Don Kevin

Este tampoco nos vale. Es alarmante la fobia a la gratitud que existe en estos lares. Que el agradecimiento sea tan escaso no es algo que hable bien de nosotros. Retrata a una sociedad carcomida por rencores e historias muy chungas.

Esta semana bastó insinuar que la etapa de Gameiro llegaba a su fin, una cuestión que puede entrar dentro de la normalidad, para que al francés le cayera lo suyo.

Será fruto de esa nueva moda que reza que hay que sospechar del futbolista por norma. Como que si no dices alguna burrada, ingeniosa o no, eres el rarito. Un mal partido nunca tiene que ver con el sobreesfuerzo acumulado ante la inexistencia de entramado táctico. O de la exigencia del calendario en un grupo atacado por las lesiones. Siempre responde a que se borran. Pues no os queda, a ver si creéis que ir como locos detrás del balón para tapar dicha ausencia iba a salir gratis. Ese ritmo es imposible de mantener en el tiempo, en su ausencia resplandece la realidad con toda su crudeza.

Pero ni ese sacrificio tendrá respuesta. Como no la tiene el del francés. A este hombre, que todavía conserva intactas todas sus virtudes, se le debe parte de la gloria alcanzada. No cuesta nada echar la vista atrás para encontrar el vínculo entre el punto de inflexión del pasado enero y su puesta en forma tras llegar oxidado debido al maltrato cholista. Mientras Batshuayi hundió toda esperanza ofensiva del grupo con su vagancia, desconexión y mala praxis, Gameiro la revitalizó transcurriendo por caminos opuestos.

Como una flecha, entrando de manera sigilosa, fue cavando tumbas enemigas. Sin esas diagonales, sin esos goles, rompiendo filas como un mariscal, sin su maestría para la asistencia… ni la Copa, ni esta Champions, hubieran sido posibles. Tal vez su pecado sea ser Sosoman. Un tipo discreto, sin excentricidades conocidas. Pero ahí están sus contribuciones a un año mágico. Quiso, se puso a currar, y lo sacó adelante sin presumir ni un segundo de ello.

O tal vez sólo sea fruto de mi predilección por los arquitectos silenciosos, esos tipos a los que nadie presta atención pero que sin su trabajo pocas cosas saldrían adelante.

Tampoco se trata de sobrepasarse en las formas. No hacen falta homenajes, estatuas, ni despedidas bochornosas. Es todo mucho más sencillo: Respeto, agradecimiento. Me conformaría con no tener que leer, ni escuchar, varios centenares de insultos y faltadas cada vez que alguien honrado y que nos ha dado cosas firma su final de etapa (por la cuestión que sea). Porque, entre otros asuntos, esos granitos de arena de estos tipos conforman todo lo que es y representa el VCF. En el fondo, esa grosería, no deja de ser también un insulto a un ente cosido a lo largo del tiempo por la contribución de centenares de personas honestas.

Todo esto vale también, ahora que rematando la columna se añade Rodrigo a la rampa de salida, para el brasileño. Otro que es sacar a relucir su nombre y empezar a caerle de todo.

La desagradable despedida que tuvieron los del doblete es una buena muestra, reciente, de lo mal que enterramos en Mestalla. Dejar de ser una banda de mentecatos no cuesta nada. Alguna vez deberíamos intentarlo.

Don Kevin

Dicho está

Pues ya lo ha dicho. “sabemos todos que al final la propiedad decide sobre las inversiones y las ventas, es su dinero”. Ha tenido que dar mil vueltas, negar evidencias, y hacer el memo. Pero finalmente, la semana pasada, desde Yeda, Anil confirmó la regresión en entrevista con Marca.

No es nada que no supiéramos el resto del mundo, la novedad es que lo diga quien nunca quiso admitirlo. No hay tardanza alguna. Simplemente estamos ante la consolidación de la única estructura tolerada por Lim desde su llegada. Entrenador novel, agradecido por una oportunidad que jamás soñó tener, apañándoselas como pueda, o sepa. Un trasunto de director deportivo sin poderes, cumpliendo funciones administrativas, y el hombre en el castillo de Singapur jugando al PC Fútbol.

Un primer paso. Aunque sigue con circunloquios, como insistir en el abrazo del talento joven (alta rentabilidad). Me pregunto yo con qué armas vas a salir a por él en un mundo donde clubes como la Juve o el Man.City se están gastando 30 y 35 millones en subdiecinueves. O la factoría Red Bull andando con su estructura planetaria a la que tampoco se le caen los anillos en pagar 20 kilos por chavales de 18 años. Sin olvidar rivales locales con entre quince y veinte técnicos a sueldo, más colaboradores, para la tarea.

Es el ‘yo controlo’ de los adictos a la mentira.

Ciertamente, el fútbol se está bundesligizando. Pronto será extraño ver jugadores de 30 años en los top-élite. Pero, ¿piensas que la Roma está tocándose los pirindolos? ¿O el Atlético? ¿O el Tottenham? Incluso el Madrid ficha esta clase de perfiles. Casi todos llevan años preparándose para ese escenario pergeñando estructuras sólidas. ¿Qué haces tú? Quieres talento joven, pero te cargas toda la estructura existente que se encargaba de buscarlo. Lejos de implementarla, la reduces. Cercenas un plan que estaba orientado a crear una red de equipos satélites para foguear el talento que tu escuela no puede absorber. Conviertes Paterna en un quilombo. Intentas meter mierda con la operación Diakhaby para justificar deshacerte de él en un traspaso sin sentido, pero luego te gastas 14 en Correia o vas preguntando por un dieciocho años del Mónaco por el que piden 25 millones.

Quieres talento joven, pero los cuatro scoutings que quedan están en las mismas condiciones que estaban los Catoira, Salamanca o Vicente.

La única realidad en la era Meriton es que la verdadera dirección deportiva estuvo siempre en Manchester. En los cafés, cenas, y fiestas de los Neville y la Class of 92. Que son los que le comen la cabeza al dueño y cuya autoría intelectual está detrás de muchas de las barrabasadas padecidas estos años. Son la verdadera influencia sobre Lim y el VCF. Con la secretaría técnica en Portugal, siguiendo la política de externalización ejecutada por la propiedad desde 2014, dejando poquitas cosas ya en casa.

Pero en fin, a toda esta función no le queda mucho. Durará lo que tarden en tocar el equipo. En meter y sacar piezas sin ton ni son. Si se alarga mucho más en el tiempo, sabiendo las pretensiones del futbolista, o las novias que tiene, espero no tener que ver como empiezan a sacar trapos sucios de su renovación de juvenil para pintar a Ferran de traidor. Pasarse verano y otoño tocando la zambomba en lugar de marcar los tiempos para no verse en esta situación en enero, como se cansó de advertir Alemany desde su ostracismo, tiene ciertos riesgos.

Para qué seguir. Que no haya ni un sólo hombre de fútbol que les haya dicho que sí a estas condiciones de trabajo ya dice suficiente. Lo de que en junio, en junio, colega, decidirán si incorporan o no a alguien a la estructura deportiva ya lo dejamos para otro día. En junio, cuando el mundo esté presentando sus nuevas caras y vendiendo las que no quiere, aquí estaremos con asuntos propios del mes de septiembre… del año anterior.

Ojalá un día hubiera ciudad, y en lugar de aplaudir todo como focas se cuestionaran esta clase de discursos huecos. Y lo triste es que al final lo centramos todo en los fichajes. Pero se ha descuidado también la atención que se hacía al jugador fuera de Paterna… recuperadores… dinamitando incluso los servicios médicos. Etcétera, etcétera.

La lluentor de la herencia, de momento, lo va tapando todo.

Dicho está

Piratas en el desierto

Ya hay consecuencias. Las periodistas que se desplacen al Estado criminal de Arabia Saudita tendrán restringidos sus movimientos. Vaya, no se podía esperar de un país misógino donde la mujer es un mero objeto tan desposeída de derechos que no puede ni salir a la calle sin compañía.

Pero tranquilos, ahí, cuando ninguna Liga de Europa se ha prestado a ello, está la nuestra, y la italiana, como únicos pardillos dispuestos a entrar en el juego de blanqueamiento de un régimen que busca en el deporte y los grandes eventos lavar su imagen internacional.

Esto deberían apuntárselo aquellos que se soliviantan con eso de no mezclar fútbol y política. A ver qué dicen ahora cuando la propia Federación juega a ser perrito faldero de una dictadura sanguinaria desesperada por encontrar un altavoz de esta dimensión para su propaganda.

También deberían apuntárselo los socios de los participantes, para cuando sus clubes les vendan valores, compromisos, y demás zarandajas. Ahí están los cuatro, vendiéndose por cien monedas de plata. Que es lo que importa. Si no hubiera un duro no iría ninguno. Especialmente el VCF, comandado por brokers llegados de otra dictadura asiática. Cuyo papel en todo esto es hasta ridículo, poniéndole el trasero a Rubiales mientras sobreactúa con un enfado que no ha llevado más allá del postureo. Estos sólo defienden los derechos de su cartera. Que los del club queden pisoteados es secundario.

Han perpetrado una competición a la que le han restado toda legitimidad, valor, y oficialidad. Esta supercopa no es más que un torneo veraniego con tintes macabros.

Lo surrealista alcanza tales cotas que estamos asistiendo a un negociado entre una Liga y una Federación que están siendo perjudicadas por la piratería de Estado que ejerce Arabia. Pues llevan años, en su guerra fría con Qatar, pirateando la señal del fútbol en la región a través de la red de satélites estatales. Por un lado vemos a la LFP y a la RFEF comandar junto a FIFA y UEFA, y las demás competiciones europeas, acciones legales y protestas contra Riad por el desfalco y el perjuicio que están sufriendo por acceder a los contenidos sin pagar por ellos, difundiéndose por oriente sin coste alguno, y por otro, firmar con ese mismo gobierno acuerdos para llevar torneos por tres duros a sus tierras.

Osea, señores clubes, os están robando millones, y vais dando saltitos porque os dan una limosnita por ir a jugar una pachanga.

No se ha visto mayor acto de humillación en décadas. Una turba de lametraserillos y abrazafarolas montados en aviones de lujo del gobierno saudita bebiendo champán a costa de su dignidad.

Lo más grave de todo esto es que el tonto de tontos, el tonto de remate, el tonto útil, el súpertonto de toda esta historia, es el campeón de Copa. Ahí va poca ropa, a prestarse a gigantesco bochorno sin abrir la boca. Le han birlado todos los derechos adquiridos el 25 de mayo, lo han puesto a la cola de este invento, lo han llevado casi por compromiso, un invitado molesto y prescindible, y el menda se pone a aplaudir como tonto que es.

A ver dónde se mete el tontito como salga por los aires al primer partido ante un rival que no tiene ningún derecho a participar en esa competición antiguamente conocida como Supercopa.

Piratas en el desierto

El buen central

Con Garay sucede algo extraño, se le trata como si no existiera. Es una figura inadvertida, de una actuación silenciosa. Nunca se le señala, nunca se le menciona, nunca se le destaca, pero siempre está ahí. Moviéndose como un bailarín de ballet.

Tal vez sus formas refinadas le resten brillo en un mundo tan arcaico y primario. La elegancia de sus movimientos combinan con una corrección táctica al alcance de muy pocos. Son virtudes que no sólo le convierten en indiscutible (y con todos los entrenadores que tuvo), sino que además lo elevan a figura perentoria en este engranaje: El de corrector.

Función que equilibra y completa a su compañero. Porque su misión no sólo se reduce a parar al oponente, sino a tapar los defectos o errores de su pareja.

Por eso, ante su ausencia, todo es distinto. Pues lo peculiar del argentino no es que se note cuando está, es que se nota mucho cuando no campa sobre el terreno de juego. Trata de un potenciador, de trasiego en slow motion apañándoselas para llegar a todas partes antes que nadie sudando la mitad. Precisamente, por carecer de esa explosividad que demanda un fútbol todavía acomodándose a los liderazgos blandos se le niegan los focos.

Es como las acciones reflejo de nuestro cuerpo. Está siempre ahí, a pesar de nuestra ignorancia, para explicarlo todo. En los momentos álgidos, o en los peores, su fútbol aprueba con nota. Es difícil encontrar una mala actuación del argentino en las cuatro temporadas que lleva en Mestalla. No trata de una simple cuestión de elegancia, es sobre todas las cosas, una cuestión de rendimiento. Pocos centrales han dado sus prestaciones, han aportado lo que él aporta al grupo, o han mostrado una actitud profesional y humana tan marcada. No es sólo un futbolista, también es un líder. Una persona. Un ejemplo más para retratar a un vestuario que destaca por el compromiso adquirido y la contundencia de su mensaje comunitario.

Y tal vez en todo ello, o sólo en eso, resida la tristeza de su potencial salida. Se da tanto por hecho como se habla de ella con ligereza, sin tener en cuenta la dificultad de encontrar un perfil de futbolista que mantenga el nivel del hasta ahora mejor central de la plantilla, y complete a ese nivel a su par. Sin tipos como Garay criar a alocados muchachos como Mouctar Diakhaby resulta más complicado. Tanto como domar a defensas tan temperamentales como Gabriel. Sin Garay lo que pierde la zaga valencianista no es sólo corrección tácita, es, sobre todas las cosas, materia gris. Frialdad en plena ebullición. Visión periférica.

Contar con alguien que casa (tan eficientemente) con todo el mundo es un lujo al alcance de muy pocos bolsillos.

Igualmente ayuda a entender la grandeza de este equipo. Aunque la turba de chafacharcos jamás lo entienda, estos niveles sólo se consiguen sumando elementos como el argentino, a tipos como Wass, Gabriel, Coquelin y cía, lisiados y descartes, trabajadores incansables, y no personajes absurdos que sólo coleccionan skills en youtube y portadas facilonas.

Que son, me temo, la gran amenaza para este grupo y el breve paréntesis de estabilidad vivido. Un final llegado no con un gran aplauso, al estilo de la República Galáctica, sino con bonitas y mentirosas portadas incitando a los histéricos. Lo triste es que llegado el caso se abrazará con entusiasmo esa vía, como siempre se hizo. Luego vendrán los lloros. Las valoraciones póstumas y arrepentimientos. Cuando no hagan falta, ni aporten nada.

El buen central

Volver a ganar la Copa

Jajaja. Sí, no habría mejor manera de devolverle la afrenta al dueño que regresando a ella por tercera vez. Pero el asunto va más allá de eso, se trata de aprovechar el ciclo. No veo mejor época para romper, o vengar, la serie de tres finales consecutivas perdidas.

Aunque hay peligros por el camino. Además del morbo de ver qué sucederá con ella en cuanto se estrenen en la competición, está el asunto Anil. Que lo tenemos ahí, yendo de estadista con las renovaciones, ignorando por completo la bomba de relojería que han puesto en sus manos. No hay cosa que más destroce vestuarios, o acabe con equipos, que una equivocada política de mejora de contratos. Ya sucedió cuando Nuno, y fue, también, lo que acabó con el VCF del doblete.

Los vestuarios son ecosistemas muy sensibles, dejar estos manejos en manos de quienes ignoran todos sus códigos e intríngulis, es ponerse a jugar a la ruleta rusa.

Pero bueno, habrá que confiar en que no se cometan barbaridades, o que la buena salud del vestuario, bunkerizado ante los dirigentes, siga impermeable llegado el caso, autogestionándose una vez más para mantener el equilibrio.

Tercera, porque las dos anteriores Copas fueron voluntad de la caseta. Los dos últimos años se vio, y tomó, la competición como una vía rápida para ganar títulos, actuando en consecuencia. La primera vez se llegó hasta semifinales, la segunda se ganó. Es difícil que la tercera se repita, cuando sabemos todos que desde la pretemporada la conjura se hizo por la Champions, no había otro tema de conversación y objetivo que hacer lo que se ha hecho, y algo más. Es la diferencia decisiva con los anteriores años.

Pero como pocas veces se cuenta con equipos de este calibre, no vendría mal, que por una vez, se aprovechara bien y se dejara un legado que fuera más allá de una bonita noche de verano, o de tres partidos épicos en europa. Aumentar el palmarés es perentorio. Máxime cuando la caducidad de este grupo parece estar próxima. Ferran está pidiendo una millonada sabiendo las novias que tiene. Los representantes de Soler sólo aceptaron dos años (¿porque no ven proyecto?), con Garay no hay visos de que se le renueve, y ya vimos en verano lo sucedido con Rodrigo. Y este 2020 trae una Eurocopa.

Sería un precioso broche de oro repetir. Con la guinda de una gran Champions. Que ya lo es, y será, ocurra lo que ocurra con la Atalanta. Rompiendo de paso con ciertos maleficios. El primero la incapacidad congénita que tiene este club para defender títulos. El segundo, su nula voluntad para ser constante. Ya dice mucho de ello que en cincuenta años sólo haya acabado en el Top-4 tres veces consecutivas en una ocasión. Y tuvo que ser con Emery.

No se me ocurre mejor despedida, con mensaje incluido, que intentar otra vez una conquista, que siendo a eliminatorias a partido único hasta semis es más factible que nunca. Más bronco y copero que este grupo no hemos conocido otro en la presente década. Ya que hemos despertado al dragón, saquémosle tajada. Aprovechemos por una vez las circunstancias, el potencial de una plantilla campeona, la ambición que destilan y su irreductibilidad ante la adversidad. Porque exprimir estas cosas es lo que marca (o marcó, en pasado) la diferencia entre un VCF y un Real Madrid.

Para ello nos queda otro mantra estival, el que no dejaban de repetir a cada entrevista o rueda de prensa afirmando la ilusión por igualar lo de 2019.

En vuestras botas está. Porque Mestalla sigue queriendo la Copa.

Volver a ganar la Copa

El nostre equip tomba gegants

Últimamente miro más a la grada que al césped. Ocurrió el pasado domingo demasiadas veces. La belleza que atesora un Mestalla a rebosar no tiene parangón. Entre aquella estampa no podía dejar de pensar en el pedazo de estadio que sería para un campeón. Desconectaba del partido cada poco para fijarme en eso. Como hago ya casi cada día para mirar más a los que celebran el gol en colectivo que al que lo anota. Me pierdo en el atractivo de un recinto henchido de alegría y rebosando felicidad. En lo temible de su rugido cuando alcanza conciencia de su importancia en el devenir del encuentro y abandona el mutismo de la rutina.

La Copa, el transcurso hasta ella, lo cambió todo. La gente ya ha probado el veneno, ya sabe que no es utopía alegar por el regreso o pergeñar un proyecto serio y reconocible sin necesidad de millonadas, ni filigraneros. Sigue ahí, esa rabia en explosión ante el Lille, la detonación contenida ante el Chelsea o el Madrid, explicando esas ganas de querer más. De volver a ser. Del que sabe que es posible porque lo acaba de vivir tan recientemente que todavía está a flor de piel.

Era de esperar que aquel título supusiera un acicate. La experiencia sumada a un equipo concienciado, honrado, de piernas, era un plus ineludible. La moral… vamos a ver… ¿a quién vas a temer después de ganarle una final a Messi? ¿A unos rubitos holandeses pijos de colegio de pago? ¿A un golfista galés y sus amigos? ¿Al Bayern?… Ganarle una final a Messi aumenta la autoestima a la hora de afrontar la vida. Que es el gran tesoro de estos jugadores, creerse capaces de ganarle a cualquiera, incluso sobreponiéndose a sus propias contradicciones.

La irreverencia made in VCF tan anhelada ya es cotidiana.

Aunque su mérito va más allá, está en no dejar que les roben esto. Era el gran peligro, la rabia que dio lo sucedido en verano. Tenerlo todo para reeditar glorias y que la estupidez de un caprichoso arrancara la planta nada más brotar. Así de grandes son estos jugadores. Dándose, dándonos, lo que pudieron quitarnos. Porque si no quieren, ya puedes poner a Guardiola, que esto no sale bien ni a la de tres. Lo demás, cuentos.

Es el verdadero legado de los arquitectos de esta plantilla y su mentalidad. No sólo nos devolvieron un equipo con el que volvernos a identificar, creando un grupo que valoraremos en su justa medida cuando se acabe y regresemos a vestuarios cínicos, de rendimiento a elección, que se acobarde ante la más mínima adversidad, carente de todo compromiso, yendo cada cual por un lado en lugar de ir todos por el mismo… nos dejaron también las bases sobre las cuales reconstruir el edificio que se vino abajo en 2008.

Es la lección del 2019 que toca a su fin. El reencuentro con la senda extraviada. El regreso a los valores traicionados. La reimpresión del manual de instrucciones. Ha sido un año (no te acabes nunca) apoteósico de principio a fin. Tantas cosas nos devolvió que recuperamos hasta la alegría de ir al campo. De sentarse frente a la tele. Las ganas de disfrutar. De disfrutar de lo lindo, que es sufriendo sabiendo que habrá premio final. De poder sentirse, al fin, independientemente del resultado, orgulloso de los que visten la camiseta sin aquel suplicio de antaño, al que asistías más por tradición, obligación, o rutina, que por otra cosa. Pocos años más divertidos, apasionantes, locos, emocionantes, adictivos… que este 2019 que se nos escapa.

Nuestro mal es que tenemos que convivir con energumenos, toleramos a los que no saben dar las gracias. A los ingratos, desagradecidos, maleducados… Estaría bien que el grupito de zopencos que no saben vivir sin trincheras, que son incapaces de elogiar a alguien sin tirar poaladas de mierda sobre otro, los que no saben hacer la O con un canuto, ni explicar un fuera de juego, supieran valorar todo esto. Verlo. Sentir la inmensa importancia de lo que llevamos un año viviendo. Del calado de lo que aquí se construyó.

Algo que han salvado de su destrucción un grupo de chavales que no conocen la mesura en el césped. Y un entrenador lo suficientemente inteligente como para no imponer un estilo a contranatura, amoldándose a lo que hay y lo que sabe hacer este equipo desde hace dos años, introduciendo con precisión de cirujano tres retoques que aportan en lugar de restar. La responsabilidad de Celades es la misma que tuvo Cúper en su día. Implementar lo recogido para seguir creciendo.

Es la conciencia de todo eso lo que me lleva a mirar más a la grada que el césped. Haber vivido un Mestalla a media entrada, mudo, triste, gris, desanimado, derrotado, abonado a la creencia de que era imposible regresar, que era el fin… sufriendo equipos con Hélder Postiga, Dorlán Pabón, Fede Cartabria, Michel, Oriol Romeu, Nani, Aderlán Santos, Bakali, Felipe Augusto, Negredo, André Gomes… La misma conciencia que tal vez impulse ahora esas ganas de seguir liándola, de pegar otro petardazo que se destila por la pendiente de unas tribunas como las del domingo.

Es el contundente triunfo del centenario, y el peligro de los tentados a destruirlo todo. Porque la gente ya ha probado el sabor de la sangre. Ya sabe que no es imposible. Ha visto la luz al final del túnel y quiere ver qué hay más allá. Quitarles eso para volver a atrás desatará un tsunami que se llevará por delante a cualquiera. Proteger ese legado es obligación de todos nosotros. La única y verdadera defensa a los intereses del VCF.

Por eso, y por lo que espero seguir viviendo en 2020, sólo puedo y debo dar las gracias a sus autores. A los que están y los que estuvieron. El 2019 será inolvidable por los siglos de los siglos.

El nostre equip tomba gegants

Perdieron hasta el relato

Debería hablar de lo de anoche. Pero los puentes aéreos y no quedar liberado hasta bien entrada la madrugada no ayuda a ello. Además, ocurra lo que ocurra, estaremos celebrándolo. Porque no sólo ya está todo dicho, sino que tanto si clasificas como si eliminas este equipo ha firmado una soberana Champions, a la que no hay que ponerle ningún pero. Pasarás por méritos, o caerás por tus propios errores. Octavos o el inicio de la conquista de la Europa League. Todo positivo.

Algo así como lo del derbi, mientras hacen ver algunos que ignoran su existencia, a la vez, se pasan los días construyendo rivalidades. Para negarlo hay que ver los esfuerzos que realizan para que salga una buena salsa, o lo pendientes que están, y enterados, de todos los sucesos en la otra orilla del río. Demasiadas molestias se toman en tirar puyas para no importarles.

Pero mi fenómeno favorito es esa nueva costumbre en la acera gimnástica de intentar mantener intacto el relato purista que esgrimieron con tranquilidad durante años. Gracias, en parte, a nuestra dejadez y pasotismo. La actitud de la ciudad blanquinegra, acostumbrada a ejercer de one-club-city, descuidó, abandonó, demasiadas cosas que fueron usurpadas por terceros. Eso, en los nuevos tiempos, aunque sea a cuenta gotas y en pequeños círculos, está cambiando.

Así lo denota la reacción a la defensiva que a cada duelo ciudadano aparece en ciertos papeles o foros. La historia del oprimido, de la pureza ideológica, se va desgarrando por el peso de la propia verdad. Normal esas revueltas granotas. El relato, aunque tergiversado, es lo único que les quedó. Lo han alimentado a base de fábulas e idealizaciones extremas que les calentó en los duros inviernos. Pero la tímida reacción blanquinegra en materia historiográfica los está empezando a dejar con el culo al aire. Again.

Porque si hubo un club afín al poder, con todas las letras y sin ambages, fue el Gimnástico. Excitadísimo en mostrarse partidario de los regímenes (nunca con ninguno democrático) que ha conocido a lo largo de sus 110 años de existencia. Incluso ya perpetrada la fusión, una maniobra política diseñada desde el régimen del 39 para plantarle cara al VCF, se cosieron el logo de la Falange al escudo. Si no supo aprovechar esos vínculos en su favor, lanzando incluso en 1943 otra andanada de mucho dinero para tratar de fusionarse al Valencia, tras intentarlo con el Castellón, para generar un superclub, fue por cuestiones internas. A veces por la visión amateur del deporte que tuvieron, otras por ser como Juan Roig o Peter Lim, gente con dinero e influencias pero con una mentalidad sumamente mediocre y errática en las cuestiones del balón.

Lo mucho, o poco, que consiguió el Fé-Cé fue a riesgo de su propia subsistencia. Empujado por una ambición desmedida. Como la compra y construcción de Mestalla, que le hizo sortear la desaparición en más de una ocasión debido a las deudas que contrajo por meterse en una empresa para la cual no tenía dinero.

Eso que (mal) llamamos burguesía pasó olímpicamente del club. Antes de la Guerra y después de ella. Antes, odiaban el fútbol, despreciándolo, era cosa de pobres. Después, por educarse en Madrid, o por afinidades a Paquito, acabaron haciéndose del Real.

Aunque uno de ellos permanece subyugado siempre al primero, los amigos granotas parten con ventaja al ser dos clubes en uno. Así, pueden usar la parte de la historia que les convenga. Me parece justo, y loable, que la pequeña rama de tradición cabanyalera identifique al actual LUD con el viejo Levante F.C., a pesar de quedarles sólo medio nombre. Pero son eso, una minoría que juega con la nostalgia alimentando la ilusión de mantener vivo lo que les quitaron por la fuerza y a punta de pistola. Es la trama que usan incluso los de tradición culé que se fueron al Barça, o regresaron de él al éxito del siglo XXI. Convirtiéndolo, paradójicamente, otra vez, en el equipo dominante en las esferas del poder local. Pero lo que hoy existe sigue siendo una entidad en manos, como lo fue durante gran parte de sus ocho décadas de existencia, de familias gimnásticas. Por eso, ellas, jamás entran en estos juegos. Por eso, muchas cosas. Como ver a alguno de sus directivos en manifestaciones de la extrema derecha. Y a otros, enrolados en sus entramados empresariales.

Sólo hubo un club en esta ciudad con una clara voluntad opresora. Y vestía de azulgrana. Si los nietos del Cabanyal quieren buscar culpables a sus desgracias que empiecen mirando a su compañero de viaje.

No quita todo esto para reconocer que el LUD lleva años haciendo las cosas francamente bien. Y que no deja de ser una magnífica noticia que en dicha ciudad haya un equipo con más de 20 mil abonados, con todas sus comillas. Al punto de que le ha comido el terreno al VCF en muchas parcelas. Y más que puede restarle, al haber quedado los blanquinegros en manos de tipos que desprecian con toda su alma lo local. La ciudad puede ser suya si lo saben hacer.

En total, que hacemos derbi sin hacer derbi, y con pinta, de que gracias al dominio de los superclubes, las reformas en ciernes, la revolución de la tv, y los destarifos propios, en los años 20 del siglo XXI puede alcanzar los puntos álgidos vividos en las mismas alturas del pasado siglo .

Pues viva el derbi.

Perdieron hasta el relato