Sociedades y fútbol

Te hacen jugar a las 13:30, una franja anticlimax, antifutbolera, para abrirte, según dicen, al mercado televisivo chino. La respuesta de los aficionados del Lyon, además de dejar vacías las gradas, fue elaborar un tifo con la bandera del Tíbet pidiendo su libertad. Acompañándolo durante todo el encuentro con cánticos en favor de la causa tibetana.

Las aficiones del fútbol hablan mucho de las sociedades que acogen. Aunque a veces se les trate como marcianitos que bajan en naves y luego desaparecen de la faz de la tierra. Pertenecen a ellas. Surgen de ellas. Son ellas. Y por eso reflejan muy bien lo más crudo y bondadoso de las mismas.

Ahí entra el contraste con lo local. Una sociedad acrítica, muelle, ignorante, pasota, pérfida, inculta, anticuada y atrofiada en el silencio y aislada del mundo nunca mostrará un ápice de simpatía por ninguna causa. Son abundantes los incendios en las gradas e instituciones balompédicas, en la calle y en los papeles, cuando algún club centroeuropeo hace un amago de asociarse con Arabia, Qatar o enclaves similares. Al punto de renunciar a suculentos contratos, o renegar, por presión popular, a patrocinios como casas de apuestas o tinglados legales de reventa de entradas.

Una sociedad ultraneoliberal a la que han convencido en el desprecio al servicio público permanece callada ante el problema de la ludopatía entre los más jóvenes y vulnerables, contribuyendo con su jaleo al blanqueo que el balón ejerce con su altavoz al ligarse a sus equipos. Una sociedad educada en el clasismo alertará sobre la llegada de la mano de obra pobre, pero aplaudirá el dinero manchado de sangre de los Saudíes. Los amigos del jefe del Estado. Sin importarles que sus equipos se presten a descarados ejercicios de propaganda de un régimen que decapita a niños de 18 años por pedir en un blog mínimas reformas que profundicen en libertades, como permitir a las mujeres poder asistir a los campos de fútbol, o conducir.

La cultura del ‘no te metas en política’ (y permanece ignorante a los problemas que te afectan) instaurada al sur de los Pirineos es la madre de la falta de conciencia social que hará que en un campo de fútbol jamás se proteste contra el gigante chino, las atrocidades de la que emana el dinero saudí, o los abusos que perpetran las casas de apuestas, todo a cambio de unos pocos euros en la camiseta de tu equipo. Porque en el fútbol, el hincha, el periodista, ya habla más de dinero, finanzas, y bonos, que la prensa económica. Convirtieron al socio en accionista, al accionista en cliente, y al cliente en decorado.

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