El regreso de Postiga

Después del parón, cuando el Liverpool estaba a un empate de ganar su primera Premier League, en el diario más popular de aquella ciudad (el Liverpool Echo) entrevistaron al encargado de vender el club. Un señor puesto por un banco al frente de la entidad en un operación similar, pero en su versión decente y honrada, a lo que sucedió aquí en 2013.

La historia es que ese hombre dijo algo que conocemos muy bien. Resultó que la oferta económica de Peter Lim y Fenway eran prácticamente idénticas. La diferencia radicó en las entrevistas personales y la exposición del proyecto. Martin Broughton vino a decir que tras varios cara a cara con los candidatos quedó claro que al singapurés no le interesaba lo más mínimo el fútbol, y que además mostró un absoluto desconocimiento por el Liverpool, su historia y arraigo social. Algo que el americano conocía al detalle amén de estar sumamente preocupado por potenciar la estructura deportiva. Ante aquella tesitura, Broughton afirmó que no iba a dejar el club en manos de alguien que lo ignoraba todo de él.

Puede que de aquello Lim aprendiera algo, por eso cuando aterrizó en nuestras vidas se agenció de un comercial que nos vendiera la moto. Uno que ahora no puede salir a fardar de venta y de haber tenido la pericia de dejar el club en las mejores manos. Uno que se esconde porque sabe demasiado bien que es cómplice de haber pergeñado una de las mayores mentiras de la historia. Y que puede desembocar en la misma desaparición de la entidad, o en su defecto, en una hecatombe de difícil solución.

Huyendo de buitres acabamos abrazados a una hiena.

La mayor transacción del mundo del fútbol no paga a sus futbolistas, no tiene con que avalar pagarés, ni quien se los avale. Y hemos vuelto al menú del McDonals. Si el día que se presentó Meriton en Valencia alguien nos dice que a estas alturas estaríamos con impagos, y buscando a Ricardo Costa y Helder Postiga (y eso si tenemos suerte) para reforzar el equipo, cogemos por la pechera al que nos lo comenta y lo tiramos por un puente.

Pero eso sería en 2014, donde se criticaba y exigía al gobierno de la entidad por mucho menos. Ahora, básicamente, se aplaude con las orejas absolutamente todo y se inventan historias para justificar un desacato.

El inventor principal, alias Murthy, sabe mucho de pasado, pero poco de presente. Cuando repite eso de que el modelo no era sostenible, en realidad, está evitando inculparse. Lo insostenible es quedar 12º, 12º, y 9º generando un boquete financiero. Que es lo que ocurre cada vez que meten la mano en lo deportivo. Lo insostenible es dar pérdidas por valor de 100 millones en sus tres primeros años de gestión, lo único que les hizo buscar a Alemany por la vía de urgencia porque si no se volvía a Champions no se podía pagar a Bankia (esa temporada finalizaba el período de carencia). Lo insostenible es repartirse tres millones de euros en sueldos y dietas un grupito de personas que no aportan nada a la entidad. Todo ese show de la provocación y la estulticia no es más que una mera cortina de humo para desviar el foco de su negligente gestión.

Falta explicar por qué si Lim ha hecho una nueva aportación a las arcas los futbolistas no están cobrando. Si se le ha devuelto el préstamo al 1,5% de interés. O cuándo está previsto hacerlo, porque eso explicaría muchas cosas.

Pero en fin, es la mecánica habitual de al que se la pela el fútbol. Alguien con proyecto e interesado realmente en ‘ganar la Champions en cinco años’ hubiera actuado de otra manera desde el primer día. Porque el verdadero problema de esta entidad es de ladrillo y deuda bancaria, no de no poder fichar. Un Fenway, sabedor de que la viabilidad del club pasa por ahí, hubiera hecho una ampliación de capital de 100 millones para acabar el estadio, no para gastárselos en Negredo, Rodrigo y André Gomes. Un Fenway hubiera creado una estructura deportiva sólida, reforzada con la tecnología más puntera, en lugar de arrinconar a los técnicos de la casa hasta convertirlos en mero decorado para dejarlo todo al albur de un representante y sus intereses cruzados con el dueño.

Esto sucede cuando dejas tu club en manos de un brooker que se ha hecho millonario especulando en bolsa. Porque Lim no sabe lo que es gestionar una empresa, fundar una, ni pasarse horas en vela para sacarla adelante. Simplemente ha venido aquí a jugar al trade con futbolistas. Y eso, que es lo único que le importa y sabe hacer, le está saliendo bastante bien.

El regreso de Postiga

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