Perdieron hasta el relato

Debería hablar de lo de anoche. Pero los puentes aéreos y no quedar liberado hasta bien entrada la madrugada no ayuda a ello. Además, ocurra lo que ocurra, estaremos celebrándolo. Porque no sólo ya está todo dicho, sino que tanto si clasificas como si eliminas este equipo ha firmado una soberana Champions, a la que no hay que ponerle ningún pero. Pasarás por méritos, o caerás por tus propios errores. Octavos o el inicio de la conquista de la Europa League. Todo positivo.

Algo así como lo del derbi, mientras hacen ver algunos que ignoran su existencia, a la vez, se pasan los días construyendo rivalidades. Para negarlo hay que ver los esfuerzos que realizan para que salga una buena salsa, o lo pendientes que están, y enterados, de todos los sucesos en la otra orilla del río. Demasiadas molestias se toman en tirar puyas para no importarles.

Pero mi fenómeno favorito es esa nueva costumbre en la acera gimnástica de intentar mantener intacto el relato purista que esgrimieron con tranquilidad durante años. Gracias, en parte, a nuestra dejadez y pasotismo. La actitud de la ciudad blanquinegra, acostumbrada a ejercer de one-club-city, descuidó, abandonó, demasiadas cosas que fueron usurpadas por terceros. Eso, en los nuevos tiempos, aunque sea a cuenta gotas y en pequeños círculos, está cambiando.

Así lo denota la reacción a la defensiva que a cada duelo ciudadano aparece en ciertos papeles o foros. La historia del oprimido, de la pureza ideológica, se va desgarrando por el peso de la propia verdad. Normal esas revueltas granotas. El relato, aunque tergiversado, es lo único que les quedó. Lo han alimentado a base de fábulas e idealizaciones extremas que les calentó en los duros inviernos. Pero la tímida reacción blanquinegra en materia historiográfica los está empezando a dejar con el culo al aire. Again.

Porque si hubo un club afín al poder, con todas las letras y sin ambages, fue el Gimnástico. Excitadísimo en mostrarse partidario de los regímenes (nunca con ninguno democrático) que ha conocido a lo largo de sus 110 años de existencia. Incluso ya perpetrada la fusión, una maniobra política diseñada desde el régimen del 39 para plantarle cara al VCF, se cosieron el logo de la Falange al escudo. Si no supo aprovechar esos vínculos en su favor, lanzando incluso en 1943 otra andanada de mucho dinero para tratar de fusionarse al Valencia, tras intentarlo con el Castellón, para generar un superclub, fue por cuestiones internas. A veces por la visión amateur del deporte que tuvieron, otras por ser como Juan Roig o Peter Lim, gente con dinero e influencias pero con una mentalidad sumamente mediocre y errática en las cuestiones del balón.

Lo mucho, o poco, que consiguió el Fé-Cé fue a riesgo de su propia subsistencia. Empujado por una ambición desmedida. Como la compra y construcción de Mestalla, que le hizo sortear la desaparición en más de una ocasión debido a las deudas que contrajo por meterse en una empresa para la cual no tenía dinero.

Eso que (mal) llamamos burguesía pasó olímpicamente del club. Antes de la Guerra y después de ella. Antes, odiaban el fútbol, despreciándolo, era cosa de pobres. Después, por educarse en Madrid, o por afinidades a Paquito, acabaron haciéndose del Real.

Aunque uno de ellos permanece subyugado siempre al primero, los amigos granotas parten con ventaja al ser dos clubes en uno. Así, pueden usar la parte de la historia que les convenga. Me parece justo, y loable, que la pequeña rama de tradición cabanyalera identifique al actual LUD con el viejo Levante F.C., a pesar de quedarles sólo medio nombre. Pero son eso, una minoría que juega con la nostalgia alimentando la ilusión de mantener vivo lo que les quitaron por la fuerza y a punta de pistola. Es la trama que usan incluso los de tradición culé que se fueron al Barça, o regresaron de él al éxito del siglo XXI. Convirtiéndolo, paradójicamente, otra vez, en el equipo dominante en las esferas del poder local. Pero lo que hoy existe sigue siendo una entidad en manos, como lo fue durante gran parte de sus ocho décadas de existencia, de familias gimnásticas. Por eso, ellas, jamás entran en estos juegos. Por eso, muchas cosas. Como ver a alguno de sus directivos en manifestaciones de la extrema derecha. Y a otros, enrolados en sus entramados empresariales.

Sólo hubo un club en esta ciudad con una clara voluntad opresora. Y vestía de azulgrana. Si los nietos del Cabanyal quieren buscar culpables a sus desgracias que empiecen mirando a su compañero de viaje.

No quita todo esto para reconocer que el LUD lleva años haciendo las cosas francamente bien. Y que no deja de ser una magnífica noticia que en dicha ciudad haya un equipo con más de 20 mil abonados, con todas sus comillas. Al punto de que le ha comido el terreno al VCF en muchas parcelas. Y más que puede restarle, al haber quedado los blanquinegros en manos de tipos que desprecian con toda su alma lo local. La ciudad puede ser suya si lo saben hacer.

En total, que hacemos derbi sin hacer derbi, y con pinta, de que gracias al dominio de los superclubes, las reformas en ciernes, la revolución de la tv, y los destarifos propios, en los años 20 del siglo XXI puede alcanzar los puntos álgidos vividos en las mismas alturas del pasado siglo .

Pues viva el derbi.

Perdieron hasta el relato

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