El cangrejo anda hacia atrás

“Precisamente, sin tal compromiso, casi kamikaze, sin esa voluntad, sería un absoluto desastre. Es lo bueno de esta película, que el querer del vestuario está sacando esto adelante sin tener demasiado a lo que agarrarse. Aunque también comporta algo negativo. Con tal desgaste partido tras partido el recorrido no puede ser demasiado largo. Este ritmo es insostenible. Incluso de llegar a marzo sin plaga de lesiones musculares, lo harás sin gasolina”.

Esto se escribió en este espacio el 4 de diciembre. Iba acompañado de otras líneas, las iniciales decían que había demasiadas ganas de alzar a Celades a un dios de la táctica con una facilidad absurda y por asuntos nimios por cuestiones de trinchera. Vamos, que sorpresa, esto no es. Cualquiera con ojos en la cara veía desde el principio que este grupo corría con desespero para tapar todas las carencias tácticas que atesoraba. Que no había fe en una idea. Básicamente, porque nunca hubo una idea. Acabada esa frescura que se ha comido el fervor de los futbolistas se acabó todo. Hasta la suerte. Antaño, al menos, las 20 llegadas al área por partido las ibas sacando con fortuna, ahora lo raro es no salir goleado del campo.

Es por eso, y por las mil cosas más que al menos aquí hemos ido diciendo todo el año, que resulta absurdo pretender encalar esto en una mera crisis de resultados. Ahí está la gravedad de lo que ocurre: Es sistémico.

Las razones son muchas. Has cambiado un entrenador hiperexigente, pesado, intenso, controlador de todo aspecto, metódico, que convertía los entrenamientos en un Vietnam, manteniendo enchufada a la tropa las 24 horas del día, por otro laxo, sin apenas cuerpo técnico, que en boca de Coquelin, se dedica a no molestar. Que tampoco tiene ningún tipo de autoridad sobre el vestuario, y encima, cuando miras detrás de él, no hay club. Sólo un presidente mutado en caricatura al que la caseta no respeta. De postre, la caza de brujas en Paterna ha roto también muchos de los esquemas preparatorios. El control de la dieta, el trabajo de prevención y recuperación, el médico… Ojalá todo se redujera a cuatro partidos perdidos.

La figura de Alemany no era sólo un rostro público. Era el poder. El poli bueno cuando tocaba, y el malo cuando se terciaba. El sustento que legitimaba la constante presión de Marcelino sobre el grupo. Celades además de arrastrar el hándicap de ser un entrenador novel, sin respuesta a determinadas cuestiones, vitales en la élite, también vive abandonado a su suerte, deslegitimado públicamente ante la primera vez que sacó los dientes a Murthy alineándose con la plantilla, aterrizado en un club en demolición donde los roles de poder no existen. Lo único parecido es un tal César, al que has escondido al punto de que no sólo es una figura invisible para el entorno, es que además no tiene vínculos con el primer equipo.

La definición perfecta de una ruptura total. No es ya el empeño de enmerdar el ambiente con lo de Rodrigo en verano y en invierno, ¿vieron alguna vez a un capitán (Gayà) afarle públicamente a su club las ansias de vender a un jugador relevante en vísperas de afrontar el tramo más exigente y decisivo del año? ¿A otro (Parejo) pidiéndole que fiche a alguien de una vez? ¿O señalar que no hay objetivos a seguir, y que no te vas a meter en el Top-4 con la mamarrachada de club que has montado? Los jugadores en constante rebelión desde septiembre. Los jugadores sujetando el castillo de naipes desde hace cinco meses. Es también el presidente cocinando portadas y mensajes envenenados contra la plantilla a través de terceros para señalar a los futbolistas y desviar el foco de la propiedad.

Aunque no seas capaz de ver todo esto, quédate con algo más sencillo de digerir: Vas camino de acabar la Liga con 65-70 goles encajados. Con esa cantidad no es que no te metas en Europa, es que habrá que celebrar no quedar por debajo del 12º puesto. Celades lleva cuatro meses diciendo que habrá que hacer algo para evitar la sangría defensiva, pero lejos de ello, al puro estilo Meriton, sigue impasible ante el problema. Y no es cosa de centrales, sino de bloque. No se presiona, no se roba un balón, no se hacen faltas…

“Una clasificación sustentada únicamente por los resultados cuasi perfectos de local, antojándose artificial llegar al cuarto puesto por ausencia de juego y cantidad de goles encajados”.

Eso también se escribió aquí hace un tiempo, cuando el mundo era feliz en la inopia.

¿Ha tardado en llegar más de lo que esperábamos? Puede ser, incluso quedaba la esperanza de que decidieran darle al pause y no tocar nada hasta junio para poder pasar esta temporada como la última buena, sana, en mucho tiempo. Porque lo peor de todo lo que está pasando en el VCF no es lo de ahora, sino la insana sensación de que sólo es el principio de una tónica que se extenderá durante los próximos cursos.

Lo cangrejos nunca anduvieron hacia adelante.

El cangrejo anda hacia atrás

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