No tan Memelencia

Probablemente nunca se supere en rareza el curso 32/33. Salvados in extremis del descenso con un gol ilegal. Fruto de un supuesto pacto entre Colina y un viejo amigo de silbato acarreando el linchamiento de Mendizorroza al equipo. Un accidente de tráfico con varios jugadores heridos, quedando uno de ellos con cara de Ribéry. Una ruina económica que llevó a plantearse la conversión en sociedad anónima, para quedar finalmente a manos de una junta de acreedores. Lo que hoy llamaríamos concurso. Un solo punto sumado fuera de casa en todo el año. Y una fractura entre prensa-club-afición tan notoria que se llegaron a romper acreditaciones abandonando Mestalla durante semanas hasta recibir las pertinentes disculpas públicas tras un inusitado ataque contra los cronistas instigado desde la misma institución.

Estamos lejos de aquello, todavía, pero la 19/20 no se queda muy atrás. Un proyecto boicoteado desde dentro, varicelas, lesiones, coronavirus, cojos con ficha de crack, cacerías entre aficionados, competiciones en pause siendo el único obligado a jugar una eliminatoria a puerta cerrada, mamarrachadas varias…

Si esperábamos que el centenario trajera un impulso, vientos que condujeran al barco a nuevos destinos, la resaca se está encargando de desmentirnos. Aquel 2019 parece hoy día sacado de un nebuloso y extraño sueño. A veces tengo que registrar el archivo en búsqueda de los diarios y los vídeos para concienciarme que ocurrió de verdad de lo lejano e irreal que me resulta todo visto desde el ahora.

Salvo que estemos ante un corto paréntesis, la salida más sensata será anular la temporada. Los tiempos y el calendario indican eso, o una finalización exprés en pleno verano. No dan muchas más opciones. Cualquiera resulta una bendición. En el peor escenario, la pandemia nos ahorra una nueva y gloriosa campaña del Memelencia Furgol Clu. O, en el mejor, encontramos la salvación al curso en mitad del caos. Dos meses de descanso, desinfección, minipretemporada… para recuperar fuerzas y esconderlo todo detrás de un arreón circunstancial.

Incluso a riesgo de que se utilizara para no tomar conciencia, evitar soluciones o normalizar destarifos, sería el más deseable. Aunque mi opción favorita, la que más me excita, es la posibilidad de acabar aquí y ahora y no saber nada hasta agosto. Cinco meses de apagón sería lo mejor para nuestra salud mental. Aunque encuentro mucho más cautivador que no haya fútbol en un año, escenario pornográfico, si no fuera por algo tan grave. El Covid dirá.

Bien mirado, a ver si la magia del centenario no se agotó y realmente sigue trabajando por nuestro bien. Pase lo que pase, el Meme wins.

No tan Memelencia

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