Puto día dos

Qué iluso es uno pensando en esto del fútbol. El verano lo empecé convencido de la suerte que tenía el VCF afrontando la 19/20 con el equipo hecho, con el subidón de un título y una temporada catártica a las espaldas, con un club sano y una estructura sólida y funcional, mientras el resto estaban embarrados en guerras internas, recomponiendo líneas de mando o teniendo la obligación de remodelar la plantilla entera. Y mira como lo hemos acabado.

Algún día, quizá en 2045, sepamos qué ocurrió realmente este verano. Pero hasta entonces, en nuestra ignorancia, debemos reconcerle a una de las partes la brillante gestión de su imagen. Lo que empezó con un señor dinamitando el club a 28 de julio con una masa enfurecida otra vez tras él, acabó convirtiendo en malo de la película a un entrenador que además de ver suspendida la planificación a días de iniciar la campaña asistía atónito a una subasta de Rodrigo, alcanzando incluso cotas indignas con tremebundas bajadas de pantalones, amenazado con no suplir su marcha. O hacerlo a las bravas con alguien que rompiera los esquemas del sistema.

Han sido muy hábiles, buenos conocedores de lo que quiere escuchar la gente en esas temperaturas. No necesitaron incendiar micrófonos, afinar en lo del cupo de extracomunitarios, o explicar siquiera que se debía vender a media plantilla para dar cabida a tres jugadores de 25-30 millones. En un periquete unos quedaron como enajenados terroristas que sólo querían suplentes del Alavés, y los otros, oh salvadores, como portadores de finos balones de oro en potencia.

Creo que es lo peor de todo, tragarse y contribuir al bombardeo propagandístico y esa guerra sucia que, más que soterrada, ha sido radiada. Evidenciamos en toda su crudeza, nuevamente, que el gran déficit de este club es no tener entorno ni masa social crítica. Meros peones de intereses espurios que no son conscientes de su rol en esos juegos, entrando al trapo sin pararse dos segundos a pensar.

Volviendo al barro, no albergo duda alguna que los derrotados en todo esto son la M&M. Quebrado el precinto de su inviolabilidad quedan como prescindibles, manchados y bajo sospecha por ceñirse a unas restricciones presupuestarias que dejan escaso margen de maniobra. Se expusieron a las guerras del mundo moderno y mostraron su aspecto cuadriculado en la era del tuiter. Donde la infopinión circula por otros derroteros, unos que por más páginas de periódico o programas de radio que tengas a favor te doblegan sin contemplaciones. La debacle de Marcelino ha venido por ahí.

En la crítica a sus desagradables ruedas de prensa, o exageraciones, podremos estar todos de acuerdo, pero a pesar de ello el fondo de su mensaje siempre fue razonable.

La gran tara de este equipo está en Mestalla, no fuera, ante rivales bien pertrechados en defensa. Ese puntito de desequilibrio, esa capacidad de filtrar pases entre líneas para romper cerrojos, cuando la posesión es más necesaria que nunca, no existe (salvo en Parejo, y con muchos peros) en una plantilla hecha para los espacios. Era una guinda más que necesaria en un año ideal para dar un pasito adelante siguiendo la fórmula empleada con Coquelin. Jugadores defenestrados que restaurada su confianza puedan aportar un gran potencial a un coste asumible.

Que se llame Pepito o Manolinho es secundario. Se requería, y no llegó nunca. Aplaudido bajo más inventos.

Pero a pesar de toda esta mierda el árbol no debe impedirnos ver el bosque. El equipo es lo suficientemente bueno para alcanzar sus objetivos. Y a pesar de las formas, y el recorrido, no se distingue en casi nada de lo planeado antes de la crisis. Mantienes, aunque sea de rebote, un bloque que mejorará ostensiblemente si la evolución de ciertos elementos es la esperada y el compromiso y los estados de forma se respetan. Así, sobre el césped no hay dramas que valgan. El problema puede estar en lo ambiental. En los primeros dos partidos perdidos. En cualquier mala racha. Donde todo vuelva a estallar y esa atmósfera emponzoñada que ha surgido del verano lo estropee todo.

Empezar el curso con el entrenador señalado, temiendo que a la mínima será destituido, o que haga lo que haga, su estancia tiene fecha de caducidad, ya es un síntoma del alcance de la ruptura. Y una peligrosa tentación. Por más tiritas que le hayan puesto al cristal a la primera tempestad saltará por los aires. Es cuestión de que la pelotita lo evite. Por el bien de todos.

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