Corre, Albert. ¡Corre!

Alerta mundial: Existimos personas que siempre estaremos agradecidos a Marcelino (por motivos mil, entre otros hacernos recuperar la fe tras tanta ignominia; por ganar un título cuando ya estábamos convencidos de que jamás volveríamos a ver tal cosa; por devolvernos un VCF competitivo capaz de ganarle a cualquiera; por el año más apasionante, el pasado, en quince temporadas…) y que no tenemos ningunas ganas de que Celades fracase. Entre otras cosas porque no tenemos aguante para volver a tragar tanta mierda, ni interés en que al VCF le vaya mal y acabe el que hace doce otra vez. Y que además, pensamos que Lim es un Juan Soler asiático que empieza a sobrar.

Y como aquí no llegamos todavía a ese nivel de deficiencia mental como para decir que Celades es bueno simplemente porque no es Marcelino, o que es malo simplemente porque no es Marcelino, ni nos pasamos el día escribiendo estupideces como si el asturiano te hubiera bajado a segunda división, va y hasta nos está gustando muchas cosas de las que vemos con el andorrano.

Para empezar, ese perfil bajo suyo. Vale, en ocasiones se echa de menos que salga a la banda a pegar un grito, pero eso no tiene nada que ver con liderazgos. Liderar no es pasarse el día con la vena hinchada y enfadado. Su personalidad calmada la veo incluso una ventaja en esta situación. Hasta es un maestro en las ruedas de prensa, ese no decir nada nunca, quitándole hierro a ciertos asuntos o rebajando la tensión, y todo lo anterior, le alejan de los titulares dándole el protagonismo al equipo. Algo que incluso pueden necesitar tras el shock. También está demostrando con alguna decisión, como cargarse a Guedes, que tras esa cara de susto hay alguien con personalidad.

No es un temerario. Está intentando introducir variantes sin forzar la máquina. El día del Getafe se le fue la mano con tanta rotación, e introduciendo un 4-3-3 un poco a lo loco, con una lectura del partido bastante deficiente, pero visto el resultado, en Bilbao, volvió a la política de pequeños pasos. Matices, pinceladas, aprovechando lo heredado para mejorarlo. Porque a pesar de las muestras de desprecio hacia Celades que siguen viéndose en el ambiente, no se ha limitado a imitar, o seguir, el camino de Marcelino. Aquí hay trabajo propio. Ha introducido a los jugadores en el universo que dominan, y en el cual se sienten más cómodos y seguros, pero dándole su propio sello. Es un VCF más versátil en ataque, y más fluido. Incluso ese 4-4-2 mutante funciona bastante bien. Su éxito estará en mantener esa línea. Porque el problema de Celades es haber aterrizado como un paracaidista en este mejunje. Sin tiempo para entrenar (con tres partidos a la semana, más parones de selecciones donde se pierde el 60% de la plantilla) es complicado hacer mucho más sin padecer las consecuencias. Adaptarse a lo que tiene es un claro síntoma de inteligencia.

Cuenta con varios factores a favor para triunfar. A pesar de la dificultad tiene la ventaja de encontrar un muy buen equipo, con dos años a las espaldas de experiencias que le han preparado para los altos vuelos, sumando un vestuario sano y bastante comprometido. Es cierto, su afinidad con el anterior inquilino puede resultar un muro, y esa confianza está por conquistar, pero con unos jugadores implicados todo le resultará más sencillo. Influye también el factor entrenador nuevo, donde todos parten de cero. Contar con futbolistas que ya parecían descartados, o arrancar titularidades que parecían seguras, es un elemento motivador importante. Además, salta a la vista, él sí es el entrenador de Meriton. Con lo cual la paciencia y las oportunidades para sacar esto adelante, mercado de enero incluido, van a ser mayores. También parte con las expectativas reducidas, el advenimiento de un desastre evitará convertir en un drama quedar octavos o sextos. Toda la responsabilidad y presión ambiental recae sobre la propiedad.

¿Los riesgos? Los riesgos son muchos, aquí contados ya, y circulando por la calle desde el primer día. El principal, por si vienen malas, es que al igual que Nuno, y todo entrenador traído por Lim, está sólo en el día a día. No tiene nada, ni a nadie, detrás. Celades y nada más. Y para ganar, en el largo plazo, es necesaria una estructura apoyándote. Esa ausencia, en clave interna, resulta una tentación demasiado peligrosa si los resultados no empiezan a llegar. Las dudas son el principio del fin en la confianza en un entrenador, y si un vestuario mira, y ve, que no hay nadie tras el míster el final se escribe sólo. Por eso regresar en Bilbao a lo conocido, y sacar con ello un triunfo, es un espaldarazo importante en tan decisivas horas.

Ahora queda por ver cómo se desenvuelve en los retos mayúsculos que esperan tras el parón, ahí entramos en la zona roja de todo entrenador. Octubre y Noviembre son meses clave. Donde los pulgares van para arriba o para abajo. En estos cinco partidos Celades ha mostrado cosas interesantes, pero falta consolidarlas con regularidad. En esos escenarios veremos si vale.

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