Errores habituales

La mejor definición del equipo de Celades la hizo Michael Robinson hace unas semanas: “En el Valencia defienden todos, pero no presiona nadie”.

Ha sido una constante desde septiembre, un equipo zarandeado por la ida y vuelta que plantea en todos sus encuentros. Incapaz de contener a nadie, se acostumbró a vivir en el alambre. Lo fía todo a que las mil llegadas a su área, los cientos de remates a puerta, vayan fuera o las pare el portero. Que es el mejor indicador que tenemos para retratar este equipo. Ni estando uno en su mejor momento, ni poseyendo el otro las capacidades para recibir tal nombre, te han salvado de llevarte más goles, y más derrotas, de las que mereciste o pudiste sumar. Son, es Jaume hoy, tu único sostén ante el abismo. Él evitó al Real Madrid. Que en Pucela te hicieran tres; el Eibar te remontara; el Celta puntuara; que el Mallorca te metiera seis; el Granada te humillara o que el Getafe te hiciera una docena. Igual que Cillessen evitó que el Betis te anotara otros tantos, o que lo de Londres acabara mal…etc.

Deficiencias ocultas por un despliegue físico inmenso. Esa implicación o compromiso sellada tras el día de autos las tapó durante meses. A ese ritmo de desmayo por encuentro era cuestión de tiempo que el depósito se agotara. Muchos salen a jugar con vendajes más propios de una momia que de un deportista. Otros, como Rodrigo, se están jugando la temporada, y la Eurocopa, participando con una rodilla a la virulé desatendiendo al doctor. Los hay infiltrados. Y los que sin estar, juegan porque no hay más efectivos.

No quedan piernas, ni tampoco salud. Vivir de la inspiración de los futbolistas, salvo que tengas una constelación de estrellas, da para lo que da. La ausencia de entramado táctico los condena a un desgaste que es insostenible mantener 90 minutos, a dos partidos por semana. Sencillamente, estamos pagando las consecuencias. Porque no se trata de que corran. El problema es que corren demasiado, y rematadamente mal. Cualquier acción que un equipo bien trabajado y posicionado solventa por pura colocación éstos tienen que resolverla con acciones a la desesperada.

Situar a un técnico contrario a la naturaleza de la plantilla, que no entrenó jamás, y esperar no sufrir las derivadas que comporta, sin ningún tipo de ascendencia ni influencia sobre el vestuario, y dejado a su suerte por un club dado al circo, era pura ingenuidad. Porque a lo de arriba hay que sumarle lo que pasa entre bambalinas. Jugadores que salen a afearte que vendas un pilar del equipo ante la segunda ocasión en la que subastas a uno de sus mejores elementos, enviando al socio del propietario a que ayude al comprador a encontrar el dinero para cerrar la operación. Que leen como su presidente, que no cosechó ningún tipo de respeto en esa caseta, llama funcionario a Celades advirtiéndole de que ni ganando la Champions se asegura el puesto si no cumple con los dictados del dueño. Tipos que se van al médico que despediste porque del que has puesto en Paterna no se fían…

Coleccionamos los mismos vicios y defectos que existían en 2016 y 2017. Con la salvedad de que este vestuario se mantuvo sano gran parte del año. Sólo es un aviso, otro, uno cualquiera, de lo que puede llegar si no se rectifica.

En el corto plazo, es lo peor del asunto, afrontas las semanas más cruciales del curso lleno de dudas, sin gasolina, ni una idea de juego en la que creer ciegamente, o que dé confianza al grupo. Con una gestión de la plantilla que está minando la cohesión interna. Con errores de bulto como estar dos meses sabiendo que necesitas un central y acabar fichando un cuarto lateral derecho. Y con un Celades desbordado, sin capacidad de reacción ante un desmoronamiento que empezó a inicios de diciembre. Carente de soluciones en el campo; impertérrito ante una media de 60 goles en contra a final de curso que convierte en estéril cualquier producción ofensiva; con unaiadas constantes como córners a favor que acaban en contras peligrosas, metiendo a Parejo en la cueva, a sacar el balón entre dos centrales bien abiertos con los laterales en Pernambuco, como si hubiera estado en Kirguistán todos estos años y no supiera que a Parejo lo hizo jugador Marcelino sacándolo de ahí.

La tensa calma que construyó la pelotita puede devenir en una gigantesca tormenta que convierta en oro los 37 puntos sumados. Una posición sustentada únicamente por los resultados cuasi perfectos de local, antojándose artificial llegar al cuarto puesto por juego y goles encajados.

En fin, importaría si el objetivo fuera ganar, crecer, competir. Pero está visto que la finalidad es criar jugadores y dar un pelotazo cada dos años con una venta. Así, que a llorar a casa.

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