tuvieran que comer otros y el caviar sólo uno.

Es lo grave del trasfondo de este, y estos, asuntos. Ya que en realidad trata de un choque de modelos entre quienes en ausencia de dinero (e inversión) se las han apañado para construir un equipo campeón y reconocible, un proyecto sólido e integral que va del primer equipo al juvenil, siguiendo una política muy clara y coherente, y entre quienes entienden la empresa más como un producto financiero.

Y así es difícil progresar porque siempre entrará en conflicto con cualquiera que esté aquí al frente del club. Da igual que se llame Prandelli, Pizzi, Pitarch, Marcelino, Rufete, Salvo o Alemany. O incluso Nuno. Existió con todos y por el mismo motivo. Por eso es peligroso que vuelva a triunfar, porque sería lanzar otra vez mensajes nocivos al mercado, al no querer venir nadie y marcharse todos.

Queda muy bien alegar a lo del amo y el juguete. Y lícito que quiera darse el gusto de comprar a su cromo favorito. Pasa en todas partes. Pasaba cuando los clubes eran sociedades civiles y ahora que son anónimas. Y pasará siempre. Aunque pretendan que nos resignemos a la demolición a cada roce existen métodos para cohabitar las dos realidades sin hacerse daño. Pero en el Valencia sólo hemos experimentado la estabilidad cuando Lim, una vez hundido el club, se inhibió otorgando libertad a los que sabían. Nunca con él activo hubo paz, ni rumbo, ni manera de conjugar dos realidades. La parte desestabilizadora siempre es la misma. Tal vez por una extraña incapacidad para el entendimiento. Y por eso esto nunca será un caso aislado, sino un conflicto cíclico.

La diferencia con el ayer, donde no había nada, es que la destroza esta vez puede ser mucho más grave, y profunda. Porque ahora lo tienes todo. Por fin, tras décadas. Lo tienes. Tienes un club, un modelo, un vestuario ganado para la causa (¿sabéis lo difícil que es eso?), un equipo hecho y campeón, un gran entrenador, una reputación reconstruida, titulares por todo el mundo hablando de lo bien que se hacen las cosas en el Valencia, una manada de chavales con un potencial tremendo… Por primera vez en quince años la gente mira al futuro con ilusión, ha recuperado la alegría e identificación con su equipo. Contemplándolo con confianza y no con miedo. Hay una comunión tremenda en muchos aspectos.

¿Vamos a tirar a la basura todo eso? ¿Vamos a desperdiciar la oportunidad histórica de asentar las bases de un modelo, de una cultura del trabajo, de una forma de trabajar que agigante la empresa por una pataleta? ¿En serio?

Pretenderlo es desconocer el coste social, deportivo y económico de volver a las andadas. Muchos ya íbamos muy quemados y hartos, decididos a tirar la toalla. Probablemente lo hagamos ahora. Porque no nos apetece nada volver a atrás, entre otras cosas porque no tenemos fuerzas, ni ganas, ya para soportar otra vez la insidia. Ni ver al VCF reducido a un chiste (para eso no nos haces falta, Peter), deambulando, perdido, engullido por el fútbol moderno, alejado de todo y de todos. Sin aspiraciones. Y Moribundo.

Y menos si es a costa de lo de siempre. Los fichajes del dueño.

Supongo que habrá alguien con dos dedos de frente que haya sopesado las nefastas consecuencias que puede tener esto. Quiero creer que alguien ahí dentro, entre luchas de comisiones e intermediarios, egos y poderes, esté pensando en dónde puede acabar el Valencia si a menos de tres semanas para el inicio del curso se ve sin entrenador, mando, y con un vestuario acongojado y en estampida. Lo espero. Y lo deseo. Y que igualmente sean capaces de dejar estas mierdas a un lado, porque el Valencia lo tiene todo, TODO, para iniciar un ciclo esplendoroso. Sólo hace falta voluntad y flexibilidad.

¿Si tienes algo que funciona por qué cargárselo? No tiene sentido. Pero ahora la cuestión es otra, y más profunda. Si hay solución, ¿a qué precio? Porque tampoco puede ser temporal. Eso sería un peligroso veneno en el discurrir de la temporada.

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