La gran desfeta

Mira que a lo largo de nuestra vida acostumbramos a ver en el VCF decisiones tan anormales como incomprensibles, pero nunca nos topamos con un tipo como Lim. Decidido, y en camino, de superar a Juan Soler. Nos parecía increíble que un día llegáramos a ver algo peor que al hijo tonto de Batiste, pero así es este club, persistente en la superación personal.

En seis años la única medida que adoptó el señor de Singapur que no resultó un fracaso absoluto fue la de inhibirse y poner el club en manos de gente de fútbol. ¿Hace falta decir más?

Cualquier cosa que toca la destroza. Cualquier decisión que ejecuta resulta nociva para los intereses del murciélago. Y ahí estamos otra vez, esperando que esa inagotable fuente de sabiduría se saque de la manga un entrenador que llegará sin estar respaldado por algun tipo de visión o estrategia deportiva, de una red o estructura que lo sustente o justifique una línea a seguir, sin un plan, presupuesto o capacidad de gasto. Sin nada, vamos, que es básicamente la misma historia de siempre. Bendecido al albur del capricho, la ensoñación, el delirio, y las manías de un señor inconsistente y altamente desconocedor de todo lo que tiene que ver con un balón.

Podría ser hasta divertido si no tuviera consecuencias. Pero las tiene, y las tuvo. Las tendrá. Como profundizar en la pérdida de estatus. Como pasar de ver al Sevilla jugando en otra división y que haya acabado un paso por delante de ti en ingresos y capacidad de gasto (y con mejor palmarés europeo). Ya vimos lo del Atlético, solo nos faltaba ver lo del Sevilla. Es lo que ocurre al normalizar el destarifo, que acabamos peleando por no descender o fuera de Europa en más ocasiones que en las tres décadas anteriores. Asuntos nada gratuitos pues ya trajeron 90 millones de pérdidas acumuladas para sustentar la llegada de Alemany: Decisión no por convencimiento, sino por necesidad. Esta nueva escalada de despropósitos perpetrada desde julio del 19 se traduce, en lo inmediato, en dejar de ingresar 50 millones de euros, sufrir una considerable rebaja del contrato de televisión por quedar noveno, devaluar futbolistas, perder a tu gran talento (con Mendes ofreciéndolo por Europa hace meses) y tener al otro pidiendo marcharse a pesar de haber justificado, de cara a la galería, que todo se hizo para que jugara por decreto (participando menos que con Marcelino). Ni eso le ha salido bien.

Una espiral de disparates que llegó a su culmen cuando se pusieron a presumir de los ‘logros’ de un entrenador al que acababan de echar por los malos resultados.

En todo eso se basa la propaganda actual. Un remember del ‘no se van, los echo yo’, de Soler. Una mentira que muchos compran para no hablar de la realidad, que no es otra que la ruina económica en la que han dejado a la entidad los que venían a traernos estabilidad y darnos un futuro (que no es más que un estancamiento). Una pérdida monumental de ingresos nacidas de sus decisiones alocadas que obliga ahora a abordar una reducción presupuestaria de al menos 100 millones. Una deuda disparada y unas obligaciones de pago a corto plazo demenciales que van a tener que afrontarse con una considerable reducción de ingresos en una economía que solo se sustenta, como en tiempos de Llorente, en la TV y en la Champions.

Podría escandalizarnos que una salud financiera tan precaria conviviera con un modelo deportivo tan volátil, errático, sin sentido, tan incapaz de construir algo sólido que frenara, o redujera, estos vaivenes que dejen a las puertas del tanatorio a la entidad. Pero a estas alturas ya tenemos claro que a esta gente se la pela todo, no tiene interés alguno por lo que ocurre en el verde y llevan seis años de una política de mínimos en lo financiero y deportivo que nunca ha ido encaminada a hacer crecer a la entidad.

Nadie que verdaderamente quiera crecer, y ganar, hace lo que hace Meriton. Absolutamente nadie.

Cualquiera de nosotros, con ese expediente a las espaldas, hubiese acabado con su carrera. En el mundo laboral o empresarial no podríamos optar a un puesto con dicha gestión como aval. Pero aquí andan todavía con adeptos, vitores y justificadores profesionales a pesar que la situación no es para tomársela a broma. Básicamente porque anteriormente se beneficiaron de un contexto que ya no existe. Ya no está la carencia de Bankia que daba tanto oxígeno como para acumular 90 millones en pérdidas sin consecuencias graves. Ya no estamos en un escenario de constante aumento de los contratos de TV y premios Champions (más bien vamos a la inversa) y la pandemia no sólo ha acabado con los ingresos por taquilla, sino que ha traído otra recesión. Nunca como ahora hemos estado tan cerca del panorama del 2008. Propietario Meriton Holdings.

Por no tener, ya no tienen ni viento de cola a su favor. Pongan sus barbas a remojar.

La gran desfeta

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