Los señores de la pasta

En la huida hacia delante que protagoniza el VCF desde 2004 hay una constante peligrosa: Cada paso que dio fue peor que el anterior. Es algo que conviene saber antes de meternos en guerras por la independencia. Siempre elegimos mal. Cuando algo se repite con tanta insistencia llegas a pensar en la saga peliculera de Destino Final. Probablemente ese sea el the end acordado para el VCF, la muerte cobrándose una factura que llevas años posponiendo alocadamente.

Tal vez, visto lo visto, hubiera sido mejor resignarse en su día. Hoy ya hubiéramos pasado lo peor y estaríamos con la curva empinada, con otra actitud y sin ninguna tara, viendo el futuro con más optimismo y sin tanta mala sangre en el ambiente.

Pero estamos aquí, justificando una perversión. Los que venían a hacernos ganar la Champions en cinco años han llegado al sexto curso anunciando que te olvides de ganar títulos en la nueva década, o de jugar la gran competición europea durante un tiempo. Una venta que se basaba en la potenciación de lo deportivo para ganar músculo financiero y poder desentrampar el ladrillo que asfixia al club te habla de reducciones de 100 millones del presupuesto mostrando que no tienen ninguna una hoja de ruta para absolutamente nada. El famoso plan de negocio presentado ante Bankia para validar el desembarco de Meriton contrasta salvajemente con la realidad. A estas alturas, según el documento, estaríamos nadando en la abundancia, y resulta que estamos a dos pasos de volver a vivir lo de 2008.

Pero como aquello fue lo que fue no hay manera de pedir responsabilidades por incumplimiento de contrato. Básicamente porque el cómplice trabajó a destajo para que no hubiera ni un solo mecanismo de control que castigara a Meriton si se saltaba a la torera todos los compromisos. Así que no creo que haya nadie con el cuajo de atreverse a decir que no nos merecemos todo lo que nos pase. Nos pusimos los grilletes nosotros mismos, entre vítores y fanfarria nos los pusimos. Acríticos e irracionales. El cóctel perfecto para acabar en el cementerio.

Soy consciente que no hay valencianía, ni valencianismo, de ningún tipo en estos lares. Y que el dinero está en manos de mediocres y acomplejados que soñaron siempre con haber nacido en Madrid, viendo su condición valenciana como una maldición que esconden con fulgor. Pero no dejo de preguntarme qué piensan de todo esto. Qué comentan en sus casas a la hora de cenar viendo la degradación de la principal institución civil de la ciudad. ¿Ni sienten, ni padecen? ¿Se la pela? ¿Son todos del Madrid? Porque no es cuestión de dinero, lo hay en cantidad como para despojar al señor Lim de todas sus inversiones. Absolutamente de todas. Lo que no hay es lo que indico en la primera frase de este párrafo.

Esa, lo de esperarlos, es otra de las dañinas ensoñaciones en las que acostumbramos a caer. En 40 años no movieron un pelo del bigote por el VCF, ni con alfombras rojas, ni teniéndolo a huevo. Nada. Pero seguimos apelando a ellos a pesar de todo. Ni siquiera sería cuestión de una persona. Juntándose tres, cuatro, cinco, diez, o veinte, saldría adelante. Pero eso no ocurrirá. Estamos solos, abandonados a nuestra suerte y a la espera de que todo caiga por su propio peso para que las muchas vendas que todavía tapan demasiados ojos nos dejen ver para reaccionar. Para reaccionar tarde y mal, como siempre, cuando ya no haya soluciones, sino miseria. Espero que nadie esté esperando a eso.

En fin, el día que se haga el juicio final, a parte de a nosotros mismos (nadie con más pecados por purgar) también deberemos apuntar a los ricos de la contorná. Por su inacción. Por dejadez. Por cobardía. Por antivalencianos. Por vivir de espaldas al VCF. No conozco lugar donde la clase dominante muestre un desapego tan pronunciado por todo. Somos presos de una clase media, la que siempre se hizo cargo del VCF, que hoy no tiene nada que aportar, que su bolsillo ya no da para este juego, quedando la otra mitad en el descrédito de haber sido el detonante del escenario actual.

Pero mientras todo eso ocurre, mientras nos matamos entre nosotros, abandonamos al VCF a su suerte, y miramos para otro lado, el club va perdiendo estatus a pasos agigantados. Cinco años de Llorente y seis de Lim son demasiados años tirados a la basura, demasiadas oportunidades dejadas escapar, demasiado demasiados como para no tener consecuencias. La posición del club en el mundo del fútbol se ha esfumado ante nuestras narices sin que pestañeemos. El Atlético ya es inalcanzable. El Sevilla te supera ya en presupuesto y capacidad de inversión. El salario medio del Lille ya es equiparable al tuyo… El fútbol avanza, progresa, mientras tu sigues atrapado en un círculo vicioso del que no sabes, o quieres, salir.

No quedan muchas más oportunidades, señores pastosos de la contorná. Ninguna más propicia que la actual.

De tanto huir hacia delante para no dar pasos hacia atrás hemos acabado atrapados en un VCF convertirlo en una granja de jugadores por un señor de Singapur. Todavía aplaudido por ello. Que celebra lo usual como extraordinario ante la indiferencia general cuando antaño levantaba tormentas de ira. Asuntos que no entraban en nuestros esquemas mentales de 2014. Permitir que nos cambien, o perder, la mentalidad es otra gran derrota que hay que asumir.

Los señores de la pasta

La gran desfeta

Mira que a lo largo de nuestra vida acostumbramos a ver en el VCF decisiones tan anormales como incomprensibles, pero nunca nos topamos con un tipo como Lim. Decidido, y en camino, de superar a Juan Soler. Nos parecía increíble que un día llegáramos a ver algo peor que al hijo tonto de Batiste, pero así es este club, persistente en la superación personal.

En seis años la única medida que adoptó el señor de Singapur que no resultó un fracaso absoluto fue la de inhibirse y poner el club en manos de gente de fútbol. ¿Hace falta decir más?

Cualquier cosa que toca la destroza. Cualquier decisión que ejecuta resulta nociva para los intereses del murciélago. Y ahí estamos otra vez, esperando que esa inagotable fuente de sabiduría se saque de la manga un entrenador que llegará sin estar respaldado por algun tipo de visión o estrategia deportiva, de una red o estructura que lo sustente o justifique una línea a seguir, sin un plan, presupuesto o capacidad de gasto. Sin nada, vamos, que es básicamente la misma historia de siempre. Bendecido al albur del capricho, la ensoñación, el delirio, y las manías de un señor inconsistente y altamente desconocedor de todo lo que tiene que ver con un balón.

Podría ser hasta divertido si no tuviera consecuencias. Pero las tiene, y las tuvo. Las tendrá. Como profundizar en la pérdida de estatus. Como pasar de ver al Sevilla jugando en otra división y que haya acabado un paso por delante de ti en ingresos y capacidad de gasto (y con mejor palmarés europeo). Ya vimos lo del Atlético, solo nos faltaba ver lo del Sevilla. Es lo que ocurre al normalizar el destarifo, que acabamos peleando por no descender o fuera de Europa en más ocasiones que en las tres décadas anteriores. Asuntos nada gratuitos pues ya trajeron 90 millones de pérdidas acumuladas para sustentar la llegada de Alemany: Decisión no por convencimiento, sino por necesidad. Esta nueva escalada de despropósitos perpetrada desde julio del 19 se traduce, en lo inmediato, en dejar de ingresar 50 millones de euros, sufrir una considerable rebaja del contrato de televisión por quedar noveno, devaluar futbolistas, perder a tu gran talento (con Mendes ofreciéndolo por Europa hace meses) y tener al otro pidiendo marcharse a pesar de haber justificado, de cara a la galería, que todo se hizo para que jugara por decreto (participando menos que con Marcelino). Ni eso le ha salido bien.

Una espiral de disparates que llegó a su culmen cuando se pusieron a presumir de los ‘logros’ de un entrenador al que acababan de echar por los malos resultados.

En todo eso se basa la propaganda actual. Un remember del ‘no se van, los echo yo’, de Soler. Una mentira que muchos compran para no hablar de la realidad, que no es otra que la ruina económica en la que han dejado a la entidad los que venían a traernos estabilidad y darnos un futuro (que no es más que un estancamiento). Una pérdida monumental de ingresos nacidas de sus decisiones alocadas que obliga ahora a abordar una reducción presupuestaria de al menos 100 millones. Una deuda disparada y unas obligaciones de pago a corto plazo demenciales que van a tener que afrontarse con una considerable reducción de ingresos en una economía que solo se sustenta, como en tiempos de Llorente, en la TV y en la Champions.

Podría escandalizarnos que una salud financiera tan precaria conviviera con un modelo deportivo tan volátil, errático, sin sentido, tan incapaz de construir algo sólido que frenara, o redujera, estos vaivenes que dejen a las puertas del tanatorio a la entidad. Pero a estas alturas ya tenemos claro que a esta gente se la pela todo, no tiene interés alguno por lo que ocurre en el verde y llevan seis años de una política de mínimos en lo financiero y deportivo que nunca ha ido encaminada a hacer crecer a la entidad.

Nadie que verdaderamente quiera crecer, y ganar, hace lo que hace Meriton. Absolutamente nadie.

Cualquiera de nosotros, con ese expediente a las espaldas, hubiese acabado con su carrera. En el mundo laboral o empresarial no podríamos optar a un puesto con dicha gestión como aval. Pero aquí andan todavía con adeptos, vitores y justificadores profesionales a pesar que la situación no es para tomársela a broma. Básicamente porque anteriormente se beneficiaron de un contexto que ya no existe. Ya no está la carencia de Bankia que daba tanto oxígeno como para acumular 90 millones en pérdidas sin consecuencias graves. Ya no estamos en un escenario de constante aumento de los contratos de TV y premios Champions (más bien vamos a la inversa) y la pandemia no sólo ha acabado con los ingresos por taquilla, sino que ha traído otra recesión. Nunca como ahora hemos estado tan cerca del panorama del 2008. Propietario Meriton Holdings.

Por no tener, ya no tienen ni viento de cola a su favor. Pongan sus barbas a remojar.

La gran desfeta

El funeral

Lo único positivo que tiene Meriton es que se repite como un loro. En este impasse post funcionario regresan a nuestras vidas los viejos argumentos de siempre: Ya suena el hit del entrenador-mánager. Lo del DD siempre les resultó molesto o innecesario, por eso los pocos que aceptaron tener acabaron ocupándose de asuntos menores. Ocurre porque una dirección deportiva profesional implica una estructura y un poder que inevitablemente le quita protagonismo a Mendes & asociado. Que fue el verdadero motivo de las voladuras. De todas. Es la razón por la que les cuesta tanto elegir personal capacitado. Cuando deciden ellos se mueven en los extremos. O inexpertos que no han cogido nunca un toro por los cuernos, de la cartera del amigo, o viejas glorias con más años inactivos que un DVD.

Tienen una concepción del fútbol tan peculiar que se cagan a cielo abierto en la ruta canónica para construir un club. Iba a decir que son incapaces de entender que el éxito necesita un ecosistema que lo propicie, que nunca pasan de la mera apariencia, pero ha quedado demostrado ya, a base de repeticiones, que el éxito o les molesta o se la pela. Como dijo el hijo del dueño, para ellos significa algo distinto a lo que nosotros tenemos en mente.

Tal vez por eso vivan en el convencimiento de que esto va de juntar jugadores sin ton ni son. Un puzle de piezas que no encajan acopladas a trompazos hasta construir una imagen desigual e inconnexa porque el verdadero fin sea mover la mercancía. Así son los métodos que han traído una crisis tras otra en estos seis años. Regados de excusas repetitivas confundiendo el coste con el rendimiento. La mezcla con un equipo. Soltando a un entrenador al ruedo desprovisto de todo lo demás esperando, como quien espera un milagro, a que funcione por arte de magia. Y sin molestar, oiga.

No, mira. Un vestuario, como la sociedad, o cualquier grupo de personas, necesita una causa para moverse. Liderazgos, objetivos, motivaciones. Respeto. Códigos. Certezas e intangibles. Todo lo que Meriton desprecia. Si la manada echa una mirada a las espaldas del técnico y ve que detrás no hay nada, ni nadie, sumando que es una figura de escasa o nula autoridad o ascendencia, no rinden por más calidad que atesoren. Aquí y en cualquier sitio. Basta tener más de cinco años de vida para saber esto, conocer un poquito el fútbol, o no concebirlo como un producto financiero.

Por ello, para Meriton, la culpa siempre es de los futbolistas. Siempre. Bajo cualquier circunstancia. Lo dijo Layhoon, “nosotros no jugamos los partidos”, y lo repite el indecente de Anil con sus filtraciones y pullas. La realidad, aunque les duela, es que lo que se ve en el césped siempre es un reflejo de lo que ocurre en los despachos. Porque lo del césped se engendra en los despachos. Suerte han tenido que este grupo fuera construido por profesionales que primero miraban la cabeza y después las piernas, porque son los que verdaderamente han sostenido el club desde septiembre sorteando toda clase de palos en las ruedas. Con otros, en lugar de verte peleando por Europa a falta de dos jornadas, estarías mirando al antepenúltimo de la tabla.

Con estos cocineros y la misma receta, una que sale a una ingente cantidad de compras y traspasos, a tres entrenadores y otros tantos directores deportivos al año, es algo que padeceremos en el futuro como lo hicimos en el pasado.

Una manera de hacer las cosas que a la larga es más probable que te lleve a segunda división que a una final de la Champions League. Te has equivocado con entrenadores, con jugadores, hasta de vida, pero hasta ahora siempre tuviste un gol de Piatti de rebote, u otro de Enzo Pérez en el descuento, que evitó verte a dos puntos del descenso a falta de tres/cuatro jornadas. A base de tentarla, un día esa suerte te será esquiva y lo pagarás caro. Y lo peor, mientras alguno sigue engañándose, otros aprovechando estas situaciones para ver si está todo tan mal que les cae un carguito, o el resto mira para otro lado como si así fueran a solucionar algo, es que no podrá sorprendernos porque llevas años empeñado en comprar todas las papeletas.

La última: Desmontar un equipo campeón y reconstruirlo en un contexto de reducción presupuestaria de 80/100 millones sin estructura deportiva y tirando de catálogo.

Luego, los dramas.

El funeral

Siempre cayendo en sus trampas

Cautivos, desarmados, enfrentados, y regalándole la representatividad a una manada de ultras que revientan los Instagram de los hijos de Lim a golpe de insultos racistas y misóginos. Así estamos, que ya ni los condenamos escudándonos en cuatro lugares comunes y en un par de obviedades.

Para ir a la guerra, como pretenden muchos, tenemos un chiste de ejército. Además, no cabe engañarse, el único gran acto colectivo de protesta que somos capaces de emprender sin matarnos entre nosotros se llama resignación, y el segundo, silencio. No damos para más, ni tampoco sabemos hacer otra cosa. Callar y tragar es la síntesis que define a la actual masa social del VCF. De ser colectivamente todo eso que creemos ser, y que no es más que una ensoñación, jamás hubiéramos llegado a este punto, evitando el camino recorrido desde 2006. Somos nuestro peor enemigo, tan incapaces de pedir responsabilidades que solo nos acordamos de nuestro papel cuando ya no hay remedio ni solución. Una sociedad acrítica e intolerante a todo lo que se salga del cuento de hadas no puede encontrar otro destino.

Es la razón por la cual las huestes de Meriton ejercen esa prepotencia sin filtros. A pesar de insistir en caricaturizarlos es gente que de tonta tiene poco amén de dejar rara vez las cosas al azar. No hacen nada por hacer. Disfrutan del premio de haber desactivado sigilosamente al entorno, a entes como la Agrupación de Peñas, o a parte de una prensa, que por otro lado, ya no tiene la fuerza ni capacidad de influencia de antaño. Saben perfectamente que sus actos jamás tendrán consecuencias, y todavía peor, repercusión más allá de cuatro tuiteros. Lo preocupante es que mandando callar al estadio, riéndose de la gente en su cara, mintiendo cada vez que abren la boca de una manera tan descarada que hiela la sangre o demostrar con creces que ganar les importa tres pitos todavía encuentren puntos de apoyo, justificadores profesionales, y un nicho de comprensión más grande que el mismo Mestalla.

A falta de altura, de líderes, plataformas o instrumentos que canalicen el descontento en algo serio y efectivo, el desorden y las acciones individuales patrocinadas por la frustración y la rabia contenida no solo no conseguirán nada, sino que son una puerta abierta al insulto, a los violentos, al estrambote, al acoso. En suma, al descrédito del valencianismo. Es el peligro que corremos de seguir atomizados dejando que cada cual actúe por su cuenta o nos mostremos más preocupados en realizar juicios sumarísimos porque fulano dijo no sé qué hace siete años y ahora dice nosecuantos que en encontrar el modo de unirnos y construir algo realmente útil por una vez en nuestras vidas.

Sé perfectamente que nunca lo haremos. Lo sé yo y lo saben ellos. Estamos solos, el VCF está sólo, es hora de aceptarlo de una vez y empezar a movernos en lugar de pasarnos la vida esperando infantilmente a que vengan a hacer nuestro trabajo quienes en cuarenta años jamás dieron el paso a pesar de las alfombras rojas y las autopistas que les pusieron.

Es momento de eso, de aprender de una vez a centrar los objetivos y no perderse en fuegos de artificio. De dejar tranquila a su familia, porque los que verdaderamente influyen en las decisiones de Lim son los de The Class of 92. De no caer en todas las trampas que nos pone Meriton. Es desolador echar un vistazo al panorama, con un club demolido, sin rumbo, dirección ni soluciones en el horizonte, y no vernos más que discutiendo entre nosotros. Es su gran triunfo, la verdadera gran obra de Singapur. El divide y vencerás, el conmigo o contra mí, polarizándolo todo con maestría. Esos mensajes provocativos que nos lanzan y tanta reacción generan no son más que un desviar la atención del verdadero problema: La gestión. El modelo de club, los compromisos incumplidos, la tragedia financiera que se nos viene encima…etc

Saben dirigirnos tan bien que vamos donde nos dicen que vayamos sin cuestionarnos nada. La total ausencia de contrapesos es nuestra tumba.

Por tanto, ante nuestra dificultad para actuar como colectivo, y la total ausencia de perícia y soluciones, la única vía local realista y efectiva que cabe esperar para poner en un brete a la propiedad, sin necesidad de regalarle excusas para victimizarse, ni de hacernos daño, que ya nos lo hicimos bastante durante el proceso de venta, es exigirle valentía a los políticos. Inundarlos a peticiones de mano firme para forzar a Meriton a acabar el campo y cumplir con los plazos que marca la ATE. Si pega a fugir y vende el club ante la complicación, ganamos. Si acepta el reto y lo acaba, no sólo nos quita un marrón de encima, sino que además revaloriza los activos para sacar su tan ansiado 150% que acelere su salida.

Es un win-win donde ganamos todos sin necesidad de sangre. Y lo único que verdaderamente está en nuestras manos, sumada a la enérgica insistencia en la protesta y exigencia de un club a la altura de su historia.

Siempre cayendo en sus trampas

El ValenzZzZ

Sorpresa ninguna. Si Celades llegó a junio es gracias al Covid, por nada más. En este espacio llevamos meses advirtiendo del desenlace como quien habla con una pared. Del trasfondo de la voladura de un proyecto. En fin, que nos pasamos la vida con obviedades como para venir ahora con extrañezas. Son así, así llevan actuando cinco años, y así seguirán ante la pasividad generalizada. No querer asumir esto, o hacerse el longuis con autoengaños obscenos, solo puede responder a algún interés oculto en que sigan manejando el club de esta manera. O en poseer una edad mental de niño de cinco años.

Nada de lo sucedido desde junio es gratuito. Tiene, ha tenido, y tendrá, consecuencias. Y una finalidad. El meme oficial con la despedida de Celades indicando la propiedad es la pincelada final a un proceso. Por eso no podemos tomarnos a broma los modos o la mecánica que emplean porque son las que han convertido al VCF en lo más parecido que hubo nunca al Atlético de Jesús Gil. Un sendero tan peligroso que en todos los casos observados, a la larga, acaba con tus huesos en segunda.

Inauguramos un año entero de una espiral suficientemente grave como para abandonar el habitual jiji-jaja con el que enterrar una historia de engaños, manipulaciones, mentiras, barbaridades, y tejemanejes de este calibre. El asalto a Paterna, las cazas de brujas, los publireportajes, el menosprecio manifiesto a los profesionales y la cadena de mando, los discursos huecos de todo contenido, ese bucle de decir A y hacer H, la intoxicación constante en esa guerra soterrada con el vestuario que no ha cesado hasta generar un problema donde no lo había, renovar o vender jugadores según el grado de fidelidad al dueño, esos egos, ese frentismo, esa necesidad de conflictos para desviar atenciones, tales complejos, todo, ha ido enfocado desde el principio ha imponer su equivocada realidad.

En el fondo, como tantas otras cosas, no es más que un retrato al óleo de Meriton. Si a la M&M ya les costó convencer a cuatro marginados de venir al VCF, imagina la labor de reconstrucción tras el viraje. Y a manos de ‘fieles funcionarios’ condenados al ridículo de César. Que es el mismo que el de Pitarch.

Lo más triste de todo es que nadie, nunca, lo tuvo tan a huevo. Pocas veces se ha tenido materia prima de esta calidad para salir adelante. Pero en la temporada del salto, de tener suficiente con poner el piloto automático y dejar que las cosas fluyeran para llegar a destino, de aprovechar el viento favorable que insufla ganar un título, decidieron volver a atrás por la vía criminal. Tenían un equipo y un proyecto campeón y lo han cambiado por lo de 2016. ¿En qué cabeza cabe eso? Es la segunda vez que ocurre (seguimos ignorando la reiteración), lo que invita a pensar que tal vez lo que realmente les moleste sea ganar porque el fin último de su estancia sea otra.

Aunque todavía hay algo más nocivo, el aburrimiento que provocan. Han conseguido que te de igual el VCF. Como si ponen el palo de una escoba a entrenar y a un cubo de agua a dirigir. O se lleven el club a Estoril (casi que nos hacen un favor). Ya ni sientes ni padeces. Es tal vez la peor consecuencia del paso de esta gente por Mestalla, una quiebra en el estado emocional que lleva a la desconexión del aficionado con su equipo. Provocando somnolencia hablar del ValenzZzZ.

El ValenzZzZ

La decisión final

Hace tiempo que sigo con interés lo de los sauditas con el Newcastle. Por puro divertimento, porque allí, los ingleses, sí tienen principios y estas cosas suelen despertar oleadas de protestas que acaban teniendo éxito. No ha defraudado. La presión desde todos los sectores imaginables para que la Premier y el gobierno impidan que el fondo soberano de Arabia compre uno de sus buques insignia es inmensa.

Incluso haciéndose el remolón con asuntos peliagudos, como los derechos humanos, el organismo federativo parece haberse quedado sin salidas para incumplir sus propias cláusulas éticas que reglan la compra de clubes por capital extranjero ante la oficialidad de algo sabido por todos: Riad está detrás de la piratería del fútbol que tantos millones han costado al fútbol inglés y europeo. Curioso que el punto de no tener causas delictivas en el mundo se lo pasarán por ahí con lo de Khashoggi, pero ante esto hayan considerando congelar la operación.

Ese estancamiento ha conseguido redoblar mi interés. El paso de comprar un club como el Newcastle es un grado más en la escalada del país del oro negro por blanquear su imagen a través de grandes eventos (al estilo Qatar). Si por lo que parece el Estado saudí está tan interesado en seguir la senda de sus vecinos y rivales no les importará buscar otro destino de acabar negándoles su entrada al fútbol inglés.

Aquí es donde entra el VCF. Probablemente el Príncipe asesino tenga mayor interés en el Milan, o cualquier otro, pero la situación del murciélago puede llevarle a estar nuevamente en el mercado.

Al parecer los organismos locales han decidido dejar de jugar a los aplazamientos eternos y el embrollo inmobiliario que se ha ido sorteando durante una década con una esplendida dejadez, y permisividad por parte de todo el mundo, masa social incluida, habrá que afrontarlo en el corto plazo. Se le acabó la suerte a Meriton. La complacencia de que se le permita no acabar el estadio, o la imposibilidad de vender las parcelas, o los tres años de carencia que no se aprovecharon para construir o consolidar nada, ya no suponen un balón de oxígeno. El final de la patà avant puede estar cerca.

En esa tesitura veremos qué camino emprende el señor Lim. O pone el dinero de su bolsillo para acabar el campo (ya sea de manera directa o comprando las parcelas), o deja caer la actuación territorial estratégica con las consiguientes pérdidas contables, que unidas a la delicada situación financiera de la entidad, más una drástica reducción de sus escasos ingresos por quedarse sin competición internacional, obligaría igualmente a poner una cantidad superior de dinero que sólo se podrá cubrir en una parte con venta de jugadores. Unos futbolistas depreciados gracias a su ‘brillante gestión’ veraniega en un contexto sin liquidez por el coronavirus y ante una inminente crisis mundial.

Si los políticos no dan otra vez su brazo a torcer y vuelven a lanzar el ladrillo mil metros hacia delante a lo dicho sólo le queda una tercera opción: vender el club y que sea otro el que se encargue. Porque supongo que no se atrevería a liquidar la sociedad.

De coincidir en dicho escenario somos la alternativa ideal para los Saud. Mansos, clasistas, y desinteresados por el mundo que nos rodea, calificada Arabia como ‘un gran amigo’ por las autoridades centrales bajo el principio de ‘el dinero es lo único que importa’ nadie saldría a quejarse de caer en manos de un Estado criminal.

En los próximos meses se dilucidará. Veremos si esta aventura, como parece con su política de mínimos donde el escaso interés se centró exclusivamente en el mercadeo de futbolistas dejando todo lo demás tal y como se lo encontró, se perpetró para darle un pase al club o si realmente, a pesar de su incompetencia, se creen esto hasta el punto de volver a invertir otra ingente cantidad de dinero en la sociedad sin importar los malos años que las inversiones de Lim están sufriendo en el mercado bursátil.

Lo mejor es que ocurra lo que ocurra ninguna parece una mala noticia.

La decisión final

Pellegrino con los pies

No pude acabar el partido. Fui incapaz. Allá por el minuto sesenta se me empezaron a cerrar los ojos (no fue tanto por el fútbol, más por el cansancio de llevar un mes pintando y obrando en casa). Pero tuve tiempo suficiente para escuchar la misma canción de siempre. No digerí bien observar que pusiera a Diakhaby a sacar el balón jugado desde atrás.

Estas cosas importan. Los entrenadores importan. Todo importa. Hay técnicos que potencian futbolistas y equipos al saber explotar las virtudes de sus jugadores, escondiendo sus defectos en el colectivo. Otros que los empeoran por hacer lo contrario. Es como lo de Pellegrino en el Barça. Un jugador ridículo, un espanto que convirtieron en caricatura por obligarlo, en aras del estilo innegociable, y de las pamplinas habituales de los malos técnicos, a hacer lo que no sabía hacer ni tenía condiciones para hacer. El mismo Pellegrino que en Mestalla se consagró como uno de los mejores centrales del panorama cuando apartaron el balón de sus pies y lo pusieron a hacer lo que su fútbol demandaba.

Es un poco lo de Celades, un tipo atrapado en un cuerpo que no es suyo, que no conoce, que no sabe cómo funciona, intentando salir de él en lugar de adaptarse por supervivencia, empeñado en exigirle a una piedra que le de agua. Pertenece a esa escuela que hoy estarían obligando a Ayala y a Pellegrino a sacar el balón jugado desde atrás, a Carboni y a Curro a ejercer de extremos y a Albelda de fino centrocampista en lugar de potenciarlos.

Es la receta que ha hecho que el equipo se diluya con el paso de los meses. Olvidada la inercia inicial ha quedado al descubierto un once donde ningún jugador ha mejorado respecto al pasado, empeorando muchos de ellos. Ahí están los números: 1 triunfo en 9 partidos, con goleadas en Getafe, Milán y Donosti. Si ampliamos el espectro el panorama no es mucho mejor: 2 victorias en 11 encuentros. ¿Y un poco más allá? 4 en 15 enfrentamientos. Otro paso más: 5 en 18. Un desplome que coincide con la altura de curso donde los equipos bien trabajados empiezan a aumentar sus prestaciones.

Lo peor no es ya obligar al jugador a realizar tareas para las que no tiene condiciones, es salir a sala de prensa a poner al futbolista en la picota para esconder tus propias miserias. Si a un profesional al que le minas la confianza exponiéndolo de esa manera en el campo le añades palabras insanas ante los micrófonos lo único que obtienes es un jugador perdido para la causa, y probablemente, un conflicto en el vestuario detrás de él.

Es, además, un acto de cobardía. Lo fácil, lo cómodo, ensañarse con el débil a sabiendas del caldo de cultivo que hay en lugar de asumir su responsabilidad. Alguien valiente hubiera apuntado al tiempo tirado a la basura para fichar un central tras la lesión de Garay, o al Mangalagate, en lugar intentar tapar de esa manera un planteamiento con dos centrales abiertos y los laterales bien arriba, con líneas de presión deficientes que volvieron a patentar lo sencillo que lo tienen los rivales para llegar a tu portería, o la dificultad de cerrar partidos que tienes ganados. En ese alegato Celades ejerció de funcionario fiel en un escenario ideal para un líder.

La tendencia está muy marcada y sigue su ritmo a pesar del parón como para esperar otra cosa hasta el final. Supongo que todo el mundo será consecuente con la elección y dejarán a Celades que siga abiertamente con su método como una especie de pretemporada. Solo faltaría que los mismos que lo han traído a contra natura y sin seguir ningún criterio ahora se lo carguen por dar el resultado previsto y dejarte en mitad de tabla.

No hace falta decir nada más.

Pellegrino con los pies

Defender con balón, meh

Me debato entre si ver el antifútbol que nos han programado para salvar a Mediapro o seguir de vacaciones hasta septiembre. He visto muchos partidos a puerta cerrada a lo largo de los años y siempre me ha costado mantener el hilo. Acabas pensando en las musarañas, jugando con el perro, o ahora, en la modernez, más pendiente del teléfono que del césped. Se hacen cuesta arriba, aburridos, pierden todo aliciente. Lo peor es que son aspectos que contagian a los protagonistas añadiendo un juego realmente deplorable al cóctel.

Una cosa es tener que soportar un partido en esas condiciones, y otra tener que tragarse del tirón unos once.

Pero hay algo que me da mucha más pereza que eso, y son los mensajitos que va filtrando el oficialismo sobre aspectos celadianos. Cada vez que escucho o leo algo sobre la preparación del regreso me asusto más. ‘Defender con balón’ fue la última bestialidad que apareció por la pantallita. Ahora hay que defender con balón, no hay que tener miedo a la posesión y no sé cuántas historias más.

No culpo al técnico, es lo que realmente ha querido hacer siempre. Y es lo único que sabe hacer. El problema no es él, nunca ser fiel a uno mismo es un problema. El error es su elector. Meter balón a un equipo construido para correr, meter pausa a unos jugadores configurados para hacer daño a la velocidad de la luz, suena peligroso. Más si en cinco meses has sido incapaz de conseguir que defendieran medianamente bien.

Es el futuro, está claro. El cambio radical que se intuye en la plantilla nos devolverá a tiempos horribles de dos centrales bien abiertos sacando la pelota desde atrás, con los laterales en Pernanbuco y todo el show habitual de los ataques tikitakeros que sufrimos en carnes cada cierto tiempo.

Pero quedando tan pocos partidos, bendecido por un armisticio gracias a la pandemia (la caída en picado que llevaba el VCF antes del parón hacía pensar que a Celades no le quedaba mucho futuro) debería traer más pragmatismo. Sobre todo mirando por la economía de la entidad. Ya que si algo sabe hacer bien este grupo de jugadores es jugar a la contra, robar y salir. ¿Por qué no preparar esos once encuentros en base a las virtudes heredadas? Ganas tiempo, fiabilidad y ventaja.

Ponerse a trastocar en esta situación la fisionomía del equipo, sabiendo que partes con un importante handicap respecto al resto de rivales, se me antoja absurdo.

Pero en fin, qué hay en este club que no sea un absurdo.

Otro peligro es, como ha demostrado la Bundesliga, que el factor local ha desaparecido de la ecuación. Justo lo que venía salvando al VCF durante todo el año. También el caso alemán nos deja otra advertencia, y es que las inercias no han cambiado. Los que llegaron al parón en ascensión (caso del Bayern) siguen en ello. Y los que lo hicieron sumidos en una irregularidad extraña (Gladbach o Dortmund) se mantienen también en su papel.

Sería de justicia divina que al regreso los datos de audiencia se desplomaran. Agotado el éxtasis de las primeras jornadas habrá que ver cómo evoluciona el nuevo espectáculo.

Defender con balón, meh

Oh, sorpresa

Por algún lado tenía que romper. En estas semanas de total desconexión del fútbol iba viendo de reojo cositas que me parecían demasiado heavys. Pullitas; filtraciones; que si fulano no vale; que si revolución total de la plantilla; que César dice A y Meriton B; que si tal y cual… teniendo en cuenta que lejos de una pretemporada estás a las puertas de reanudar la competición parecen informaciones bastante dañinas y que seguramente no hayan caído nada bien en un vestuario de heridas por cicatrizar.

Lo extraño es que estuviera todo tan tranquilo ante dicho despropósito.

Tampoco puede sorprender, es Meriton. Basta con tener un poco de memoria para recordar como funcionan las cosas cada vez que están al mando. En su visión trumpiana de la vida necesitan generar conflicto y buscar un enemigo para reafirmarse. No saben actuar de otro modo. La crispación como método de ocultación.

Incluso en aquellas facetas en las que tienen razón, o razones de sobra para justificar su postura, las gestionan tan rematadamente mal, lo emponzoñan todo tanto, que acaban enquistándose de tal manera que se les vuelven en contra.

No vamos a descubrir el merder que aflora en toda renovación. Pero el tema no es si ofreces X y te piden Y. Eso es el árbol tapando el bosque. El problema es cuando mientes. Si envías a un emisario (un director deportivo, por ejemplo) a una negociación se da por entendido que se sienta en la mesa con unas directrices marcadas por la directiva. Si tu embajador cierra un acuerdo con el futbolista después no puedes aparecer por sorpresa y cambiar las condiciones porque no te gustan. Desactivas a tu empleado como interlocutor válido, generas desconfianza en la plantilla y quedas como alguien que no tiene palabra.

Aunque normalmente los clubes que se visten por los pies renuevan automáticamente a sus jugadores cuando sufren lesiones graves como muestra de respaldo, es lícito que ante la situación imprevista el VCF pueda cambiar su parecer respecto a Garay. Hay razones de sobra (edad, ficha, historial médico…), seguramente la inmensa mayoría de la opinión publica las respaldará, para dar por finalizada la relación con el argentino. La cosa cambia cuando llamas al futbolista en un momento tan delicado y le aseguras que le vas a renovar y luego lo apartas del equipo, no le llamas en meses y no sólo dejas en el limbo su contrato sino que en lugar de dar la cara y exponer tus razones te pasas semanas filtrando miserias sobre él para justificar tu enésima reculada.

Una situación evitable con sentarse y ser franco ante el interesado, que es precisamente todo lo que no es esta gente, en lugar de tanto rollo.

La misma jugada que con el ERTE. Convences a la plantilla para que se rebaje la ficha con la condición de que si aceptan no aplicarás la regulación temporal de empleo a los trabajadores del club, y una vez conseguida la rebaja bajo chantaje emocional, lo aplicas generando situaciones como que mucho del personal que trabaja a diario en Paterna con el futbolista ahora no está disponible para tratarlos en la mini pretemporada.

Eso es Meriton. El engaño por bandera. El conmigo o contra mi como norma. El ventilador para tapar su ineptitud. La vida eterna en una trinchera. No va a sorprendernos a estas alturas teniendo casi seis años de experiencias calcadas, repetidas al milímetro, siguiendo el mismo guión y las mismas pautas. Por eso no tienen ningún tipo de credibilidad. Por cosas así no se los cree nadie ni cuando tienen razón. Por eso todo aquel que trabajó con ellos los acusa de lo mismo. Y por esto, todo.

Es su gran problema, pero no el peor. Ya que no trata sólo de una colección de incompetentes con sueldos de crack, es una colección de incompetentes con sueldos de crack que además se entrenan.

Oh, sorpresa

Gracias por todo

Recordar Sevilla 2019 siempre será un campo de batalla, básicamente porque simboliza lo deseado. Trascendió a una Copa. La inmensa paz y felicidad de aquella noche tiene mucho que ver en que por fin había un club. De hecho, ganar no fue la primera cosa en años que se consiguió el 25 de mayo, resultaba, además, la primera ocasión en una década donde no daba miedo mirar al futuro. Creímos tener un porvenir. Arrancarle eso a la gente en plena nube y de manera traumática no sale gratis.

Es lo que algunos no entienden. La vuelta a atrás es el tema. Y es la segunda vez que sucede bajo el mismo argumentario. Otro asunto que se ignora convenientemente. El trasfondo es lo que cabrea, desespera, entristece, abochorna y desanima. Tenerlo todo a huevo y desperdiciarlo de esa manera, con esa prepotencia, con esos aires insultantes, con esa desfachatez… Fomentando la división y el odio para tapar sus propias miserias para desviar la atención. Aquí es donde reside lo grave.

Caímos en la trampa al tirarnos los trastos a la cabeza sin tiempo para darles las gracias a los protagonistas y ponderar su obra como es debido.

En mi caso tengo mucho que agradecerles. Siendo extenso explicarlo lo reduciré a que cuando llegaron yo tenía las maletas hechas. La ruptura emocional con el VCF era total, lo sentía ya como algo lejano y ajeno a mi. Me había rendido, cansado de luchar contra molinos de viento, con gente que nunca mostró el más mínimo interés en mejorar. Personalmente, es el mayor triunfo que les otorgo a Mateu y Marcelino. Resulta sencillo atribuirles la labor de resucitar un club muerto, tan perdido como abocado a la segunda división, reconstruido y campeón con cuatro cañas y sin presupuesto para alegrías, teniendo que hacer malabares financieros para cuadrar cuentas. Pero volver a tejer un vínculo emocional aniquilado es lo más difícil que hay. Y ellos lo consiguieron. Llegaron, vieron, preguntaron, escucharon, entendieron, se identificaron… pariendo un VCF reconocible, con personalidad propia renunciando, al fin, a ser la marca blanca de otro. Dotado de una filosofía adecuada al histórico. Esto ya no era un escaparate en rebajas, era un proyecto (en mayúsculas). Es por ello que no trata de una simple Copa, es todo lo que hizo posible esa Copa, y lo que representa en el contexto post 2008.

En veinticuatro meses consiguieron lo que en catorce años no supo hacer nadie. No se podrá agradecer nunca la diversión y el año que nos regalaron en 2019. Un año perfecto, donde se explica un siglo de vida, porque lo tuvo todo. Nunca, desde los 2000, había disfrutado tanto con el fútbol como la pasada temporada. Fue como volver a ser un niño en la grada. Un regalo a conservar para siempre. Lo que transforma 2019 en lo que es, un argumento recurrente para exigir aquello que nos quitaron a la fuerza, para negarse a tragar. Ya que la lección que deja al mundo, y a la gente, es que el VCF es capaz de volver sin necesidad de artificios o grandes sumas en jugadores. Basta con aplicar el sentido común y tener a la gente adecuada al frente. Ya no puedes engañarles con que tal asunto es cosa de lunáticos.

No es cuestión de perfección, infalibilidad, ni mear colonia. Nadie quiere, ni pretende, la perfección, la infalibilidad, ni a profesionales del orín. Se trata de saber qué se tiene entre manos, dónde quieres llegar, qué eres, y acertar dos veces más de las que te equivocas.

Por eso ese mantra naif de la entidad está por encima de los nombres es una falacia. En el VCF el éxito siempre fue una cuestión de autor. Cuando se marchó el padre del triunfo se volvió irremediablemente a la mediocridad, a navegar durante años sin rumbo, hasta toparte de casualidad con otra persona que te devolviera a la senda. En Mestalla los nombres sí importan, y mucho, porque nunca se tuvo una hoja de ruta grabada en piedra. Porque esto no es el R.Madrid, ni la Juventus, donde una escoba te gana una Champions. A ti la escoba te lleva al desastre.

Gracias por todo