Los señores de la pasta

En la huida hacia delante que protagoniza el VCF desde 2004 hay una constante peligrosa: Cada paso que dio fue peor que el anterior. Es algo que conviene saber antes de meternos en guerras por la independencia. Siempre elegimos mal. Cuando algo se repite con tanta insistencia llegas a pensar en la saga peliculera de Destino Final. Probablemente ese sea el the end acordado para el VCF, la muerte cobrándose una factura que llevas años posponiendo alocadamente.

Tal vez, visto lo visto, hubiera sido mejor resignarse en su día. Hoy ya hubiéramos pasado lo peor y estaríamos con la curva empinada, con otra actitud y sin ninguna tara, viendo el futuro con más optimismo y sin tanta mala sangre en el ambiente.

Pero estamos aquí, justificando una perversión. Los que venían a hacernos ganar la Champions en cinco años han llegado al sexto curso anunciando que te olvides de ganar títulos en la nueva década, o de jugar la gran competición europea durante un tiempo. Una venta que se basaba en la potenciación de lo deportivo para ganar músculo financiero y poder desentrampar el ladrillo que asfixia al club te habla de reducciones de 100 millones del presupuesto mostrando que no tienen ninguna una hoja de ruta para absolutamente nada. El famoso plan de negocio presentado ante Bankia para validar el desembarco de Meriton contrasta salvajemente con la realidad. A estas alturas, según el documento, estaríamos nadando en la abundancia, y resulta que estamos a dos pasos de volver a vivir lo de 2008.

Pero como aquello fue lo que fue no hay manera de pedir responsabilidades por incumplimiento de contrato. Básicamente porque el cómplice trabajó a destajo para que no hubiera ni un solo mecanismo de control que castigara a Meriton si se saltaba a la torera todos los compromisos. Así que no creo que haya nadie con el cuajo de atreverse a decir que no nos merecemos todo lo que nos pase. Nos pusimos los grilletes nosotros mismos, entre vítores y fanfarria nos los pusimos. Acríticos e irracionales. El cóctel perfecto para acabar en el cementerio.

Soy consciente que no hay valencianía, ni valencianismo, de ningún tipo en estos lares. Y que el dinero está en manos de mediocres y acomplejados que soñaron siempre con haber nacido en Madrid, viendo su condición valenciana como una maldición que esconden con fulgor. Pero no dejo de preguntarme qué piensan de todo esto. Qué comentan en sus casas a la hora de cenar viendo la degradación de la principal institución civil de la ciudad. ¿Ni sienten, ni padecen? ¿Se la pela? ¿Son todos del Madrid? Porque no es cuestión de dinero, lo hay en cantidad como para despojar al señor Lim de todas sus inversiones. Absolutamente de todas. Lo que no hay es lo que indico en la primera frase de este párrafo.

Esa, lo de esperarlos, es otra de las dañinas ensoñaciones en las que acostumbramos a caer. En 40 años no movieron un pelo del bigote por el VCF, ni con alfombras rojas, ni teniéndolo a huevo. Nada. Pero seguimos apelando a ellos a pesar de todo. Ni siquiera sería cuestión de una persona. Juntándose tres, cuatro, cinco, diez, o veinte, saldría adelante. Pero eso no ocurrirá. Estamos solos, abandonados a nuestra suerte y a la espera de que todo caiga por su propio peso para que las muchas vendas que todavía tapan demasiados ojos nos dejen ver para reaccionar. Para reaccionar tarde y mal, como siempre, cuando ya no haya soluciones, sino miseria. Espero que nadie esté esperando a eso.

En fin, el día que se haga el juicio final, a parte de a nosotros mismos (nadie con más pecados por purgar) también deberemos apuntar a los ricos de la contorná. Por su inacción. Por dejadez. Por cobardía. Por antivalencianos. Por vivir de espaldas al VCF. No conozco lugar donde la clase dominante muestre un desapego tan pronunciado por todo. Somos presos de una clase media, la que siempre se hizo cargo del VCF, que hoy no tiene nada que aportar, que su bolsillo ya no da para este juego, quedando la otra mitad en el descrédito de haber sido el detonante del escenario actual.

Pero mientras todo eso ocurre, mientras nos matamos entre nosotros, abandonamos al VCF a su suerte, y miramos para otro lado, el club va perdiendo estatus a pasos agigantados. Cinco años de Llorente y seis de Lim son demasiados años tirados a la basura, demasiadas oportunidades dejadas escapar, demasiado demasiados como para no tener consecuencias. La posición del club en el mundo del fútbol se ha esfumado ante nuestras narices sin que pestañeemos. El Atlético ya es inalcanzable. El Sevilla te supera ya en presupuesto y capacidad de inversión. El salario medio del Lille ya es equiparable al tuyo… El fútbol avanza, progresa, mientras tu sigues atrapado en un círculo vicioso del que no sabes, o quieres, salir.

No quedan muchas más oportunidades, señores pastosos de la contorná. Ninguna más propicia que la actual.

De tanto huir hacia delante para no dar pasos hacia atrás hemos acabado atrapados en un VCF convertirlo en una granja de jugadores por un señor de Singapur. Todavía aplaudido por ello. Que celebra lo usual como extraordinario ante la indiferencia general cuando antaño levantaba tormentas de ira. Asuntos que no entraban en nuestros esquemas mentales de 2014. Permitir que nos cambien, o perder, la mentalidad es otra gran derrota que hay que asumir.

Los señores de la pasta

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