Tu peor enemigo

Estamos haciendo historia, es la primera vez que un club monta un pollo (dos, en realidad) para que un jugador referente se vaya. Normalmente, estas cosas pasan al revés. Pero aquí, hasta hay súperagente con poderes del VCF subastando al chico por media Europa para ver quién se lo lleva.

Solemos estar acostumbrados a que sea la entidad tenedora de los derechos del futbolista quien muestre su rechazo a la salida de su estrella, con declaraciones públicas que refuercen su postura negociadora en favor de un trato más favorable para sus arcas, en plan “lo comprareis, pero os sacaremos los ojos”. En esto, asistimos atónitos ante portavoces oficiales exhibiendo su felicidad, su excitación, no sólo por la posible salida del crack, sino su orgullo en que alguien haya atendido a tu propio anuncio en ebay.

Normalmente, los compañeros del jugador salen a poner paños calientes, “es su decisión, hay que respetarla”; “decida lo que decida siempre seremos amigos”… bla bla bla. Aquí, los colegas, en este surrealismo en el que estamos inmersos por condena, comparecen ante los micros para darte bofetadas al pretender deshacerte de un puntal del equipo de esta manera en un momento crítico del curso.

Generalmente, en estos casos, en un mundo normalizado, los hinchas montan escándalo ante la enésima salida de un referente del equipo propiciada por la debilidad de un club desnortado, que lejos de defender sus intereses parece obzecado en erosionarlos. Suelen ser los odios y los rencores quienes sustituyen a las adhesiones al equipier. En esta, redoble de tambores, afloran los amores al tipo, silenciados por el ruido de una orquesta de focas esgrimiendo jerga de broker. El antisupporter encontró cuna en Valencia.

En condiciones normales, una entidad que encuentra un camino exitoso que le devuelve la gloria arrebatada tras muchos años de pasear por el infierno, soportando toda clase de humillaciones, se encorajina por mantener viva la senda y seguir creciendo. Se reafirma en esa postura, orgullosa, te vende la fórmula del elixir. En el VCF de Meriton, el éxito es tratado como un coste, afanándose por dinamitar toda huella, desmontar todo el tinglado, mutilando la fortaleza, y si además se le permite, echar toda clase de mierda a sus autores.

Normalmente, un equipo que sabe que no podrá retener a un jugador planifica no sólo la fecha de su salida, sino también el día después, buscando un margen suficiente de maniobra para poder actuar en consecuencia. Pero como somos cualquier cosa menos normales, en el asunto Rodrigo se esconde un aire vengativo, encorsetándolo en el deadline, primero para filtrar que no tendrá sustituto, y luego, para insinuar que el sustituto será un jugador que no tiene nada que ver con su rol, o en su defecto, un clon de lo que ya tienes en plantilla. Negociado, claro está, encargado a un representante portugués, porque tu estructura deportiva no es que sea un chiste, es que es mero decorado.

Pero en fin, es lo que hay. Pocas veces hemos visto a un club actuar contra sigo mismo con la misma pericia que lo haría su peor enemigo. En todo lo de Rodrigo, desde este verano hasta el día de hoy, imperan unas formas que sobrepasan de largo lo sonrojante. Porque lo más fuerte de todo esto no es que se venda, es el cómo se vende. Regado por un sesgo humillante. Nunca, ni en los peores momentos de la crisis, ni en las alucinaciones más calenturientas de Llorente, hemos visto al VCF arrastrarse de esa manera ante el mercado, poner esas facilidades, esas alfombras rojas, prestarse a deseos de terceras personas o encargar a un socio del dueño que ayude al comprador a encontrar financiación o fórmulas alternativas para poder cerrar el trato. Y mucho menos enseñar esa excitación por la venta con tal desahogo.

Además, es insistir en tu nulo interés por ganar. Tienes un equipazo que de no haberlo mareado este verano podría estar luchando por la Liga. No contento con que el experimento te haya salido medio bien, a pesar de desperdiciar unos meses de oro, persistes en ponerte a jugar a la ruleta, forzando un cambio en la manera de jugar, abriéndote a soportar una adaptación, en pleno punto álgido del curso, transmitiendo una imagen al vestuario que está lejos de ser la de un proyecto campeón. Cantándole al mundo tu satisfacción por ejercer de marca blanca del fútbol. Consiguiendo que hasta un tipo afable y conciliador como Celades empiece a filtrar su hartazgo y cansancio con tus maneras y formas de llevar el club.

Al que encima, lejos de agradecerle el favor, le llamas funcionario en una entrevista; cuya misión, afirma el incendiario que ocupa la presidencia, debe reducirse a ejecutar los deseos del dueño para sobrevivir en el cargo. Toda una andanada deslegitimadora para un señor que ha tenido que lidiar durante un mes con preguntas sobre si le hacían las alineaciones desde Singapur.

Si pretendemos convertir lo anormal en cotidiano, es que estamos peor de lo que aparentamos.

Tu peor enemigo

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